En este aspecto, conviene aclarar qué consideran líquido las autoridades aeroportuarias. No solo se incluyen bebidas, sino también alimentos semilíquidos como yogur o mermelada, productos cosméticos como cremas o maquillaje, así como aerosoles, perfumes, geles o incluso la pasta de dientes y el líquido de lentillas. Todo ello entra dentro de la misma regulación.
Actualmente, la normativa general establece que solo se puede transportar hasta un litro en total, repartido en envases de un máximo de 100 mililitros cada uno. Estos deben ir dentro de una bolsa transparente con cierre y, por norma, es necesario sacarla del equipaje de mano durante el control. Cada pasajero puede llevar una única bolsa, aunque los medicamentos pueden superar ese límite bajo justificación.
Para evitar incidencias, se recomienda preparar los líquidos con antelación en una bolsa tipo zip, sin sobrecargarla y permitiendo ver claramente su contenido.
En el caso de productos adquiridos en tiendas duty free, pueden superar los 100 mililitros, siempre que permanezcan sellados junto con el recibo hasta el destino final, especialmente en vuelos con escalas.
Sin embargo, algunos aeropuertos españoles ya han incorporado escáneres avanzados que permiten no sacar los líquidos del equipaje.
Instalaciones como Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat, Málaga o Palma de Mallorca cuentan con esta tecnología, aunque la recomendación sigue siendo informarse previamente para evitar contratiempos.
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