El nuevo “turismo IQ” de una ciudad sueca que invita a mirar más y fotografiar menos

Uppsala, a poco más de media hora de Estocolmo, impulsa un modelo de “turismo IQ” que invita a mirar más allá de la foto rápida y descubrir desde tumbas vikingas hasta el termómetro original de Celsius

Publicada 12/04/26

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En una época en la que muchos viajes parecen medirse por la cantidad de imágenes subidas antes incluso de regresar a casa, hay destinos que empiezan a plantear otra pregunta: qué queda del lugar cuando se aparta la cámara. Upsala (Uppsala, en sueco), una ciudad sueca situada a 78 kilómetros al noroeste de Estocolmo y conectada con la capital en apenas 40 minutos de tren, ha decidido convertir esa idea en propuesta turística con el “turismo intelectual”.

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La iniciativa busca desmarcarse de la lógica del selfie exprés, esa que concentra a viajeros durante horas frente a un punto concreto para lograr una imagen idéntica a miles de otras, sin apenas detenerse en el contexto.

En lugar de dirigir la atención hacia lo más fotografiado, Upsala propone rutas y experiencias guiadas por la curiosidad, con un símbolo de coeficiente intelectual que orienta a los visitantes hacia lugares con historia, significado y detalles menos evidentes.

La ciudad, cuarta mayor de Suecia con más de 141.000 habitantes, combina una identidad universitaria muy marcada con un legado histórico que se remonta a los tiempos vikingos e incluso antes.

Upsala no tiene aeropuerto propio, aunque el de Arlanda se encuentra a unos 30 kilómetros al sur, y su estación central la conecta con Estocolmo, Linköping, Gävle, Sundsvall, Östersund y otras ciudades del país

Casi la mitad de su población tiene menos de 30 años, un dato que ayuda a entender el pulso joven de sus calles, cafeterías y espacios culturales, pero también esa mezcla singular entre tradición académica, patrimonio nórdico y vida cotidiana.

Skytteanum
El jardín de Skytteanum está abierto al público en determinados horarios de lunes a viernes. Fuente: Adobe Stock.

Buena parte del recorrido arranca en la Universidad de Upsala, fundada en 1477 y considerada la más antigua de Escandinavia. De sus aulas salieron o pasaron figuras esenciales para la historia sueca y europea, entre ellas Carlos Linneo, Anders Celsius, Anders Jonas Ångström o Dag Hammarskjöld.

Uno de los lugares más atractivos para entenderlo es el Gustavianum, el museo universitario, allí se conserva el termómetro original de Anders Celsius, el científico que dio nombre a una de las escalas de temperatura más utilizadas del mundo.

El instrumento, además, mantiene la formulación inicial del siglo XVIII, cuando el 0 marcaba el punto de ebullición y el 100 el de congelación, antes de que el sistema se invirtiera. El museo guarda también un teatro anatómico del siglo XVII, instrumentos científicos, especímenes y objetos históricos que permiten leer la ciudad como un laboratorio de ideas a lo largo de los siglos.

Lugares como Ofvandahls Hovkonditori, una histórica cafetería estudiantil abierta en 1878, o Arrenius, una tostadora de café donde el ambiente favorece la conversación pausada y el intercambio de impresiones, nos hacen continuar el viaje casi como si las viejas cafeterías ilustradas hubieran encontrado una versión escandinava y contemporánea.

Pero si la ciudad universitaria aporta el músculo cultural, el territorio que rodea Upsala abre otra dimensión mucho más remota. A las afueras se encuentra Gamla Uppsala -la Vieja Upsala-, el enclave donde se situó el principal centro pagano de Suecia según el cronista medieval Adam de Bremen.

Allí se levantan los túmulos funerarios reales del período Vendel, entre los años 550 y 800 d. C., y el lugar mantuvo una relevancia especial durante la Era Vikinga, cuando estaba vinculado a rituales y sacrificios en honor de divinidades nórdicas como Thor, Odín y Freyr.

Piedra rúnica a las afueras de la catedral de Uppsala
Piedra rúnica a las afueras de la catedral de Upsala. Fuente: Adobe Stock.

Ese contacto con una Suecia anterior al cristianismo, atravesada por mitos, poder dinástico y ceremonias sagradas, aporta al viaje una densidad que rara vez aparece en los itinerarios acelerados.

Para reforzar la iniciativa, el destino ha diseñado una especie de visor rojo itinerante, una torre móvil que invita a fijarse en pequeños elementos que normalmente pasan desapercibidos. No apunta a grandes monumentos, sino a detalles.

Ahí está, por ejemplo, el cristal sin lavar de la catedral que deja entrever cómo era el edificio antes de su restauración del siglo XIX. O la losa frente a Östgöta Nation en la que puede leerse “aquí no pasó nada” en 1965, una pieza mínima, casi irónica, que transforma el paseo en búsqueda.

A eso se suman las pequeñas casas para ratones creadas por las artistas Jekaterina Pertoft y Zilmara Suarez, dispersas por la ciudad como hallazgos diminutos para quien camina con atención.

La catedral de Upsala, por cierto, merece por sí sola una parada larga, es una de las más antiguas e importantes de Suecia con su estilo gótico y con torres que alcanzan los 118 metros, es la más grande del norte de Europa. En su interior descansan figuras clave de la historia sueca como el rey Gustavo I Vasa, Emanuel Swedenborg o Carlos Linneo.

En el fondo, la propuesta de esta ciudad sueca no consiste en demonizar la fotografía, sino en devolverle su lugar. Primero mirar, entender y después, si acaso, sacar el móvil. ¿Qué opinas de esta iniciativa?


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