Miguel Ángel Navarro, director de F&B de Hyatt Regency Hesperia Madrid: los hoteles de alta gama como destinos gastronómicos

La cocina en hoteles de lujo se convierte en motor de marca e identidad

La alta hotelería ha entendido que el viajero contemporáneo elige también con el paladar

La cocina en hoteles de lujo se convierte en motor de marca e identidad

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Los hoteles de lujo han dejado de concebir la restauración como un servicio complementario para convertirla en un eje estratégico. La alta hotelería apuesta por propuestas gastronómicas propias, técnicas cuidadas y producto de proximidad para atraer tanto al viajero contemporáneo como al cliente local. Así lo sostiene Miguel Ángel Navarro, director de Alimentos y Bebidas (F&B por sus siglas en inglés) de Hyatt Regency Hesperia Madrid, quien defiende que la cocina se ha transformado en un motor de identidad y posicionamiento.

La gastronomía como factor de decisión

Durante años el restaurante de hotel ocupó un papel funcional, asociado a cenas por conveniencia. Hoy, según Miguel Ángel Navarro, el contexto es distinto: “el viajero contemporáneo elige también con el paladar”, y el público local demanda experiencias memorables sin largas listas de espera.

En este escenario, como detalla el experto, “la restauración hotelera combina producto de kilómetro cero con técnicas globales, mientras el bar se convierte en ritual social y el lobby deja de ser zona de paso para transformarse en punto de encuentro”. La oferta gastronómica se integra así en la estrategia global del establecimiento.

La restauración impulsa la estrategia de marca en hoteles premium
"El lujo contemporáneo ya no es sinónimo de distancia, sino de cuidado en el detalle", según advierte Miguel Ángel Navarro. Fuente: Hyatt Regency Hesperia Madrid.

En el caso de Hyatt Regency Hesperia Madrid, la propuesta se articula en torno a maduraciones propias, fermentados caseros y fondos trabajados a fuego lento, junto con una creciente apuesta por el producto de proximidad. Para la dirección de F&B, la cocina ya no es un servicio añadido sino un elemento diferencial de marca.

Derribar barreras simbólicas

Pese a esta evolución, Navarro reconoce que persiste cierta percepción de distancia. Comer en un hotel de lujo puede asociarse todavía a precios elevados, una formalidad excesiva o a “la sensación de estar ocupando un espacio reservado para otros”. Sin embargo, incide en que el lujo contemporáneo no debe interpretarse como rigidez, sino como precisión en la ejecución: en el punto de sal, en la temperatura de servicio o en el maridaje.

Las cartas, explica, incorporan menús ejecutivos competitivos, barras informales y propuestas accesibles y desenfadadas que conviven con el fine dining. La hospitalidad busca ser cercana, incluso cuando el entorno mantiene estándares elevados de diseño y servicio. “El lujo contemporáneo ya no es sinónimo de distancia, sino de cuidado en el detalle”, afirma Navarro.

Para el directivo el reto pasa por “integrar al cliente local, comunicar mejor el origen del producto o humanizar la figura del chef”. El objetivo es que la experiencia gastronómica en hoteles de lujo deje de percibirse como territorio exclusivo y se consolide como una opción para disfrutar del “placer de comer bien”, abierta a públicos diversos porque “no debería intimidar a nadie, sino ser territorio de todos”.

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