Convirtiendo el entretenimiento en estrategia de marca: el proyecto Real Adventure
Gran Tagoro (Lanzarote) es el escenario de una tendencia creciente en el sector: el proceso de conceptualización como palanca estratégica para diseñar la experiencia del huésped, alineando espacios, operativa y marca
Publicada 14/05/26
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Durante años, el entretenimiento en hoteles familiares ha estado ligado a una lógica bastante clara: actividades programadas, shows en horarios concretos y espacios delimitados dentro del hotel. Sin embargo, este modelo empieza a mostrar sus límites.
En un contexto en el que el cliente ya da por sentados aspectos como la calidad de las instalaciones, el servicio o la ubicación, la verdadera diferencia se encuentra en otro lugar: en la capacidad de construir experiencias coherentes, memorables y con identidad. Es ahí donde empiezan a aparecer proyectos como Real Adventure.
Gran Tagoro es un resort familiar de cinco estrellas en Playa Blanca (Lanzarote), diseñado específicamente para el segmento familiar. En este contexto, Real Adventure no nace como una nueva zona ni como una ampliación del programa de animación. Lo que propone es algo distinto: convertir el entretenimiento en el eje sobre el que se articula toda la experiencia familiar.
Del storytelling a la estrategia
“Cuando empezamos, teníamos un hotel familiar con mascotas y actividades bien valoradas. Pero en 2019 decidimos ir un paso más allá y construir un storytelling”, explica Ana de Ucelay, Product & Brand Director en Dreamplace Hotels.
Ese primer paso responde a una inquietud habitual en el sector: cómo evolucionar un producto que ya funciona sin caer en cambios superficiales. En aquel momento, el proyecto se planteaba todavía como una evolución del entretenimiento. Pero, con el tiempo y a medida que el trabajo avanzaba, la pregunta pasó a ser cómo construirlo. Es ahí donde entró en juego la conceptualización y el acompañamiento de Acttiv.
Uno de los aprendizajes más relevantes del proyecto tiene que ver con una distinción clave: no es lo mismo tematizar que conceptualizar. “La tematización puede funcionar, pero es puntual. Aquí entendimos que no estábamos decorando una zona, sino trabajando sobre el ADN de la marca”, señala Rosa Sanz, consultora de entretenimiento en Acttiv.
El matiz es importante. Mientras que la tematización se centra en lo visual o en lo experiencial a corto plazo, la conceptualización implica diseñar un sistema que ordena todo el producto: espacios, narrativa, operativa, comunicación y experiencia de cliente.
En el caso de Real Adventure, ese sistema toma forma a través de un universo compuesto por cuatro mundos —pirata, medieval, deportivo y espacial— que no solo aportan variedad, sino que permiten estructurar la experiencia de manera coherente.
Ese universo tiene también rostro propio: Tagorín, la mascota principal, y Aurora, su compañera de aventuras. Aurora fue concebida deliberadamente como una alternativa al arquetipo de princesa clásica. Valiente, audaz, con ganas de aventura… para que tanto niñas como niños pudieran verse reflejados en los personajes del mundo que habitan durante sus vacaciones. Una decisión que da pistas sobre la profundidad con la que se ha trabajado el concepto: no solo en los espacios o la operativa, sino también en los valores que la marca quiere transmitir.
“El gran cambio es cuando el entretenimiento pasa de ser algo que ocurre a una hora concreta a vivirse en cada rincón del hotel”, explica Ana de Ucelay. En la práctica, esto significa que el concepto no se limita a las actividades. Se extiende a las habitaciones, a los espacios comunes, a la señalética, a la gastronomía e incluso a la forma en la que el cliente entra en contacto con el hotel antes de su llegada.
La zona Real Adventure, concebida como un espacio específico dentro del hotel, integra piscinas, habitaciones tematizadas, restaurantes y áreas de juego diseñadas para familias, creando un entorno donde la experiencia es continua. El resultado es una mayor coherencia donde todo responde a una misma lógica.
La consultoría como acompañamiento
Detrás de esta transformación hay un elemento que suele pasar más desapercibido, pero que resulta clave: el proceso. Real Adventure es el resultado de un trabajo sostenido en el tiempo, con recorrido, en el que la consultoría especializada en entretenimiento ha tenido un papel estructural.
Desde Acttiv, el proyecto se ha desarrollado a través de distintas fases: escucha de necesidades, ideación del concepto, diseño de contenidos, implementación, formación de equipos y seguimiento. Además, desde la consultoría se han tenido en cuenta la alineación de aspectos clave como los valores de marca de Dreamplace Hotels, el destino o la sostenibilidad, integrándolos de forma natural en la experiencia.
“Es un acompañamiento constante. Si no, te quedas en la idea. Lo importante es que el concepto se mantenga vivo”, explica Rosa Sanz. Ese acompañamiento permite que el concepto no se diluya en la operativa diaria, algo especialmente crítico en entornos hoteleros donde los equipos cambian y la ejecución es compleja.
De la experiencia al entretenimiento como motor de negocio
Uno de los aspectos más interesantes del caso Real Adventure es que cuando el entretenimiento pasa a formar parte de la estructura del producto, cambia también su papel dentro del negocio. “Es algo que el cliente valora y por lo que está dispuesto a pagar”, resume Ana de Ucelay.
En ese momento, el entretenimiento deja de ser un complemento para convertirse en un activo estratégico. Un elemento capaz de generar diferenciación real en un mercado altamente competitivo.
Aunque Real Adventure se desarrolla en un contexto muy concreto, el de un establecimiento familiar en Lanzarote, lo que plantea va más allá de un caso aislado. Apunta hacia una tendencia más amplia en el sector: la necesidad de diseñar productos con mayor coherencia interna, donde todos los elementos respondan a una misma idea. “No es una zona”, concluye De Ucelay. “Es una forma de entender el producto”.