Especial MICE 2026 de HOSTELTUR

Eventos slow, legado y huella humana: el nuevo paradigma del MICE sostenible

Claves del MICE sostenible: bienestar, equidad y contribución social

Eventos slow, legado y huella humana: el nuevo paradigma del MICE sostenible

La sostenibilidad en el sector MICE (Meetings, Incentives, Conferences & Exhibitions) ha evolucionado de forma significativa. Lo que comenzó como una preocupación por el impacto ambiental de los eventos —con acciones en materia de gestión de residuos, reducción de emisiones o uso responsable de recursos— se ha transformado en un enfoque más integral que incorpora también las dimensiones social y económica. La nueva mirada exige considerar el bienestar de las personas, la equidad y la contribución a la comunidad local como pilares esenciales en el diseño y producción de cada encuentro.

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Los organizadores afrontan nuevas exigencias por el endurecimiento del marco normativo. La entrada en vigor de la Directiva CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) obliga a las empresas a informar con rigor sobre su desempeño en materia ambiental, social y de gobernanza. Esta exigencia está impulsando a organizaciones de todos los sectores a integrar la sostenibilidad en sus estructuras de gestión y en sus procesos de auditoría. Como señalaba recientemente Fede Fuster, presidente de HOSBEC, en declaraciones a HOSTELTUR, la sostenibilidad “no es una tendencia, sino una condición imprescindible para poder competir con otros mercados”. Por ello, “quien no la incorpore a su estrategia empresarial corre el riesgo de quedar fuera del mercado”.

Una realidad que, sin duda, también alcanza de lleno al sector MICE, porque el “evento verde” deja de ser una mera declaración de intenciones para transformarse en un conjunto de acciones medibles. Desde el diseño inicial hasta la elección del espacio, la movilidad y las experiencias, cada decisión debe estar guiada por criterios de responsabilidad y sostenibilidad.

El auge del slow MICE: menos prisa, más propósito

La crisis sanitaria de 2020 y la transformación de los hábitos laborales aceleraron una tendencia que ha cambiado la forma de entender el tiempo y el trabajo: el movimiento slow. En el entorno corporativo, esta filosofía ha desembocado en el slow MICE, un modelo que prioriza la calidad de las experiencias sobre la cantidad de actividades, fomenta la conexión interpersonal y busca generar legados tangibles en los territorios y comunidades anfitrionas.

El concepto de slow MICE responde a una necesidad creciente de empresas y profesionales de redefinir el ritmo y el sentido de los eventos corporativos, dando espacio al diálogo, al descanso y al descubrimiento del entorno. Se trata de un enfoque que trasciende la sostenibilidad medioambiental para poner el foco en las personas, en la experiencia compartida y en el impacto social que deja cada encuentro.

Para Toni Zapater, CEO de Slow Life Hotels e impulsor, junto a su equipo, de los “eventos slow”, la clave está en priorizar la calma y ser coherentes con la propuesta de valor de la cadena: “no es una moda ni un reclamo comercial. Creemos en ir más despacio después de haber vivido experiencias muy veloces, donde solo importaba el resultado y no el proceso”.

Sus hoteles en Cataluña —Can Boix de Peramola y Montrubí 1771— acogen lo que denominan “reuniones slow”: encuentros corporativos en los que la calma, la alimentación saludable y el contacto con la naturaleza son parte estructural de la agenda.

Buscamos priorizar la conexión interpersonal y la calidad del tiempo”, explica Zapater a HOSTELTUR. “Para nosotros, el objetivo de los eventos slow es más conexión y menos prisas, más calidad y menos cantidad, más creatividad y libertad, y menos corsés y limitaciones”

Eventos slow, legado y huella humana: el nuevo paradigma del MICE sostenible
Los viñedos que rodean el hotel Montrubí 1771 permiten actividades como paseos a caballo y experiencias en torno al proceso del vino. Fuente: Slow Life Hotels.

Este enfoque no se limita a un estilo de vida o a una estética de marca: implica una transformación metodológica en la planificación y producción de eventos. Los programas tienen un ritmo más consciente y menos intensivo; incluyen pausas reales de desconexión en paisajes naturales —no meros descansos logísticos—, fomentan experiencias inmersivas, alimentación local y saludable, y aprovechan los espacios para la reflexión y la inspiración.

“Proponemos experiencias sensoriales y romper con las dinámicas de estar encerrados. Montamos salas de reuniones al aire libre, para que puedan estar descalzos, con los pies tocando el césped y más conectados con la naturaleza. Parece de película, pero genera mayor concentración. Incluso hay empresas que fomentan la cohesión de equipos pasando noches a la intemperie, en sacos de dormir o tiendas de campaña, en los terrenos del hotel o en la montaña”, comenta Zapater. “La conexión con la naturaleza y el bienestar no solo inspiran, sino que mejoran la productividad y la satisfacción posterior”, asegura.

Wellness corporativo

En la provincia de Alicante, el Vivood Landscape Hotel es otro ejemplo de slow MICE aplicado al segmento premium. Ubicado en el valle de Guadalest, combina arquitectura integrada, autosuficiencia energética y mobiliario reciclado, ofreciendo salas versátiles y jardines panorámicos para reuniones y retiros corporativos. Su propuesta refuerza la idea de que la naturaleza influye directamente en el impacto emocional y actúa como facilitador del diálogo y la creatividad.

“Alejarse del entorno urbano, reducir los estímulos digitales y rodearse de naturaleza mejora la concentración, potencia la creatividad y disminuye los niveles de estrés. En Vivood, a esto lo llamamos trabajo consciente o slow MICE”, destacan

El establecimiento promueve encuentros corporativos transformadores, exclusivos y conscientes. Entendiendo que “el bienestar físico y mental es un motor invisible del rendimiento”, también pone el foco en el wellness corporativo y propone experiencias como meditación creativa, gestión del estrés o taichí, además de actividades con impacto medioambiental.

Eventos slow, legado y huella humana: el nuevo paradigma del MICE sostenible
La propuesta de Vivood Landscape Hotel es reducir los estímulos digitales y rodearse de naturaleza. Fuente: Vivood Landscape Hotel.

De ambiental a social

En el ámbito de los eventos, congresos y reuniones, ya se han dado pasos significativos para minimizar el impacto medioambiental y, de forma gradual, la atención comienza a centrarse en otro aspecto esencial: el impacto en las personas y la transformación social. En este nuevo escenario, la capacidad de los encuentros para generar valor humano, inclusión y bienestar colectivo adquiere un papel central.

El Foro MICE y la Fundación Envera firmaron en octubre de 2025 un convenio pionero para promover esta dimensión social en la industria. La alianza busca impulsar la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual en la organización de congresos y eventos, además de fomentar buenas prácticas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.

En palabras de Luis Gandiaga, presidente del Foro MICE, esta colaboración “nos permite avanzar hacia un modelo de eventos más humano, inclusivo y responsable, alineado con los valores de sostenibilidad que demanda la sociedad actual”. Como insiste Enrique Grande, director general de Envera, se trata de impulsar eventos con impacto social, que sean memorables y respondan a una demanda creciente de clientes que “necesitan ofrecer experiencias únicas, inspiradoras y que sean una declaración de principios, no una fecha más en el calendario”.

Este cambio implica que la sostenibilidad no solo se mida en huella de carbono, sino también en huella humana: oportunidades laborales, accesibilidad, impacto cultural y legado comunitario

La dimensión humana del legado MICE

Más allá del impacto inmediato de una reunión o congreso, el concepto de legado ha adquirido protagonismo como indicador de sostenibilidad real. Los eventos ya no se evalúan solo por el número de asistentes o la repercusión mediática, sino por su contribución a largo plazo al territorio, las personas y el conocimiento.

El legado incluye componentes tangibles —como infraestructuras, empleo local y desarrollo económico— e intangibles, relacionados con la capacitación, la conciencia ambiental y el orgullo de comunidad. El enfoque slow potencia esta visión, al permitir una planificación más reflexiva y participativa, donde el diseño del evento se alinea con los valores del destino y los objetivos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de las empresas.

Durante la segunda edición de MICE HUB by Newlink, el empresario Iñaki Collado, presidente de IdeMICE+, resumió este giro con claridad: “Hemos pasado del viaje premium al viaje con propósito. Ya no se trata de ir lejos o gastar más, sino de crear experiencias alineadas con los valores de la empresa y con lo que realmente mueve a las personas”

Según Collado, los viajes de incentivo y las convenciones comienzan a concebirse como herramientas estratégicas de comunicación interna y motivación, más que como simples recompensas. “Las nuevas generaciones quieren saber por qué están allí, qué van a aprender y qué van a sentir. Buscan vivir algo que tenga sentido y que refleje los valores de la marca”, señaló.

Voluntariado corporativo

Cada vez más empresas aprovechan reuniones, congresos o family days para incluir actividades de impacto social, desde limpiezas de espacios naturales hasta talleres colaborativos con colectivos vulnerables. El voluntariado corporativo es una de las formas más efectivas de conectar el propósito de una compañía con la sociedad.

Tal como destacan desde Gaia Más Eventos, esta práctica convierte la responsabilidad social en una experiencia compartida y transformadora. “Integrar la solidaridad en la estrategia de eventos no solo mejora el ambiente laboral, sino que convierte cada acción en una declaración de intenciones: la empresa no solo dice que se preocupa por el mundo, sino que actúa para mejorarlo”, resaltan.

El voluntariado corporativo aporta beneficios múltiples: mejora la motivación interna, refuerza la identidad corporativa y proyecta una imagen de compromiso auténtico. Pero no solo eso: también contribuye a crear vínculos entre el tejido empresarial y las comunidades locales, un aspecto cada vez más valorado por los organizadores de eventos y sus clientes.

De la palabra a los hechos: Asturias, ecoturismo y RSC

En el ámbito de los destinos, Asturias se está posicionando como referente nacional del turismo corporativo sostenible gracias a su programa “Asturias en clave de sostenibilidad”. Impulsado por el Gobierno del Principado, en colaboración con entidades ambientales, este proyecto integra actividades de ecoturismo y voluntariado en el marco de reuniones, congresos e incentivos.

Las experiencias de concienciación se desarrollan junto a la Fundación Oso Pardo, la Fundación Quebrantahuesos y la Fundación Oso de Asturias, permitiendo a las empresas participar en la conservación de especies emblemáticas mientras fortalecen la conexión de sus equipos.

Eventos slow, legado y huella humana: el nuevo paradigma del MICE sostenible
Asturias promueve la inmersión en la naturaleza con un Catálogo de Experiencias de Ecoturismo para MICE. Fuente: Turismo Asturias.

Entre las actividades destacan el seguimiento del oso pardo en Somiedo, el avistamiento del quebrantahuesos en los Picos de Europa y las jornadas de voluntariado ambiental en parques naturales. Estas acciones generan financiación directa para la preservación de los ecosistemas y ofrecen un formato de team building con propósito.

Nuevas generaciones y transformación

La evolución del turismo MICE está también impulsada por un nuevo perfil de viajero corporativo, con necesidades y hábitos diferentes. Las generaciones más jóvenes —millennials y Generación Z— buscan experiencias participativas, auténticas y con propósito. Ya no desean simplemente asistir a un evento: quieren vivirlo y formar parte activa de su creación.

La psicóloga y empresaria María Gilabert, CEO de BeValue, señala que “la atención de las nuevas generaciones dura entre ocho y doce segundos”, y añade que el engagement no depende únicamente del contenido, sino del modo en que se presenta. Por ello, recalca la importancia de activar los sentidos, provocar emoción genuina y dotar de propósito a la experiencia, factores que considera esenciales para mantener la atención y generar recuerdo.

Por su parte, Raimon Torrents, socio fundador del Event Management Institute, recuerda que “hace 20 años, un evento era algo extraordinario. Hoy competimos con miles de estímulos. La atención ya no está garantizada, hay que merecerla”. Y subraya, además, que “no basta con que los asistentes se lo pasen bien. Si salen igual que entraron, el evento ha fracasado”

En esa misma línea, Gilabert resume la clave del cambio: “Las nuevas generaciones no quieren ser espectadores, sino protagonistas”. Por consiguiente, defiende la necesidad de diseñar experiencias transformadoras, donde cada participante contribuya, se identifique con el propósito y salga con una huella significativa. Que se sientan parte de algo más grande, con un propósito compartido que trascienda el propio evento.

Pero la sostenibilidad social va más allá de cómo se organizan los encuentros y de su impacto final en los destinos sede. Si las empresas quieren avanzar hacia modelos más conscientes y socialmente responsables, deben entender que el camino comienza dentro de las propias organizaciones, con equidad laboral, formación continua y reconocimiento profesional.

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