Chile protege más de la mitad de su océano y entra en el top 3 mundial
Publicada 04/04/26
Chile acaba de situarse en una posición poco habitual en el mapa global, y no por una campaña turística ni por un nuevo récord de visitantes, sino por una decisión que afecta directamente a más de la mitad de su océano. El país ha superado el 50% de protección de su Zona Económica Exclusiva tras ampliar dos grandes parques marinos en el Pacífico, incorporando unos 360.000 kilómetros cuadrados adicionales bajo protección estricta.
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La decisión, formalizada mediante decreto el pasado 10 de marzo, amplía dos grandes parques marinos en el Pacífico -Nazca–Desventuradas y Mar de Juan Fernández- y suma cerca de 360.000 kilómetros cuadrados adicionales de superficie protegida
El resultado es una cifra que redefine su escala: 947.142 km² de océano bajo protección estricta, lo que sitúa al país como el tercero del mundo en extensión de áreas marinas protegidas.
Solo algunos territorios insulares y potencias con vastas zonas oceánicas superan ese umbral, pero más allá del ranking, hay un elemento que introduce matices, esta expansión no responde únicamente a una estrategia política o ambiental, sino a una demanda impulsada desde el propio territorio.
En los archipiélagos de Juan Fernández y Desventuradas, enclaves remotos alejados de los circuitos turísticos convencionales, la comunidad local -especialmente los pescadores artesanales- lleva generaciones gestionando los recursos marinos con criterios de sostenibilidad.
Desde ahí surgió la propuesta de ampliar la protección, con el objetivo de asegurar la continuidad de un ecosistema del que dependen su economía, su cultura y su identidad.
El área protegida engloba una cadena de montes submarinos con niveles excepcionales de biodiversidad, donde conviven especies endémicas como el lobo fino o la langosta de Juan Fernández junto a grandes migradores oceánicos como ballenas, tiburones y tortugas.
Un entorno que, hasta ahora, permanecía relativamente al margen del turismo global, pero que empieza a adquirir relevancia en un contexto donde la conservación se convierte en un valor en sí mismo.
La medida refuerza el compromiso del país con la meta 30×30, que busca proteger al menos el 30% del océano mundial al 2030, y representa además una contribución concreta a la gobernanza global del océano al respaldar la propuesta de Chile para establecer la primera área marina protegida en alta mar bajo el Acuerdo BBNJ de Naciones Unidas, orientado a proteger la biodiversidad en alta mar, uno de los espacios menos regulados del planeta.
A partir de aquí, el foco se desplaza hacia la gestión efectiva de estas áreas, con nuevos planes de manejo y modelos de coadministración entre el Estado y la comunidad local.
Un reto menos visible, pero decisivo, en un escenario donde cada vez más países miran al océano no solo como recurso, sino como activo estratégico.
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