Así es Midsommar, la tradición más querida de Suecia y una de las más curiosas del solsticio de verano en Europa
Publicada 17/06/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleCuando se estrenó la película Midsommar en 2019, millones de espectadores descubrieron una inquietante historia ambientada en una remota comunidad sueca que celebraba el solsticio de verano. La película de Ari Aster convirtió el nombre de esta tradición en un fenómeno global, aunque la realidad es muy distinta a la ficción. Lejos de rituales oscuros y escenas perturbadoras, el verdadero Midsommar es una de las fiestas más importantes y queridas de Suecia, una celebración marcada por las flores, la naturaleza, la música y unas horas de luz que parecen no terminar nunca.
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Quienes vieron la película recordarán las coronas de flores, los vestidos blancos y los bailes colectivos alrededor de un gran poste decorado con hojas y plantas. Todos esos elementos forman parte de la celebración real del Midsommar, aunque su significado está muy alejado del terror que muestra la ficción.
Esta festividad marca la llegada del verano y tiene lugar en torno al solsticio, el momento del año en el que los días alcanzan su máxima duración. En 2026, la víspera de Midsommar se celebrará el viernes 19 de junio, siguiendo una tradición que en Suecia siempre tiene lugar entre el 19 y el 25 de junio. Para los suecos, es una fecha tan importante que a menudo se menciona junto a la Navidad como una de las grandes celebraciones del país.
Durante siglos, agricultores y comunidades rurales festejaron estas fechas como símbolo de fertilidad, abundancia y prosperidad. Hoy, aunque gran parte de la población vive en ciudades, la celebración sigue manteniendo ese fuerte vínculo con la naturaleza
La jornada empieza antes de que llegue la gran fiesta, donde familias y grupos de amigos salen a recoger flores silvestres, que después se trenzan con hojas verdes para crear las midsommarkransar, las coronas florales que se han convertido en uno de los símbolos más reconocibles del Midsommar. No son solo un adorno para llevar en el pelo, sino que forman parte del vínculo de la fiesta con la naturaleza y con esa idea de abundancia que acompaña al solsticio de verano.
La tradición también guarda su propia dosis de superstición, y según la creencia popular, quien recoja siete tipos distintos de flores y los coloque bajo la almohada durante la noche soñará con la persona de la que se enamorará.
Muchas coronas, además, no se tiran al terminar la fiesta, se dejan secar y se conservan en casa como símbolo de protección, casi como si una parte de esa noche luminosa pudiera permanecer durante el resto del año.
Después llega uno de los momentos más reconocibles de la celebración: la izada del maypole, o palo de mayo, una estructura decorada con hojas y flores alrededor de la cual se organizan bailes, canciones y juegos tradicionales.
Para quien tenga en mente la película, la escena puede despertar cierta inquietud, pero en la vida real el ambiente es festivo y familiar. Ni runas oscuras ni rituales sangrientos: lo que se celebra es la llegada del verano y la alegría de pasar el día al aire libre.
La luz tiene un papel esencial en todo lo que rodea al Midsommar y en buena parte de Suecia, el sol apenas se esconde durante estas fechas, y en el norte del país puede verse el conocido sol de medianoche. Esa claridad casi permanente permite que las reuniones se alarguen durante horas, con cenas al aire libre, música, brindis y conversaciones que parecen no tener prisa.
Como toda gran fiesta popular, el Midsommar también se sienta a la mesa y en esta ocasión el invitado de honor es el arenque en escabeche, acompañado de patatas nuevas hervidas, pescados, carnes y otros platos que cambian según la región. De postre, las fresas tienen un papel casi obligatorio, ya sea con nata o en forma de tarta (Jordgubbstårta).
Para beber, no falta la cerveza y, en muchas celebraciones, el akvavit, un aguardiente tradicional que se toma entre brindis y canciones. Con cada ronda se entona una melodía distinta, aunque la más popular es “Helan går”, cuyo nombre significa “todo se va” y alude al primer snaps de la serie. Según la tradición, quien se salta ese primer trago no puede pasar al siguiente, conocido como “Halvan”, “la mitad”.
Después de la comida y los brindis, el Midsommar continúa con juegos al aire libre en los que participa gente de todas las edades. Entre los más habituales están el femkamp, una serie de cinco pruebas divertidas como carreras de sacos o de huevos con cuchara, y el kubb, un popular juego sueco que consiste en derribar bloques de madera lanzando palos, con reglas que suelen variar según cada grupo.
Aunque muchos suecos aprovechan la fecha para irse al campo o reunirse en casas de verano, los visitantes también pueden vivir la experiencia en distintos puntos del país.
En Estocolmo por ejemplo, el museo al aire libre de Skansen organiza una de las celebraciones más conocidas, con coronas de flores, bailes tradicionales y actividades durante varios días.
El archipiélago de la capital también ofrece una versión especialmente atractiva del Midsommar, con islas como Grinda, Sandhamn o Vaxholm como escenarios junto al mar.
Para quienes buscan una imagen más tradicional, Dalarna suele aparecer como uno de los grandes referentes. Allí, los trajes folclóricos, la música popular, las guirnaldas y los paisajes rurales forman parte de una celebración que conserva buena parte de la esencia más reconocible del Midsommar.
También Gotemburgo y su entorno celebran la llegada del verano con encuentros en parques, bailes alrededor del mástil y fiestas en las islas cercanas.
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