¿Nadar con tiburones es seguro? Riesgos reales, mitos y cómo funciona el turismo de buceo con escualos
El caso de Maldivas refleja que los ataques de tiburones son raros, pero no exentos de riesgos en entornos alterados
Publicada 21/04/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleEl ataque sufrido por un turista español durante su luna de miel en Maldivas ha vuelto a situar a los tiburones en el centro del debate público. El joven, médico alicantino de 31 años, perdió una pierna tras ser mordido durante una excursión acuática en la zona de Kooddoo. Las autoridades maldivas investigan si el comportamiento del animal pudo verse alterado por la dinámica de alimentación en el entorno, vinculada a una planta de procesado de pescado cercana.
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El caso ha coincidido, además, con una realidad que surge año tras año en el turismo marino: mientras crecen las experiencias comerciales de buceo y snorkel con escualos, los expertos insisten en que los ataques mortales siguen siendo muy poco frecuentes y que buena parte de los incidentes responden a una combinación de contexto, conducta humana y alteración del hábitat.
Accidente grave en una zona turística
El incidente ocurrió la semana pasada en el atolón de Gaafu Alif, cerca de Kooddoo, durante una actividad acuática de snorkel organizada en pleno viaje de bodas.
La mordedura del escualo destrozó la extremidad inferior del turista, que tuvo que ser evacuado al hospital del atolón antes de ser trasladado en helicóptero al hospital ADK de Malé -la capital-, donde los médicos se vieron obligados a amputar la extremidad inferior del turista debido a los daños irreparables causados por graves lesiones vasculares.
La familia del afectado ha anunciado acciones por presunta imprudencia contra la empresa que organizó la experiencia
Una de las principales hipótesis que barajan los medios locales, es que el tiburón actuara en un entorno en el que llevaba días sin alimentarse de los vertidos orgánicos de una planta de procesado de pescado próxima a la zona.
La zona donde se produjo el ataque es conocida por la presencia de grandes bancos de tiburones giradores, pero los expertos creen que un tiburón tigre fue el responsable debido a su potente mordida y otros expertos sugieren que un tiburón toro también podría haber sido el culpable, según recoge el New York Post.
Ese matiz es importante porque desplaza el foco de la idea del “ataque inexplicable” a una cuestión más amplia, ¿qué ocurre cuando el turismo, la actividad industrial y la fauna salvaje coinciden en el mismo punto?
Por ahora, la hipótesis sobre la falta de alimento o la habituación de los tiburones a restos de pescado no deja de ser eso, una línea de investigación. Pero encaja con una advertencia recurrente en el sector del buceo, uno de los sectores que promociona buceo con esqualos en la región-, alterar el comportamiento natural del animal, ya sea mediante cebos, alimentación o rutinas repetidas de contacto humano, puede aumentar la imprevisibilidad del encuentro.
¿Cuántos ataques y muertes por tiburones hay realmente al año?
Los datos globales están muy lejos de la imagen de epidemia que a menudo transmiten los grandes titulares, según el informe de International Shark Attack File (ISAF, del Museo de Historia Natural de Florida) en 2025, muestra los datos de 105 interacciones tiburón-humano investigadas en 2025 y confirmó 65 mordeduras no provocadas en todo el mundo - ligeramente por debajo de la media en la última década (72)- y 29 provocadas.
A escala mundial, hubo 12 muertes relacionadas con tiburones, de las que nueve se clasificaron como no provocadas, una cifra superior al promedio anual de seis fallecimientos.
En ese balance, Maldivas registró un único incidente no provocado y no mortal en 2025, apareciendo muy lejos de los grandes focos mundiales.
En el otro lado, Estados Unidos encabezó la clasificación con 25 casos no provocados, seguido de Australia con 21 y Bahamas con 5. Después aparecen Nueva Zelanda con tres, y ya con un solo caso países o territorios como Mozambique, Sudáfrica, Vanuatu, Canadá, Canarias, Jamaica, Islas Marshall, Nueva Caledonia, Puerto Rico y Samoa.
Estados Unidos concentró el 38% de los casos no provocados en 2025, mientras que Australia registró el mayor número de fallecimientos entre los grandes países con actividad de playa y surf.
El informe de Florida recuerda, además, que estas oscilaciones anuales dependen tanto de la presencia de tiburones como del número de personas en el agua, las condiciones oceanográficas y la práctica de deportes en zonas costeras
Otro de los datos que rebajan el mito del bañista devorado al azar es la actividad que realizaba la víctima en el momento del encuentro, el 46% de los incidentes no provocados se produjeron mientras la persona nadaba o vadeaba en el agua; el 32% afectó a practicantes de surf o deportes de tabla, y el 15% a personas que hacían snorkel o apnea.
Es decir, los ataques se asocian con mayor frecuencia a actividades recreativas en mar abierto o en rompientes, no a una conducta aleatoria del animal contra el ser humano como presa preferente.
Eso no significa que todos los deportes presenten el mismo nivel de exposición, el surf, por ejemplo, comparte con los tiburones áreas donde estos buscan alimento y además añade elementos visuales y de movimiento que pueden favorecer errores de identificación.
Por su lado, el snorkel y la apnea, por su parte, se desarrollan a menudo en espacios de alta visibilidad turística, algunos de ellos promocionados precisamente por la posibilidad de nadar con escualos.
Mitos que siguen persiguiendo a los tiburones
Todos tenemos en mente la imagen de un tiburón persiguiendo a un surfista, una idea instalada en el imaginario colectivo en parte por el cine desde los años setenta. Sin embargo, esa percepción dista de la realidad, los humanos no forman parte de la dieta habitual de estos animales.
Buena parte de la percepción pública sobre los tiburones sigue apoyándose en ideas falsas, y National Geographic recuerda que los ataques son infrecuentes y que los humanos no forman parte de la dieta habitual de estos animales. El artículo cita a la oceanógrafa Gádor Muntaner para subrayar que muchas mordeduras son accidentes o reacciones defensivas, y que solo una pequeña parte de las más de 500 especies de tiburón ha protagonizado incidentes con humanos.
"Al contrario de lo que podríamos pensar, los ataques de tiburones son una rareza. Por ejemplo, los perros matan a unas 35.000 personas al año, muchísimo más que los escualos”, afirmó Gádor Muntaner en National Geographic
No todas las especies de tiburón presentan el mismo nivel de riesgo, de las más de 500 especies existentes, solo unas 30 han protagonizado ataques a humanos, lo que equivale a aproximadamente el 6% del total. Dentro de este grupo, apenas una docena se considera potencialmente peligrosa, entre ellas el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) y el tiburón toro (Carcharhinus leucas).
Aunque todos los tiburones son depredadores y pueden causar lesiones, por lo que es clave mantener interacciones respetuosas. Los expertos recomiendan no actuar como una presa ya que huir puede activar su instinto, mientras que mantener la calma o permanecer en grupo reduce el riesgo.
Pero es importante destacar que pese a su reputación, los humanos no forman parte de su dieta, es más según la comunidad científica no les agrada nuestro sabor. Incluso el tiburón blanco se alimenta principalmente de peces y mamíferos marinos, no de personas.
Uno de los mitos más extendidos es que la sangre humana actúa como un imán infalible a kilómetros de distancia, pero aunque los tiburones tienen un olfato muy desarrollado, no perciben sangre a esas distancias ni cuando está muy diluida. Además, utilizan otros sentidos para identificar presas y priorizan aquellas con mayor valor energético, entre las que no se encuentran los humanos.
El mensaje de fondo es menos espectacular, no hay una “caza deliberada de bañistas", sino encuentros poco frecuentes que aumentan cuando se comparte espacio con grandes depredadores en condiciones desfavorables
Cómo son los tours con tiburones
El auge del turismo marino ha consolidado a Maldivas como uno de los principales destinos para la observación de tiburones, con una oferta diversa de actividades adaptadas a distintos niveles de experiencia.
Entre las más habituales se encuentra el snorkel en superficie, que permite nadar en aguas poco profundas junto a especies como los tiburones de arrecife o nodriza, así como el buceo autónomo, dirigido a usuarios certificados que descienden a mayor profundidad para observar especies como el tiburón martillo o el tiburón gris.
También son frecuentes las inmersiones en puntos concretos de alta concentración de fauna, donde las corrientes marinas favorecen la presencia de escualos, y las salidas organizadas para avistar especies específicas, como el tiburón ballena o el tiburón tigre. Estas experiencias suelen desarrollarse en entornos abiertos, sin jaulas, lo que refuerza su atractivo pero también exige protocolos de seguridad más estrictos.
Dentro de esta oferta, existe una diferenciación clave entre actividades de observación pasiva, basadas en el respeto al comportamiento natural del animal, y aquellas en las que se emplean atrayentes o cebos para garantizar el avistamiento. Este último tipo de prácticas, menos extendidas en destinos regulados, genera debate en el sector del buceo, ya que puede alterar los patrones de conducta de los tiburones y aumentar su actividad en zonas frecuentadas por turistas.
Turismo con tiburones, esnórquel y Maldivas
Pese a la popularidad de estas experiencias, los encuentros con tiburones en Maldivas se producen en su mayoría sin incidentes y forman parte habitual de la oferta turística del archipiélago, donde es posible nadar o bucear en zonas con presencia de escualos bajo condiciones controladas y siguiendo las recomendaciones de seguridad.
Sin embargo, factores como la proximidad a áreas de pesca o procesado de pescado -como en el suceso de Borja-, la visibilidad reducida o la falta de control en los puntos de acceso pueden incrementar el riesgo, incluso en enclaves considerados seguros para este tipo de actividades.
Ahí es donde suceso del turista español en Maldivas adquiere una dimensión más amplia que la del suceso aislado, si la investigación confirma que el área estaba condicionada por una planta de procesado de pescado o por patrones anómalos de alimentación, el incidente volverá a evidenciar un problema conocido: cuando los animales asocian una zona concreta con comida fácil, el espacio deja de ser plenamente natural. Y cuando a ese mismo espacio llegan turistas en busca de una experiencia cercana, el margen para el accidente crece.
El mercado vende "inmersiones seguras” y memorables, pero parte de su atractivo reside precisamente en acercar al visitante a depredadores salvajes
Y aunque, como hemos podido comprobar, los datos globales dicen que los ataques mortales son raros, los operadores responsables insisten en protocolos, distancia y respeto.
Sin embargo, cada incidente grave recuerda que el océano no funciona como un parque temático y que convertir la fauna salvaje en producto turístico exige algo más que marketing: requiere límites claros, control de prácticas de alimentación y una gestión seria de las zonas donde coinciden visitantes, industria y animales.
Por su parte, la familia de Borja ha anunciado acciones legales por presunta imprudencia contra la empresa local que organizó la actividad de nado con tiburones. Los allegados del joven consideran que el operador responsable de la excursión en aguas del océano Índico tuvo un papel determinante en el grave incidente que lo mantiene en estado crítico.
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