¿Somos usuarios de los avances tecnológicos o papanatas tecnológicos? – Capítulo 2

Un post de Miguel Angel Campo Seoane, en Hoteles y alojamientos

18 de Enero del 2016

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Como obtener valor de lo que se invierte en tecnología

Viene de: ¿Está reduciendo la tecnología la capacidad de desarrollo intelectual del ser humano?

Después de muchos años de predicar en el desierto, por medio de los muchos cursos de formación impartidos durante 35 años desde que inicie mi actividad docente en 1967, hasta mi jubilación en el año 2002, en el antiguo Programa de Promoción Profesional Obrera (PPO), en colaboración con la Asociación Española de Directores de Hotel, los CDT´s de Benidorm, Denia y Torrevieja, en los hoteles que he dirigido durante 33 años como Director de Hotel, y en las webs que he tenido publicadas en desaparecidas plataformas tecnológicas, y las que una vez jubilado he mantenido en la Comunidad Hosteltur, Invattur, Directores de Hotel, WordPress, y debates abiertos en LinkedIn.

El 04/05/2009 publicaba el post, Los pecados originales del turismo español y sus consecuencias, en el que trataba de razonar el origen del escaso provecho que se hacía por parte de muchas empresas hoteleras de los avances tecnológicos, de los que estábamos disfrutando durante las últimas décadas de desarrollo turístico en nuestro país, y en el que dos directores de hotel mostraron su parecer en sendos comentarios de los que voy a extractar parte de su contenido:

El primero de ellos comentaba el 04/05/2009:

“El otro día estuve en unas jornadas sobre el uso de las tecnologías en el sector hotelero y estaba centrado sobre todo en las nuevas formas de comercialización.

Hubo ponencias de los principales exponentes actuales tanto de las agencias de comercialización online como de los responsables de revenue de cadenas hoteleras de nuestro país y... se hablaba de precio, precio y precio. Entiendo que su cometido es vender lo máximo posible y al mejor precio...pero...¿dónde queda el servicio hotelero, que es el producto principal de la transacción?.”

…….

“Creo que hay que dejar de centrarse en precio (ya se que en estos momentos de crisis hay una batalla para conseguir llevarse los pocos turistas disponibles) y hablar de calidad del servicio, hablar de hostelería...si no corremos el peligro de que la industria de este país acabe siendo un alojamiento masivo de turismo low cost donde lo que menos importa es el alojamiento en sí.

Y que suceda esto, en un país con los atractivos que tiene España, y con unas empresas hoteleras como las españolas, sinceramente, no hay derecho.”

En el comentario del segundo, publicado el mismo día, éste decía:

“En línea con lo expone Campo Seoane, el Sector no puede sorprenderse. Es lo que hay por la DESPROPORCION ENTRE LA OFERTA Y LA DEMANDA. El mal está hecho a lo largo de los años y la solución REAL A CORTO Y MEDIO PLAZO es complicada porque la cuenta de resultados ESTA PERMANENTEMENTE AMENAZANDO. Se impone, entonces, la libertad de mercado. CADA EMPRESA ACTUA SEGUN SUS CONVENIENCIAS O NECESIDADES.

Indiscutiblemente LA CALIDAD QUEDA AFECTADA y como resultado el Sector no da la talla en este sentido. ¿Cómo puede solucionarse?

CON PACTOS DE LARGO ALCANCE (debatidos y aceptados por todas las partes interesadas, incluida la Administración)

Es decir: casi imposible AUNQUE SEA UNA NECESIDAD IMPERIOSA.”

Tengo publicados una gran cantidad de post tratando este tema, y he demostrado en todos los establecimientos que he dirigido o asesorado durante más de tres meses, la importancia de la tecnología en el desarrollo de su actividad, siempre y cuando la aproximación a la misma se hiciese de forma crítica, sabiendo a donde se quería llegar, y cuál podría ser el mejor camino para alcanzar los objetivos que se pretendía lograr. Y en este momento, podría ser útil explicar, porque he dicho en la primera parte de este párrafo “… en todos los establecimiento que he dirigido o asesorado durante más de tres meses …”, y la razón ha sido que normalmente en más de una empresa he presentado mi dimisión en tan corto espacio de tiempo, ante el papanatismo con el que sus responsables se enfrentaban a problemas derivados de implantaciones tecnológicas, o como consecuencia de pretender mantener una estrategia comercial enfocada a la máxima ocupación, porque como he dicho en más de un caso, cuando en una fase de selección me planteaban un periodo de prueba, en los primeros años de actividad pedía un contrato de tres años, y al acercarme a los cincuenta empecé a reclamar un contrato indefinido, basándolo en dos razones, la primera que yo me comprometía con la obtención de unos resultados derivados de mi análisis del establecimiento, en el que les ofrecía mayor rentabilidad de la que ellos esperaban, poniendo mi cargo a su disposición, caso de no lograr el objetivo comprometido, y la segunda, diciéndoles que si me contrataban los que estaban a prueba eran ellos, si en cualquier momento pretendían interferir en mis funciones, mientras los resultados fuesen iguales o mejores que los previamente comprometidos, ya que para arruinarse no necesitaban mis servicios.

En mi acercamiento a la tecnología, a la vista de la gran velocidad con la que avanza el desarrollo tecnológico, siempre he basado las inversiones en tecnología, tanto “hard” como “soft”, en el cálculo del retorno que pudiera esperar de la misma, pasando de tratar de garantizar un ROI de no más de cinco años, en los años setenta a ochenta, a calcular de no más de tres años en los noventa, y que en mis actuales análisis, calculo que en la mayoría de casos no debiera superar los 18 meses, para poder tener un mínimo de garantías de realizar una inversión rentable.

Podría señalar muchos ejemplos de mi estrategia en lo referente a inversiones tecnológicas, y voy a transmitir uno muy significativo, en la segunda mitad de los años ochenta dirigía un hotel de 500 habitaciones, que todavía disponía de una antigua centralita de las de clavijas, con 550 extensiones, que muchos de quienes lean este post, no habrán visto nunca, salvo en alguna película de mediados del pasado siglo. Dicha centralita necesitaba a cargo de la misma no menos de tres telefonistas para cubrir el servicio de 24 horas del hotel, más las necesarias para la cobertura de libranzas y vacaciones, por lo que se pretendió por parte de la empresa sustituirla por una centralita moderna, con un coste en aquellos momentos de 22,5 millones de pesetas, no considerando posible rentabilizar el volumen de aquella inversión, propuse a la empresa trasladar la centralita del cuarto en el que la misma se encontraba aislada de la recepción, a la propia recepción haciendo innecesaria la existencia de telefonistas de noche, dado que el servicio del teléfono, podría ser atendido por el recepcionista de noche, y permitiendo una mayor productividad de las telefonistas de día, que podrían desarrollar funciones administrativas de la recepción durante las horas de escasa demanda de servicio durante el día, presentando un presupuesto de 2,5 millones para el traslado de la centralita, con el cableado desde su ubicación previa a la nueva, incluyendo la compra de cinco teléfonos inalámbricos para tener controlado el personal de mantenimiento desde la propia centralita, con lo que se pudo duplicar la productividad de aquel departamento, con un ahorro inmediato de 20 millones.

Aceptada mi propuesta por la empresa, se hizo el traslado con un éxito total, dándose la circunstancia de que en poco más dos años, pudo sustituirse la vieja centralita por una más moderna y de mayores prestaciones con un coste de menos de cuatro millones de pesetas, y un ahorro efectivo de más de 16 millones, derivados de haber retrasado dos años la inversión que se había previsto inicialmente.

Como señalo en párrafo anterior, en la actualidad las empresas deben cuidar mucho más de lo que lo hacen, sus inversiones en tecnología en la idea de que la mayor parte de las que realicen, si son de última generación, quedarán obsoletas en no más de 18 meses, y se encontrarán con los problemas derivados de la necesidad de actualizaciones que puedan ser necesarias para corregir posibles problemas o defectos de programación, o problemas de obsolescencia mucho más rápida en el caso de adquirir productos que puedan estar a punto de ser descatalogados por parte de sus creadores.

Pasa a: Cuando la tecnología en lugar de ser una inversión se convierte en un gasto

Autor: Miguel Angel Campo Seoane

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