Cambio de hora 2026: cómo afecta al sueño, la salud y al reloj biológico
El cambio de hora que dará paso al horario de verano reabre el debate entre los beneficios sociales de tener más luz por la tarde y los efectos sobre la salud
Publicada 15/03/26
La llegada de la primavera trae consigo uno de los rituales temporales más reconocibles del calendario europeo: el cambio de hora. En la madrugada del 28 al 29 de marzo, España adelantará los relojes para entrar en el horario de verano, un ajuste que cada año reabre un debate que combina ciencia, hábitos sociales y decisiones políticas aún sin resolver.
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La discusión vuelve a la agenda pública justo cuando el país se prepara para modificar los relojes, donde para algunos sectores económicos -especialmente los vinculados al ocio, la hostelería o el turismo- las tardes más largas representan un estímulo claro para la actividad.
Sin embargo, desde el ámbito médico se insiste en que el horario de verano no es necesariamente el más adecuado desde el punto de vista biológico.
La incógnita que se plantea no es nueva, si Europa terminará o no con esta práctica. España, como el resto de países de la Unión Europea, aplica actualmente el sistema de doble cambio horario anual, por el que se adelantan los relojes en primavera y se retrasan en otoño.
Cualquier modificación definitiva del sistema, no obstante, debería adoptarse de forma coordinada entre los Estados miembros para evitar desajustes en transportes, comunicaciones y actividad económica.
La Comisión Europea planteó en 2019 la posibilidad de eliminar los cambios de hora estacionales y el Parlamento Europeo llegó a proponer que 2021 fuera el último año con este sistema.
La falta de acuerdo entre los Estados miembros sobre qué horario adoptar de forma permanente dejó la iniciativa paralizada
En los últimos años, el Gobierno español ha defendido ante Bruselas que el sistema actual aporta un ahorro energético muy limitado y que sus efectos sobre la salud y la productividad generan cada vez más dudas. El Ejecutivo llegó a plantear que 2026 podría ser el último año con doble cambio horario, aunque cualquier decisión depende de un consenso comunitario que aún no se ha alcanzado.
¿Horario de verano o de invierno?
El debate de fondo no gira únicamente en torno a mantener o eliminar el cambio estacional, el verdadero punto de fricción es qué horario debería mantenerse de forma permanente.
Desde el punto de vista social y económico, muchos actores se inclinan por el horario de verano, ya que permite disponer de más horas de luz por la tarde. En un país donde la actividad turística y el ocio al aire libre tienen un peso notable en la economía, esa prolongación de la jornada luminosa resulta especialmente valorada.
Los especialistas en salud, sin embargo, suelen defender lo contrario, y diversos expertos señalan que el horario de invierno -más cercano al horario solar- se ajusta mejor al ritmo biológico humano.
Reloj biológico y salud
El adelanto artificial del reloj puede afectar al sueño y alterar el llamado ritmo circadiano, el sistema interno que regula los ciclos de descanso y vigilia
Cuando ese reloj biológico se desajusta, pueden aparecer síntomas que muchos ciudadanos reconocen como el cansancio, la dificultad para concentrarse, irritabilidad o problemas para conciliar el sueño.
Pros y contras
La paradoja aparece cuando se analizan los efectos sociales, mientras algunas investigaciones apuntan a un aumento de los accidentes tras el adelanto horario, otras señalan que la mayor presencia de luz natural durante la tarde puede reducir la siniestralidad y la delincuencia.
A esta discusión se suma una cuestión geográfica que reaparece dos veces en el año, el huso horario español. España se rige por el horario de Europa Central, pese a que su posición geográfica la situaría más cerca del meridiano de Greenwich, el mismo que utilizan países como Reino Unido o Portugal y que ya aplica Canarias.
La transición al horario de verano en la vida cotidiana
Ese desfase se remonta a 1940, cuando España adoptó el horario centroeuropeo, y aunque desde entonces, distintos expertos han planteado la posibilidad de revisar esa decisión para acercar el reloj oficial al horario solar, aún no hay una petición en firme.
El cambio de hora además tiene efectos inmediatos en la vida cotidiana, la noche del ajuste implica perder una hora de sueño, ya que el reloj se adelanta y ese día pasa a tener 23 horas. Durante las primeras semanas de primavera amanecerá algo más tarde, aunque el sol también se pondrá más tarde, alargando la luz al final del día.
En los relojes, la transición suele ser automática para la mayoría de dispositivos actuales, como teléfonos móviles, ordenadores y relojes conectados actualizan la hora sin intervención del usuario. En cambio, los relojes analógicos, electrodomésticos o despertadores tradicionales requieren un ajuste manual.
Mientras tanto, el reloj volverá a adelantarse una hora en la madrugada del último fin de semana de marzo. Una transición que dura apenas unos segundos pero que, año tras año, reabre una discusión que atraviesa ciencia, economía y costumbres sociales.
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