A lo largo de los siglos, miles de peregrinos procedentes de distintos puntos de España y de Europa utilizaron este camino para dirigirse hacia Santiago. Su importancia histórica fue especialmente notable hasta el siglo XVIII y todavía hoy conserva buena parte de ese atractivo gracias a un recorrido que mezcla patrimonio, naturaleza y un notable reto físico.
Qué es el Camino del Norte y por qué destaca
El Camino del Norte es una de las rutas históricas del Camino de Santiago. Recorre la cornisa cantábrica atravesando el País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia antes de llegar a la catedral compostelana. Con unos 820 kilómetros de longitud, es uno de los caminos más largos de todos los itinerarios jacobeos.
Su fama se debe principalmente a los paisajes que acompañan al peregrino durante gran parte del recorrido. Acantilados, playas, montes y espacios naturales protegidos forman parte de una ruta que en 2015 fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad junto con el Camino Primitivo. Además, atraviesa zonas de gran valor ambiental como el entorno del río Eo o las Terras do Miño.
Etapas del Camino del Norte
El recorrido completo se divide habitualmente en 34 etapas y conecta Irún con Santiago de Compostela siguiendo la costa durante buena parte del trayecto. En el camino se atraviesan más de 135 localidades, muchas de ellas con servicios para atender las necesidades de los peregrinos.
Una vez en Galicia, el acceso se realiza por Ribadeo tras cruzar la ría que separa Asturias de esta comunidad. Aunque la mayoría de etapas cuentan con infraestructura suficiente, existen algunos tramos donde los servicios son más escasos. Entre ellos destacan los recorridos entre Ribadeo y Lourenzá, Lourenzá y Abadín, y parte de la etapa entre Gernika y Lezama.
Dificultad y desnivel: lo que debes saber
La belleza del Camino del Norte tiene una contrapartida clara. Se trata de una de las rutas más exigentes de toda la red jacobea debido a los continuos desniveles que presenta a lo largo de buena parte del recorrido. Las constantes subidas y bajadas son una característica habitual, especialmente en los tramos del norte peninsular.
Entre las etapas consideradas más duras aparece con frecuencia la que une Deba y Markina-Xemein. Además de la escasez de servicios en algunos puntos, el recorrido obliga a afrontar la subida al monte Arno, que supera los 500 metros de altitud. A partir de ahí, los desniveles continúan encadenándose en un terreno que puede complicarse todavía más durante los periodos de lluvia, una circunstancia que convierte este camino en uno de los mayores desafíos para muchos peregrinos.
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