¿Es tu primera vez el Camino de Santiago? Guía con todo lo que necesitas saber antes de empezar
Publicada 20/05/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleEl Camino de Santiago es una red de rutas de peregrinación que confluyen en la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia. Aunque nació como itinerario religioso, hoy se ha consolidado como una experiencia cultural, natural y personal que atrae a viajeros de perfiles muy distintos.
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Para quienes se enfrentan por primera vez al Camino, la planificación es clave: elegir bien la ruta, preparar la mochila, conocer el funcionamiento de la credencial y adaptar las etapas a la condición física puede marcar la diferencia entre una experiencia satisfactoria y un recorrido demasiado exigente.
Qué es el Camino de Santiago y cómo funciona
No existe un único Camino de Santiago, la red jacobea está formada por múltiples rutas que llegan a Santiago de Compostela desde distintos puntos de España, Portugal y otros países europeos.
Entre las rutas más conocidas figuran el Camino Francés, el Camino Portugués, el Camino del Norte, el Camino Primitivo, la Vía de la Plata y el Camino Inglés
Antes de elegir una ruta conviene valorar la condición física, el tiempo disponible, la oferta de alojamiento y servicios, el tipo de paisaje, la experiencia cultural y el ambiente peregrino.
Las rutas más populares, como el Camino Francés o el Portugués, ofrecen más servicios y mayor contacto con otros peregrinos. Pero otras, como el Camino Primitivo o el Camino del Norte, requieren más planificación y favorecen una experiencia más tranquila.
Para obtener la Compostela, el certificado oficial de peregrinación, es necesario recorrer al menos 100 kilómetros a pie o 200 kilómetros en bicicleta. Durante el trayecto, los peregrinos deben sellar la credencial en albergues, iglesias, oficinas de turismo o establecimientos autorizados.
En caso que la peregrinación se interrumpiese y se retomase días o meses después en el mismo punto, el primer sello al volver debe corresponder al mismo lugar donde se selló por última vez antes de abandonar el Camino.
En 2025, 530.987 peregrinos recibieron la Compostela, un 6,4% más que en 2024 y un 90% más que hace diez años
La inmensa mayoría eligió hacer el Camino a pie: 469.546 personas, algo más del 93% del total. La bicicleta representó el 4% de las peregrinaciones, una opción habitual entre quienes disponen de menos tiempo o buscan cubrir más kilómetros por etapa. Los peregrinos a caballo, a vela o en silla de ruedas siguen siendo minoritarios, aunque su presencia crece ligeramente cada año.
Documentación y credencial del peregrino
La credencial del peregrino es el documento que acredita el recorrido realizado, debe sellarse a lo largo de cada etapa y presentarse al llegar a Santiago para solicitar la Compostela, siempre que se hayan cumplido las distancias mínimas exigidas.
Puede obtenerse en asociaciones de Amigos del Camino, parroquias, albergues, agencias especializadas y otros puntos autorizados. No debe confundirse con la Compostela: la credencial se lleva durante el Camino y se va sellando en ruta; la Compostela es el certificado que se solicita al finalizar la peregrinación.
Además de la credencial, conviene llevar DNI o pasaporte, tarjeta sanitaria, tarjeta bancaria, algo de efectivo, teléfono móvil y cargador o batería externa. En temporada alta, especialmente en julio y agosto, también es recomendable reservar alojamiento con antelación en las rutas más transitadas.
Cómo elegir ruta y punto de inicio
Para una primera experiencia, conviene elegir una ruta con buena señalización, servicios frecuentes, etapas asumibles y alojamiento suficiente. Según las cifras de 2025, el Camino Francés desde Sarria sigue siendo una de las opciones más prácticas: son unos 114 kilómetros, se completa en cinco o seis etapas y permite cubrir la distancia mínima necesaria para obtener la Compostela.
Otra alternativa recomendable es el Camino Portugués desde Tui, con unos 119 kilómetros hasta Santiago. Presenta una orografía suave, etapas cómodas y menor masificación que el tramo final del Camino Francés. Para quienes disponen de algo más de tiempo, Oporto permite vivir una experiencia más completa, con unos 240 kilómetros y entre 12 y 14 etapas.
Quienes cuentan con menos días pueden optar por el Camino Inglés desde Ferrol, de unos 120 kilómetros. Es una ruta breve, con dificultad moderada y suficiente infraestructura. En cambio, itinerarios como el Camino del Norte, el Camino Primitivo o la Vía de la Plata requieren mayor preparación física y una planificación más cuidadosa.
El punto de inicio también refleja el tipo de experiencia que busca cada peregrino, en 2025, Sarria volvió a ser el municipio más elegido, con 162.040 peregrinos, más del 32% del total. Le siguieron Oporto, con 51.574 peregrinos, y Tui, con 41.646
Por rutas, el Camino Francés fue de nuevo el más transitado, con 242.175 peregrinos, el 45,7% del total. Su infraestructura, señalización, red de alojamientos y valor cultural lo convierten en la opción más accesible para principiantes. La ruta completa parte de Saint-Jean-Pied-de-Port y recorre unos 780 kilómetros hasta Santiago, atravesando los Pirineos, Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia.
El Camino Portugués se consolidó como la segunda gran ruta, con 100.835 peregrinos, el 19% del total. Puede iniciarse en Lisboa, Oporto o Tui, aunque esta última opción es una de las más habituales para una primera experiencia de una semana. El Camino Portugués de la Costa también ganó peso, con unos 89.700 peregrinos, cerca del 17% del total, gracias al atractivo del recorrido junto al Atlántico y al auge de los puntos de inicio en Portugal y Galicia.
Entre las rutas menos masificadas destacan el Camino Inglés, con 30.204 peregrinos, y el Camino Primitivo, con 21.521. El primero es adecuado para quienes disponen de pocos días. El segundo, con salida en Oviedo y unos 314 kilómetros, es más exigente y recomendable para peregrinos con experiencia.
El Camino del Norte, que sigue la costa cantábrica desde Irún hasta Santiago, supera los 820 kilómetros y destaca por sus paisajes, aunque su perfil montañoso lo hace menos aconsejable para principiantes sin preparación previa. La Vía de la Plata parte de Sevilla y supera los 1.000 kilómetros, por lo que se considera una de las rutas más exigentes. Una alternativa más asequible es comenzar en Ourense para completar el tramo final hasta Santiago.
Te recomendamos leer:¿Cuántos kilómetros tiene el Camino de Santiago? Distancias reales según cada ruta
Resumen de las rutas para principiantes:
- Camino Francés desde Sarria: 114 km, 5-6 días, dificultad baja.
- Camino Portugués desde Tui: 119 km, 5-6 días, dificultad baja.
- Camino Inglés desde Ferrol: 120 km, 5 días, dificultad baja-media.
- Camino del Norte desde Villalba: unos 100 km, 5-6 días, dificultad media.
- Camino Primitivo desde Oviedo: 314 km, 14-15 días, dificultad alta.
- Vía de la Plata desde Ourense: unos 100 km, 4-5 días, dificultad media.
Qué llevar en la mochila
La mochila debe ser ligera, funcional y ajustada a la duración del Camino, como norma general, no debería superar el 10% del peso corporal del peregrino. Un exceso de carga puede provocar molestias, lesiones y fatiga acumulada.
Conviene incluir solo lo imprescindible: ropa técnica de secado rápido, chubasquero o poncho, botiquín básico, protección solar, cantimplora, documentación, saco ligero o sábana saco, artículos de higiene y cargador o batería externa. El calzado debe estar usado previamente y adaptado al pie. Estrenar botas o zapatillas durante el Camino aumenta el riesgo de ampollas.
La capacidad dependerá de la ruta, la época del año y el uso o no de traslado de equipaje. Para un Camino corto de 5 a 7 días suele bastar con 30 o 35 litros. Para rutas largas, lo habitual es una mochila de 40 o 50 litros. En invierno puede ser necesario llegar a 50 o 60 litros, aunque para la mayoría de peregrinos una mochila de 40 a 50 litros es suficiente.
La ropa debe ser cómoda, ligera y funcional. Una base práctica incluye 2 o 3 camisetas técnicas, 2 pantalones ligeros, 3 mudas de ropa interior, 3 pares de calcetines técnicos sin costuras y una prenda cómoda para dormir o descansar.
Conviene evitar las prendas de algodón, especialmente camisetas y calcetines, porque retienen la humedad y tardan más en secarse. Durante una etapa larga, esto puede provocar rozaduras, irritaciones y sensación de frío. Es preferible utilizar tejidos técnicos, ligeros y transpirables, que evacúan mejor el sudor y se secan con rapidez.
En invierno basta con añadir capas finas: chaqueta impermeable, plumífero ultraligero, guantes, gorro, braga y camiseta térmica.
También es útil llevar una mochila de día si se contrata traslado de equipaje, y en ella deberían ir agua, algún snack, crema solar, gafas de sol, móvil con GPS, chubasquero ligero, documentación, dinero y una prenda extra de abrigo.
Hay objetos pequeños que pueden facilitar mucho la experiencia, como tapones para los oídos, linterna frontal, funda de almohada, bastones si se utilizan y una bolsa para separar la ropa sucia o húmeda.
Conviene evitar los “por si acaso”: demasiada ropa, calzado nuevo, botes grandes de higiene, libros pesados, esterilla si se duerme en albergues, objetos duplicados y cualquier accesorio que no se vaya a usar a diario. Cada gramo cuenta, pero si durante la ruta sobra peso, es posible enviar parte del equipaje por Correos hasta el destino final.
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Consejos clave para principiantes
Antes de empezar, conviene entrenar durante varias semanas con caminatas progresivas y, si es posible, con la mochila que se llevará durante el viaje. La mayoría de etapas habituales oscilan entre 20 y 25 kilómetros diarios, por lo que llegar con una base física suficiente ayuda a reducir el riesgo de lesiones y fatiga.
La época del año también influye de forma decisiva, para una primera experiencia, los meses más recomendables suelen ser mayo, junio, septiembre y octubre. Las temperaturas son más moderadas, hay menos presión turística que en verano y resulta más sencillo encontrar alojamiento.
Julio y agosto ofrecen más servicios abiertos y un ambiente peregrino más intenso, pero también concentran mayor afluencia, especialmente en el tramo desde Sarria. Además, el calor puede ser elevado en algunas etapas, por lo que conviene reservar con antelación y adaptar los horarios de caminata.
El invierno, entre noviembre y febrero, es menos recomendable para principiantes. El frío, la lluvia, los días más cortos y el cierre de algunos albergues pueden complicar la experiencia. Aun así, puede ser una opción atractiva para peregrinos con experiencia que buscan más tranquilidad.
Lo más aconsejable es elegir una ruta ajustada al tiempo disponible, al estado físico y al tipo de experiencia que se busca: más social, más tranquila, más cultural o más vinculada a la naturaleza
También conviene tener en cuenta el calendario jacobeo, el próximo Año Santo Compostelano será en 2027, cuando el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, caerá en domingo. Ese año se espera una mayor afluencia de peregrinos, por lo que 2026 puede ser una buena opción para quienes buscan más disponibilidad y menos masificación.
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