Pablo Zalba, socio de Regulación y Política Pública, en Travel Innovation Summit de Traveltech.vc

Deloitte plantea: ¿España aprovecha el poder blando de su liderazgo en turismo?

Aún hay potencial para que España refuerce su influencia internacional a través del turismo

Deloitte plantea: ¿España aprovecha el poder blando de su liderazgo en turismo?

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El turismo no sólo responde a los vaivenes geopolíticos, sino que también actúa como un instrumento de influencia y estabilidad a largo plazo. En un contexto internacional marcado por la fragmentación y la rivalidad entre bloques, España y Europa tienen en el turismo un activo de poder blando todavía infrautilizado, según el análisis de Pablo Zalba, socio de Regulación y Política Pública de Deloitte.

El turismo como actor geopolítico y económico

Lejos de ser un sector pasivo, el turismo se ha convertido en un actor directamente afectado por la geopolítica y, al mismo tiempo, corresponsable de la posición internacional de Europa y de España, como ha expuesto Pablo Zalba en el IX Travel Innovation Summit, organizado por Traveltec.vc y Deloitte. La actividad turística proyecta apertura, confianza y seguridad, y mantiene vínculos económicos y sociales incluso cuando el contexto político se deteriora.

En un entorno global cada vez más polarizado, el turismo contribuye a preservar espacios de cooperación y contacto entre sociedades. Esta capacidad de generar relaciones estables a largo plazo lo sitúa como un vector estratégico que va más allá de su impacto económico inmediato y lo convierte en una herramienta con implicaciones estructurales para la competitividad y la influencia europea.

Zalba ha subrayado que Europa se encuentra ante una encrucijada, pero también ante una oportunidad. Más integración, un mercado único más profundo, apertura comercial y ambición estratégica aparecen como elementos clave para anticipar riesgos y adaptar los modelos productivos. En ese marco el turismo puede actuar como una palanca decisiva para una Europa más cohesionada y con mayor capacidad de proyección internacional de aquí a 2030.

Inestabilidad global y transmisión de riesgos al turismo

El contexto actual, marcado por tensiones geopolíticas, sanciones, interrupciones en las cadenas de suministro y una creciente fragmentación regulatoria, convierte la interdependencia económica en un canal directo de transmisión de la inestabilidad hacia la economía real. Estas dinámicas afectan a las decisiones de inversión, a la logística y al funcionamiento cotidiano de los mercados.

El turismo refleja con rapidez estos efectos. Al ser una actividad intensiva en movilidad, conectividad y flujos transfronterizos, cualquier alteración del entorno internacional impacta de forma inmediata en la planificación empresarial y en las decisiones individuales de viaje. Según Zalba, la diversificación de mercados deja de ser una opción estratégica para convertirse en una condición necesaria para sostener la actividad en entornos volátiles.

Geopolítica y turismo: la oportunidad estratégica que Europa no debe perder
La cuestión que plantea Zalba es si “el turismo será capaz de anticiparse al futuro incierto, adaptarse y asumir un papel activo en la construcción de una Europa más fuerte y más integrada de aquí a 2030”. Fuente: Deloitte.

Reducir dependencias excesivas, ampliar orígenes y destinos y mantener flexibilidad operativa se consolidan como ejes de adaptación. Al mismo tiempo, el turismo actúa como un laboratorio de resiliencia, combinando ajustes dinámicos de la oferta, diversificación y uso de la tecnología, anticipando respuestas que posteriormente se trasladan a otros sectores de la economía.

Movilidad, seguridad y nuevos equilibrios

La movilidad de personas es uno de los ámbitos donde la geopolítica se manifiesta con mayor rapidez. Conflictos armados y tensiones regionales generan alertas de seguridad, restricciones de viaje, cierres de espacio aéreo y cambios en los regímenes de visados. La inestabilidad en Oriente Medio, por ejemplo, afecta a corredores estratégicos entre Europa, Asia y África y beneficia a los destinos percibidos como seguros.

Estas dinámicas alteran las decisiones de los viajeros y obligan a las empresas turísticas a revisar estrategias de conectividad y planificación a medio plazo. En este contexto Zalba ha planteado si el sector está incorporando de forma suficiente el análisis del riesgo geopolítico en sus decisiones de inversión y diversificación.

El mercado único europeo, un activo incompleto

Pese a la recuperación de atención internacional hacia la Unión Europea en los últimos meses, el socio de Deloitte ha advertido que esta ventana de oportunidad es frágil, y que sin reformas estructurales puede cerrarse rápidamente. La clave ya no reside únicamente en aumentar el gasto público, sino en gastar mejor y movilizar inversión privada, orientándola hacia las grandes transiciones: digitalización, descarbonización, defensa e innovación tecnológica.

Frente a la fragmentación global, el mercado único europeo actúa como un amortiguador frente a shocks externos. Sin embargo, sigue siendo un activo incompleto, especialmente en el ámbito de los servicios. Un estudio del FMI (Fondo Monetario Internacional) de 2024 estima que las barreras internas equivalen a un coste del 110% para los servicios, incluidos sectores como el turismo, con efectos directos sobre la competencia, los precios, la productividad y la capacidad de innovación.

Completar el mercado único de servicios no es sólo una reforma pendiente, sino una respuesta estratégica en un contexto de competencia geoeconómica creciente, capaz de reforzar la escala y la resiliencia de la economía europea.

España y el turismo como poder blando

En un escenario internacional donde muchas potencias priorizan instrumentos de hard power, el turismo emerge, según Zalba, como un activo singular de poder blando. A través de la experiencia turística y el contacto entre personas se proyectan valores compartidos, diversidad cultural y estabilidad, manteniendo vínculos incluso cuando las relaciones políticas se deterioran.

En el caso español, esta ventaja resulta especialmente visible. El turismo no sólo tiene un peso decisivo en el PIB y el empleo, sino que actúa como un vector de proyección internacional. La combinación de infraestructuras, calidad de servicios, diversidad de oferta y apertura al exterior consolida al turismo español como un pilar de crecimiento y de influencia positiva en un entorno global marcado por la rivalidad entre bloques.

La cuestión estratégica, como ha concluido Zalba, es si España y Europa están utilizando todo el potencial del turismo como instrumento de influencia, capaz de reforzar su imagen de espacios abiertos, seguros y previsibles, sin erosionar el equilibrio entre apertura y seguridad que define el modelo europeo.

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