El tren austríaco donde puedes cruzar los Alpes que atraviesa gargantas, túneles y puentes gigantes

Publicada 12/07/26

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La imagen más conocida de los Alpes suele estar ligada a carreteras de montaña, pero una de las formas de recorrer este paisaje es desde la ventanilla de un tren. Entre Innsbruck y Bludenz circula el Albergline, una ruta ferroviaria operada por WESTbahn que atraviesa el corazón del Tirol en un trayecto de 125 minutos. A lo largo del recorrido aparecen algunos de los puntos más conocidos de esta zona de Austria, con un paisaje que alterna montañas, prados, gargantas y construcciones que forman parte del trazado ferroviario desde hace décadas.

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Durante el viaje se pueden ver lugares como el puente de Trisanna, el castillo de Wiesberg y el valle de Paznaun. Uno de los elementos más llamativos de la línea es el puente de Trisanna, situado junto al castillo de Wiesberg, que alcanza 211 metros de longitud y 87 metros de altura.

A ello se suma el túnel de Arlberg, con una longitud de 10.250 metros, además del paso por Landeck y Langen am Arlberg, situado a 1.217 metros sobre el nivel del mar. La línea presenta una pendiente máxima del 3,1 %, lo que la convierte en una de las rutas ferroviarias más empinadas de Austria con tráfico regular de pasajeros y mercancías.

Los trenes que realizan este recorrido son convoyes de dos pisos equipados con acceso sin escalones, puertas amplias, asientos de cuero, enchufes, conexión wifi y aseos.

El precio de los billetes entre Innsbruck y Bludenz parte de unos 32 dólares (unos 27 euros) en clase estándar y pueden adquirirse a través de la web de WESTbahn, en las tiendas WESTshops, en estancos de Austria o directamente a bordo del tren. También son válidos los pases Interrail y Eurail de Austria y Alemania para viajar en los vagones de clase estándar de esta línea.

Para quienes lleguen desde fuera de la región, Innsbruck dispone de aeropuerto, aunque con conexiones limitadas. Otra posibilidad consiste en viajar primero hasta Viena y, desde la estación central de la capital austriaca, tomar un tren directo hasta Innsbruck, un trayecto que dura de media cuatro horas y 53 minutos.

Bludenz es el destino final de esta ruta ferroviaria. Desde la estación, el casco antiguo se encuentra a unos ocho minutos a pie y reúne callejuelas, soportales, cafés tradicionales y edificios históricos como la iglesia de San Lorenzo y el castillo de Gayenhofen.

La ciudad también destaca por encontrarse en la confluencia de cinco valles del sur de Vorarlberg, desde donde parten rutas de senderismo y recorridos en bicicleta por el entorno alpino. Quienes deseen regresar pueden hacerlo en el mismo Albergline o continuar el viaje por otras zonas de Austria utilizando esta línea, que también está incluida en el pase Eurail.

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