Con la cuarta generación al frente del establecimiento familiar
El Hotel Regente de Madrid regresa a 1951 en su 75 aniversario
Conmemora sus 75 años de historia con un viaje al pasado
Publicada 19/06/26
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El Hotel Regente celebra su 75 aniversario convirtiendo sus espacios comunes en una recreación del Madrid de 1951, año de su apertura. Hasta el próximo 25 de junio el establecimiento de la Gran Vía propone a sus clientes un viaje simbólico al pasado con ambientación de época, música, decoración vintage y un homenaje a empleados, clientes y colaboradores. Una puesta en escena con la que busca que sus clientes hagan el check-in en 2026 y despierten en plenos años 50.
El Hotel Regente convierte así su aniversario en toda una experiencia para sus huéspedes. La máquina del tiempo se instala estos días en el establecimiento para revivir la atmósfera de una ciudad y una hotelería muy distintas a las actuales.
Un coche clásico da la bienvenida a los clientes a la entrada del establecimiento, en el que el personal viste de época, la decoración incorpora elementos vintage y la música está ambientada en aquellos años, además de un fotógrafo “a la antigua” que inmortaliza el momento.
El histórico tablao flamenco vecino del hotel desde 1960, Torres Bermejas, ha albergado este jueves una fiesta homenaje con entrega de reconocimientos a empleados, clientes y colaboradores que han formado parte de la trayectoria del establecimiento.
Cuatro generaciones en la Gran Vía
El Hotel Regente nació como proyecto de Juan Castellano Rodríguez y, cuatro generaciones después, continúa operando como uno de los pocos establecimientos familiares independientes en pleno centro de Madrid. En sus 75 años de historia ha atravesado la posguerra, crisis económicas, una pandemia, el temporal Filomena y hasta un apagón nacional.
Su continuidad se ha apoyado en una filosofía centrada en la cercanía y el trato humano, según destacan desde el alojamiento. Esa forma de entender la gestión hotelera se refleja especialmente en la relación con empleados que han desarrollado buena parte de su vida profesional en el hotel y con clientes habituales que han mantenido un vínculo prolongado con la casa.
Para Sandra Serrano-Piedecasas, perteneciente a la cuarta generación de propietarios, esa continuidad no puede entenderse sin las personas que han trabajado en él durante décadas. “Siempre hemos intentado que nuestros empleados se sientan parte de una familia. Primero está la persona y después el trabajador. Hay que saber acompañar a la gente en los momentos difíciles y ser agradecido. Quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas han desarrollado aquí toda su carrera profesional”, ha asegurado.
Los empleados, el alma del hotel
La historia del Hotel Regente también puede contarse a través de sus trabajadores. Pablo Villar, su actual director, lleva 33 años vinculado al establecimiento. Entró como recepcionista de noche y hoy ocupa el cargo que antes desempeñó su padre, Luciano Villar, quien comenzó como botones en 1951.
Según sus propias palabras, “mi padre y yo hemos sido los únicos directores del hotel en 75 años. He visto cómo cambiaba completamente el perfil de nuestros clientes. Antes la mayoría eran viajeros de negocios que regresaban cada semana y con los que acababas teniendo una relación casi familiar. Hoy, aunque recibimos visitantes de todos los rincones del mundo, aún mantenemos una cartera de clientes muy fiel”.
Villar ha sido testigo de la transformación operativa del sector hotelero. Cuando empezó, los registros se realizaban a mano, los datos de los huéspedes se llevaban diariamente a la comisaría y los pagos con tarjeta se procesaban mediante las conocidas “bacaladeras”, sistema mecánico que hoy pertenece a la memoria de la hostelería.
Otra de las trayectorias ligadas al Regente es la de Luisa Bernal, camarera de pisos desde 1982, cuyo trabajo “me permitió sacar adelante mi vida, formar una familia y dar estudios a mis hijos”. Recuerda un hotel en el que las camareras subían la ropa a pulso, limpiaban con jabón en polvo y estropajo de cuerda y aún no existían los carros de trabajo que hoy facilitan las tareas diarias. Durante más de cuatro décadas ha visto pasar por las habitaciones del Regente a miles de viajeros y artistas que actuaban en el cercano tablao Torres Bermejas.
También Joaquín Ardura, trabajador del hotel desde hace 48 años, representa esa memoria interna. Empezó como ayudante de camarero y ha ocupado diversos puestos dentro del establecimiento. “Éramos una gran familia. Si llegaba un cliente habitual sin reserva, siempre encontrábamos la forma de hacerle sitio. Había un vínculo muy especial con quienes volvían año tras año al hotel”, rememora.
En una época dominada por las grandes cadenas hoteleras y los modelos estandarizados, el Hotel Regente “reivindica el valor de la autenticidad: un negocio familiar que, 75 años después de abrir sus puertas, sigue adaptándose a los tiempos y mirando al futuro sin olvidar sus raíces”
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