Millones de toneladas de sargazo llegan a las costas: cara y cruz de una de las mayores invasiones de algas del mundo
El sargazo ahuyenta turistas porque "huele mal" y cuesta millones a los destinos
Publicada 20/06/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleFlorida, Cancún, Punta Cana, Jamaica, República Dominicana o Barbados comparten este verano una misma imagen: kilómetros de costa cubiertos por montañas de sargazo. La macroalga parda que flota en el Atlántico ha alcanzado niveles récord en 2026 y está provocando problemas en algunos de los principales destinos turísticos del mundo.
Escucha la noticia
El fenómeno afecta a la experiencia de los visitantes, genera malos olores, obliga a destinar millones de euros a labores de limpieza y altera la imagen de playas emblemáticas. Sin embargo, detrás de las fotografías de arena cubierta de algas existe una realidad más compleja, el sargazo también constituye uno de los ecosistemas flotantes más importantes del océano Atlántico y resulta esencial para numerosas especies marinas.
Los datos de la Universidad del Sur de Florida (USF) apuntan a que 2026 podría convertirse en el año con mayor cantidad de sargazo desde que comenzaron los registros satelitales
La llamada Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico se extiende miles de kilómetros desde África Occidental hasta el Caribe, el Golfo de México y el sureste de Estados Unidos. Según las estimaciones científicas, la biomasa flotante alcanzó alrededor de 40 millones de toneladas métricas durante mayo, superando anteriores récords.
Los científicos atribuyen la expansión del sargazo a una combinación de factores ambientales que han favorecido su crecimiento durante la última década, entre ellos destacan el aumento de la temperatura superficial del océano, que acelera los procesos biológicos; el mayor aporte de nutrientes procedentes de grandes cuencas fluviales como la del Amazonas; los cambios en las corrientes marinas y en los patrones de viento que facilitan su dispersión por el Atlántico; y el incremento de nitrógeno y fósforo asociado a la actividad humana, especialmente a través de fertilizantes agrícolas y vertidos orgánicos que terminan llegando al mar y actúan como un potente fertilizante para estas macroalgas.
El problema comienza cuando el sargazo deja de flotar en mar abierto y llega de forma masiva a la costa, al acumularse sobre la arena, entra en descomposición y libera sulfuro de hidrógeno, un gas responsable del característico olor a huevo podrido que denuncian residentes, hoteleros y turistas.
En destinos muy dependientes del sol y playa como el Caribe, el efecto es inmediato, porque dificulta el acceso al mar, deteriora la imagen de los arenales, genera quejas por malos olores y obliga a reforzar los dispositivos de limpieza.
En lugares como Miami Beach, Quintana Roo o República Dominicana además, la retirada del sargazo ya no se plantea como una actuación puntual, sino como un coste recurrente de gestión turística y ambiental.
La magnitud del fenómeno queda reflejada en las cifras de limpieza, solo en Quintana Roo, la Secretaría de Marina ha retirado ya más de 39.500 toneladas de sargazo en 2026, el equivalente a 39,5 millones de kilos, una cantidad que anticipa una de las temporadas más intensas registradas hasta la fecha. Y el problema ha alcanzado tal magnitud que los contribuyentes de Miami-Dade destinan cerca de 4 millones de dólares anuales a retirar sargazo de las playas.
A este impacto se suma otro problema menos visible, la pérdida de arena. Cuando las algas se retiran con maquinaria pesada, parte del sedimento queda atrapado en la biomasa y acaba fuera de la playa. Por eso, los expertos insisten en que la recogida debe hacerse con sistemas que minimicen la erosión o, siempre que sea posible, antes de que el sargazo alcance la orilla.
En Playa del Carmen, las autoridades informaron en marzo de 2025 de que habían recuperado más de 7.000 toneladas de arena mezcladas con el sargazo retirado durante los tres años anteriores, una muestra del impacto que la limpieza masiva puede tener sobre los propios arenales.
La gestión consiste en hacerlo sin agravar la fragilidad de unos litorales ya sometidos a presión por temporales, urbanización, y subida del nivel del mar
La previsión para los próximos meses apunta a una temporada intensa, según el sistema Sargassum Watch System de la Universidad del Sur de Florida prevé que los arribazones en el Caribe y el sureste de Florida continúen y puedan aumentar durante el verano, con 2026 camino de ser otro gran año de sargazo e incluso un ejercicio récord. Y por su parte, NOAA y la USF mantienen además mapas diarios de riesgo de llegada a costa para anticipar episodios y coordinar barreras de contención, vigilancia satelital y operativos de limpieza.
Pero el sargazo no es, en sí mismo, una “mala alga”, como la demonizan. En mar abierto cumple una función ecológica clave, sus mantos flotantes actúan como refugio, zona de alimentación y área de crianza para peces juveniles, tortugas marinas, cangrejos, camarones, moluscos e invertebrados. Para muchas especies, esas masas pardas son una especie de guardería natural en mitad del Atlántico.
El problema aparece cuando el volumen crece de forma desmesurada y termina llegando a las playas en cantidades que los ecosistemas y los destinos turísticos no pueden absorber.
Por eso, cada vez más empresas y centros de investigación intentan convertir parte del problema en una oportunidad industrial, por ejemplo, en el Caribe mexicano han surgido proyectos que transforman el sargazo en fertilizantes, materiales de construcción, paneles aislantes, cosméticos o productos de consumo.
Es el caso de Renovare, que comenzó fabricando calzado con PET reciclado y suelas de sargazo; por su parte, Ocean Biosphere, que gestiona residuos orgánicos y sargazo para producir composta utilizada por hoteles entre Cancún y Tulum; o Sarplac, que ha presentado paneles aislantes y tablaroca reforzada con sargazo, aunque todavía busca escalar su producción.
También destacan los bloques de construcción desarrollados por Blue-Green México, conocidos como Sargablock, elaborados con sargazo deshidratado y otros materiales orgánicos para levantar viviendas de bajo coste.
Estos proyectos muestran el potencial de una materia prima que, de otro modo, terminaría en vertederos, pero su uso industrial exige controles estrictos: el sargazo puede concentrar metales pesados, microplásticos y otros contaminantes, por lo que no cualquier aprovechamiento es viable ni seguro.
Mantente al día con Hosteltur
Sigue nuestros canales de WhatsApp y Telegram para recibir cada día una selección de nuestras mejores noticias, o suscríbete a nuestra newsletter para tener una visión completa del sector turístico en tu correo.
Para comentar, así como para ver ciertos contenidos de Hosteltur, inicia sesión o crea tu cuenta
Inicia sesiónEsta noticia no tiene comentarios.