Un análisis de Vivi Hinojosa

Lalín, mucho más que un cocido: cómo diversificar para desestacionalizar

El municipio pontevedrés, kilómetro cero de Galicia, apuesta por patrimonio y gastronomía

Lalín, mucho más que un cocido: cómo diversificar para desestacionalizar

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Análisis/Lalín debe su fama al archiconocido cocido… pero no sólo de él vive su turismo. Concentrado en un mes, de mediados de enero a mediados de febrero, si bien sus restaurantes lo sirven en cualquier época del año -aunque en verano no sea tan apetecible-, la colaboración entre Ayuntamiento, Diputación de Pontevedra y Xunta de Galicia, junto con la iniciativa privada, se ha traducido en una diversificación de la oferta para desestacionalizar la actividad turística y de este modo el tradicional “kilómetro cero” gallego atraiga visitantes durante todo el año.

Uno de los ejes de la estrategia es sin duda su oferta cultural, basada en la recuperación del patrimonio de las aldeas que conforman este municipio. Ejemplo de ello es el Pazo de Liñares, hoy sede de los museos del Juguete -el mayor de Galicia en esta temática- y de la Marioneta y del Centro de Gestión del Conocimiento Arqueológico.

Cómo Lalín quiere dejar de vivir turísticamente sólo de su cocido
Tras su rehabilitación el Pazo de Liñares alberga los museos del Juguete, con más de 1.000 piezas del coleccionista vigués Antonio Chaves, y de la Marioneta. Fuente: Hosteltur.

El edificio del siglo XVII fue adquirido por el Ayuntamiento en 2002 y declarado Bien de Interés Cultural (BIC) siete años después, lo que facilitó el acceso a fondos públicos europeos y del Ministerio de Fomento para su restauración, tras la que se inauguró en 2014. El Pazo también rinde homenaje a uno de sus vecinos más ilustres, el aviador pionero Joaquín Loriga, uno de los padres de la aviación moderna después de liderar la histórica expedición de la Escuadrilla Elcano en 1926 que recorrió en 33 días los 19.000 kilómetros que separan Manila de Madrid.

Los lalinenses también homenajean su pasado en el Museo Etnográfico Casa do Patrón, un proyecto personal de Manuel Quintía que comenzó en 1995 en la aldea de Codeseda para preservar el patrimonio gallego. Repartidas por todo el pueblo se encuentran sus salas temáticas, que reproducen estancias de antaño –una escuela, una forja tradicional, una taberna, un taller textil, un horno y una antigua casa castreña, entre otras- con todos los objetos de la época, reuniendo hasta más de 5.000 que documentan la vida rural y la historia de Galicia.

Cómo Lalín quiere dejar de vivir turísticamente sólo de su cocido
En una de las casas de la aldea de Codeseda se ha reproducido una antigua taberna con todos los enseres de épocas pasadas. Fuente: Hosteltur.

Sus más de 2.000 metros cuadrados de exposición albergan también un taller de restauración, un auditorio, una tienda de artesanía y un restaurante de comida casera tradicional. Pero sin duda el mejor momento para visitarlo es a finales de agosto, coincidiendo con la Fiesta de la Malla Tradicional, organizada por el Museo, donde se recrea cómo se separaba el grano de la paja, el trabajo comunitario más importante del año en la Galicia rural de antes, que culmina con un festival de música y baile tradicional.

Otro elemento clave de su patrimonio etnográfico cuya protección y promoción han intensificado en los últimos años son las alvarizas, construcciones tradicionales de piedra típicas de Galicia y áreas limítrofes, diseñadas para proteger las colmenas de los osos y otros depredadores. Suelen ser recintos circulares con muros altos, a menudo situados en zonas montañosas.

Cómo Lalín quiere dejar de vivir turísticamente sólo de su cocido
Los muros que rodean las colmenas las protegen de ataques de los osos que campaban entonces por estas tierras y que adoran la miel. Fuente: Turgalicia.

Estas construcciones son un elemento clave del patrimonio etnográfico gallego y existen iniciativas para su puesta en valor, como un catálogo de hasta 125 de ellas localizadas en la comarca del Deza y el entorno de la Serra do Candán por Nicolás Varela, quien trabaja activamente en la promoción turística de Lalín y ha participado en la divulgación de este patrimonio. Su objetivo es documentar estas construcciones de piedra para evitar su desaparición y fomentar el turismo etnográfico en la zona con, por ejemplo, rutas de senderismo para visitarlas.

Riqueza gastronómica

Pero no sólo de cultura y etnografía vive el hombre, y más en una comarca como ésta que destaca por su oferta gastronómica con un protagonista indiscutible, el cocido, al que acompañan originales propuestas.

Cómo Lalín quiere dejar de vivir turísticamente sólo de su cocido
El restaurante, con seis habitaciones, del Fogar de Breogán tiene toda la estética de una construcción hobbit en medio de Galicia, resultado de la imaginación de su propietario. Fuente: Fogar de Breogán.

Como el Fogar de Breogán, cuyo propietario, Carlos Cuñarro, optó por una estética de casa de hobbits cuando tuvo que recuperar el restaurante tras el incendio que lo asoló justo antes de la pandemia. Tras año y medio de trabajo, el resultado es una construcción de piedra y madera hecha con sus propias manos, donde tras la cena oficia la ceremonia de la queimada metiéndose muy en su papel. El edificio también alberga seis habitaciones, una de ellas hasta para 16 personas.

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La pizza Rolling es una muestra de la pizzería de autor de la que se puede disfrutar en la Trattoría do Gato, en Lalín. Fuente: Hosteltur.

Pero Lalín también acoge otras opciones gastronómicas más alejadas de la cocina gallega con matices totalmente diferenciales, como la pizza Rolling de la Pizzería Trattoría do Gato, creada por Jesús Marquina -mentor de José González durante su formación en Italia, ahora al frente del local de Lalín- para los miembros de los Rolling Stones durante una de sus visitas a España. Diseñada como pizza de alta cocina y saludable, esta “pizza de autor” incluye ingredientes ricos en Omega-3 y grasas saludables como aguacate y salmón ahumado.

Lalín avanza así hacia un modelo turístico más desestacionalizado, apoyándose en la puesta en valor de su patrimonio cultural, etnográfico y gastronómico. La combinación de iniciativas públicas y privadas permite articular una oferta más diversificada que amplía el atractivo del destino más allá de la temporada de cocido, con el objetivo de consolidar un flujo de visitantes sostenido a lo largo de todo el año.

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