Viajar sin dejar plástico atrás: el nuevo reto del turista sostenible
Día Mundial del Medio Ambiente: ¿qué ocurre con los residuos que generamos?
Publicada 05/06/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleCon motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra el 5 de junio, la gestión de los residuos plásticos vuelve a situarse en el centro del debate turístico y ambiental. Europa mantiene un papel relevante en este flujo global: en 2025, Alemania fue el mayor exportador mundial, con 810.000 toneladas enviadas al extranjero, seguida de Reino Unido, con 675.000 toneladas, según datos de Watershed Investigations y Basel Action Network (BAN).
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Estos datos plantean una pregunta creciente para el viajero: ¿qué ocurre con los residuos que genera durante sus desplazamientos?
El turismo no es el único responsable de este flujo global, pero sí forma parte de una economía de consumo en la que abundan los artículos de un solo uso. Hace unos días, en el artículo de Xavier Canalís "Zapatillas de cortesía en los hoteles: un pequeño detalle para el cliente, un gran problema ecológico", se abordaba uno de esos residuos, que son tan comunes en los hoteles: las zapatillas de cortesía.
Pero no son las únicas: amenities, botellas, bolsas de lavandería, vasos desechables o sobres monodosis forman parte del plástico cotidiano asociado a la experiencia turística.
La sostenibilidad del viaje ya no depende solo del transporte o del alojamiento elegido, sino también de reducir los residuos que quedan fuera de la maleta
Según BAN, las exportaciones de residuos plásticos desde Europa han seguido creciendo, con Turquía como uno de los principales destinos, seguida de Malasia, mientras que Indonesia figura también entre los receptores habituales.
Sedat Gündoğdu, biólogo marino turco que investiga la contaminación por plásticos, afirmó a The Guardian: “La costa mediterránea turca es la más contaminada de todo el Mediterráneo debido a los residuos plásticos de las plantas de reciclaje. Hay enormes cantidades de microplásticos; a veces, la gente ni siquiera puede bañarse en el mar por la cantidad de basura”.
La entrada en vigor de la norma genera preocupación por una posible redirección de los flujos hacia países de la OCDE con menor capacidad de gestión, como Turquía o algunos estados de Europa del Este
El dato no implica que esos residuos procedan directamente del turismo, pero ayuda a entender el problema de fondo: buena parte del plástico que se consume en Europa no se gestiona dentro de sus propias fronteras.
En el caso de España, Basel Action Network señala que las exportaciones de residuos plásticos a países no pertenecientes a la OCDE alcanzaron los 12 millones de kilos mensuales en octubre de 2025, frente a los 2,9 millones de kilos mensuales registrados en 2020.
Por otro lado, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés de European Environment Agency) advierte de que solo el 9% del plástico producido se ha reciclado, mientras que el 12% se ha incinerado. El resto continúa en uso, ha acabado en vertederos o ha sido liberado al medio ambiente, incluidos los océanos. El organismo alerta de que una gestión inadecuada de estos residuos puede causar daños ambientales graves.
Además, la mayor parte de la basura marina procede de fuentes terrestres y está compuesta principalmente por plástico. Según la EEA, los envases y pequeños objetos de plástico representan casi el 80% de los residuos plásticos y figuran entre los elementos más habituales en las playas europeas.
Su persistencia agrava el problema, ya que algunos materiales pueden tardar hasta 500 años en degradarse, con impactos sobre la vida marina y posibles efectos en la cadena alimentaria.
El plástico invisible del viaje
El plástico asociado al turismo rara vez se presenta como un problema evidente, no suele aparecer en forma de grandes residuos, sino de pequeños gestos: unas zapatillas de cortesía abiertas una sola noche, un minibote de gel usado a medias, una botella de agua colocada en la habitación, un vaso envuelto en film, una bolsa de lavandería o un sobre monodosis para el desayuno.
Son objetos pensados para mejorar la experiencia del cliente, pero muchos comparten la misma lógica: se entregan por defecto, se utilizan durante muy poco tiempo y después entran en una cadena de residuos difícil de seguir. Ahí está el problema, no se trata solo de cuánto plástico consume un hotel, sino de cuántos productos se convierten en residuo sin que el cliente los haya pedido realmente.
La Comisión Europea recuerda que los diez productos de plástico de un solo uso más frecuentes en las playas europeas, junto con los aparejos de pesca, representan el 70% de la basura marina en la UE
Esa presión ambiental ha empezado a trasladarse también a la regulación: el nuevo Reglamento europeo de envases y residuos de envases fija requisitos para reducir residuos, mejorar la reciclabilidad y avanzar hacia envases reutilizables o reciclables.
Para los hoteles, el cambio ya no consiste únicamente en retirar pajitas o sustituir botellas pequeñas por dispensadores. El reto es más profundo: revisar qué se ofrece, por qué se ofrece y si tiene sentido entregarlo automáticamente.
La sostenibilidad empieza antes del reciclaje, en la decisión de no generar el residuo
Algunas cadenas hoteleras ya han incorporado esta revisión a su operativa. Es el caso de Iberostar, que asegura que desde 2020 todos sus hoteles están libres de plásticos de un solo uso en la experiencia del huésped. Entre sus medidas figura la instalación de más de 1.300 fuentes de agua en sus establecimientos, una alternativa para reducir el consumo de botellas desechables.
Artiem por su parte, se ha unido al movimiento Alianza Menorca sin Plástico, auditando el uso del plástico en sus hoteles de Menorca para mejorar, cada día un poco más, sus resultados.
Otro ejemplo es el Kora Green City, el aparthotel Passivhaus que abrió en Vitoria-Gasteiz en agosto de 2022, que ha incorporado una operativa paperless basada en check-in online, reservas y señalética digital, además de amenities ecológicos, rellenables y veganos, puntos gratuitos de agua filtrada y envases libres de plásticos de un solo uso para reducir residuos durante la estancia.
Otros casos pueden ser IHG que anunció la sustitución de amenities en miniatura por formatos a granel en más de 4.000 hoteles -se definen como botellas o dispensadores de mayor tamaño, de al menos 235 ml, que no se reemplazan después de cada estancia del huésped-.
O Marriott, que calculó que el cambio a envases grandes con dosificador evitaría unos 500 millones de minibotellas al año, lo que equivale a unos 1,7 millones de libras de plástico, una reducción anual del 30% con respecto al uso actual de plástico en artículos de higiene personal.
Las medidas concretas son conocidas por todos: dispensadores rellenables en lugar de minibotes, amenities bajo petición, botellas reutilizables y fuentes de agua, eliminación de vasos, pajitas y agitadores de un solo uso, bolsas de lavandería de tela o papel, tarjetas fabricadas con materiales reciclados o biodegradables, y zapatillas de cortesía solo cuando el cliente las solicita.
Pero la clave no está en acumular iniciativas, sino en cambiar el criterio: pasar del “por si acaso” al “solo si es necesario”.
El cambio debe pasar no solo por sustituir los minibotes de gel, champú o crema por dispensadores rellenables, sino también por revisar la composición de los propios amenities y su impacto en el medio ambiente
Por parte del viajero, también tiene margen de decisión: puede rechazar productos que no va a utilizar, llevar una botella reutilizable cuando el destino lo permite, priorizar hoteles con dispensadores frente a monodosis, evitar cambios diarios de toallas y sábanas si no son necesarios o preguntar cómo separa residuos el alojamiento.
La pregunta, por tanto, ya no es si un hotel ofrece más detalles al cliente, sino si esos detalles tienen sentido ambiental. En una habitación, el residuo más sostenible no es siempre el que se recicla mejor, sino el que no llega a generarse.
Esta lógica ganará peso normativo a partir del 12 de agosto de 2026, cuando será aplicable el nuevo Reglamento europeo de envases y residuos de envases. La norma obligará a revisar formatos habituales en hostelería y restauración, desde pequeños envases hasta soluciones de un solo uso.
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