5 bodegas para descubrir Tomelloso en agosto y septiembre, un destino manchego para amantes del vino

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Publicada 21/07/26

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A finales del verano, cuando los racimos comienzan a alcanzar su punto óptimo de maduración y los viñedos de Castilla-La Mancha dibujan un paisaje que anticipa la vendimia, Tomelloso invita a descubrir una de las grandes capitales del vino en España. Pasear entre cepas cargadas de uvas, recorrer bodegas centenarias, conocer proyectos que recuperan variedades autóctonas o sorprenderse con espacios donde el arte convive con el vino son algunos de los planes que ofrece esta localidad manchega.

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Situada en el corazón del mayor viñedo continuo del mundo, Tomelloso convierte su tradición vitivinícola en una experiencia que va mucho más allá de una simple cata y que encuentra entre los meses de agosto y septiembre uno de los momentos más atractivos para visitarla.

Precisamente en este contexto, los días 7 y 8 de agosto la ciudad celebrará la XIV Fiesta del Vino en los jardines del Parque de la Constitución, una cita que reunirá a bodegas locales, música en directo y propuestas gastronómicas para acercar al público la riqueza enológica del destino y que se ha consolidado como uno de los eventos más destacados del verano manchego.

El paisaje se entiende a través del vino

Hablar de Tomelloso es hacerlo de una localidad cuya historia ha estado ligada a la vid durante más de dos siglos. Aunque sus orígenes se remontan al siglo XVI, fue a partir del XVIII cuando el cultivo de la uva comenzó a transformar la economía local hasta convertirla en uno de los grandes referentes vitivinícolas de España.

Castilla-La Mancha concentra cerca de la mitad del viñedo español y está considerada el mayor viñedo continuo del mundo, con alrededor de 450.000 hectáreas de cultivo

Este municipio ha desempeñado un papel protagonista en ese inmenso paisaje de cepas durante generaciones, llegando a convertirse en el mayor productor mundial de alcohol vínico a mediados del siglo XX.

Ese legado sigue muy presente, aunque hoy se descubre de otra forma, ya que las antiguas instalaciones industriales conviven con modernas bodegas abiertas al visitante, mientras los caminos entre viñedos ofrecen una imagen especialmente atractiva durante las semanas previas a la vendimia, cuando las cepas muestran los racimos en su máximo esplendor.

Cinco bodegas para descubrir el carácter de Tomelloso

  1. Bodegas Centro Españolas nació de una idea pionera para Castilla-La Mancha. A finales de los años ochenta, catorce empresarios apostaron por crear una bodega inspirada en el modelo de los château franceses, con una producción orientada a la calidad y al control integral del proceso, desde el viñedo hasta la botella. Allí nacieron los vinos Allozo y el brandy Casajuana, dos nombres que forman parte de la identidad enológica de la localidad.

  2. En Bodegas y Viñedos Verum, la tradición familiar se remonta a 1788. Sus viñedos ecológicos recuperan variedades casi desaparecidas como Tinto Velasco o Albillo Real y combinan técnicas actuales con la crianza en tinajas de barro, un elemento profundamente ligado a la historia vinícola manchega.

  3. La innovación encuentra su espacio en Viña Ruda, donde se desarrolla un singular sistema de elaboración mediante vinos de infusión, fruto de la colaboración con distintas universidades españolas. El resultado son elaboraciones de gran intensidad aromática que muestran otra forma de interpretar el potencial de la uva manchega.

  4. La dimensión del vino en Tomelloso se comprende especialmente en Virgen de las Viñas, una de las mayores cooperativas vitivinícolas del mundo, que reúne a más de 3.000 socios y gestiona unas 20.000 hectáreas de viñedo. La visita permite además descubrir el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena, donde el arte y la cultura del vino comparten protagonismo en un espacio único.

  5. Muy cerca del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, Casaquemada apuesta por una elaboración pausada basada en la vendimia nocturna, largas fermentaciones y crianzas prolongadas en barrica. Un proyecto familiar que demuestra cómo la búsqueda de la calidad también forma parte del paisaje manchego.

Entre finales de agosto y septiembre, la localidad vive uno de los momentos más especiales del año, ya que los viñedos lucen cargados de uvas y muchas bodegas organizan visitas en las que es posible conocer de cerca cómo se prepara una de las campañas más importantes para el sector.

Es el momento perfecto para combinar recorridos entre viñas, degustaciones comentadas, gastronomía manchega y paseos por una localidad donde el vino no solo forma parte de la economía, sino también de su identidad cultural.

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