El pueblo de Menorca donde amanece primero en España: tiene herencia inglesa y fortificaciones históricas

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Publicada 18/07/26

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Situado en el extremo oriental de Menorca, junto a la entrada del puerto de Maó, este pequeño municipio mantiene una de las huellas británicas más visibles de la isla. Su trazado ordenado, sus edificios de tonos rojizos, las antiguas instalaciones militares y el recuerdo de Georgetown, el nombre con el que fue fundado en 1771, trasladan al viajero a una época en la que las grandes potencias europeas se disputaban el control del Mediterráneo. A ese legado se suman un antiguo puerto de pescadores convertido en uno de los rincones más agradables para cenar junto al mar, fortalezas excavadas en la roca y el privilegio de contemplar algunos de los primeros amaneceres de España.

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Es Castell nació estrechamente ligado a la presencia militar británica en Menorca. La población fue fundada en 1771 con el nombre de Georgetown, en honor al rey Jorge III, y todavía conserva numerosos elementos que recuerdan aquel periodo. Tras la recuperación española de la isla pasó a denominarse Real Villa de San Carlos, aunque finalmente recuperó el nombre popular de Es Castell en 1989.

No es necesario conocer todos esos cambios históricos para advertir que se trata de un lugar diferente, ya que basta con pasear por sus calles rectas, observar la disposición de las viviendas o detenerse frente a los antiguos cuarteles que rodean la plaza principal.

La arquitectura conserva tonos rojizos que contrastan con el blanco habitual de muchos pueblos mediterráneos. En algunas viviendas todavía se aprecian ventanas de guillotina, un elemento poco común en la arquitectura española, y fachadas de ese característico rojo inglés que recuerda al ladrillo británico.

Y su localización no es pura casualidad, se encuentra en la orilla sur de la bocana del puerto de Maó, uno de los grandes puertos naturales del Mediterráneo y un enclave estratégico durante siglos para controlar el tráfico marítimo y proteger la isla.

Su posición en el extremo oriental de Menorca permite contemplar algunos de los primeros amaneceres del país. Esa relación con la salida del sol ha quedado resumida en el lema turístico del municipio: “donde nace el día”.

Los primeros rayos aparecen sobre el Mediterráneo y se reflejan en las aguas del puerto de Maó, creando una de las imágenes más reconocibles de la localidad.

Pasear junto al litoral antes de que comience la actividad diaria permite descubrir una cara más sosegada de Es Castell, cuando el puerto todavía conserva la calma y la luz empieza a cambiar el color de las fachadas

Buena parte de su historia puede entenderse recorriendo las fortificaciones situadas en los alrededores. En la cala de Sant Esteve se encuentra el Fuerte Marlborough, una construcción defensiva levantada por los británicos en el siglo XVIII y excavada parcialmente en la roca.

El fuerte formaba parte del sistema diseñado para proteger la entrada del puerto junto con el castillo de San Felipe y la torre de Stuart, también conocida como torre d’en Penjat. Su interior permite recorrer galerías, fosos y espacios defensivos mientras una exposición explica los enfrentamientos que marcaron el siglo XVIII menorquín.

Es Castell, el pueblo de Menorca con alma británica donde el día comienza frente al Mediterráneo
Galería en el Fuerte Marlborough. Fuente: Edipress.

Aunque más antigua fue la fortaleza de San Felipe, construida a mediados del siglo XVI en la orilla sur de la entrada del puerto de Maó para hacer frente a los ataques de las flotas otomanas. Con la llegada de los británicos fue ampliada hasta convertirse en una de las construcciones defensivas más importantes del Mediterráneo.

Aunque buena parte del castillo fue demolida a comienzos del siglo XIX, bajo tierra permaneció una extensa red de galerías, túneles y dependencias. Ese entramado subterráneo puede visitarse actualmente y permite comprender la escala que llegó a alcanzar la fortaleza.

El recorrido conduce por espacios estrechos y pasadizos excavados en el subsuelo, lejos de la imagen luminosa que suele asociarse con Menorca. Allí se recuerda el prolongado asedio de 1781 y 1782, cuando las tropas españolas recuperaron la isla después de meses de resistencia británica.

Y en el centro de Es Castell, la plaza de s’Esplanada conserva la amplitud propia de una antigua plaza de armas. A su alrededor se sitúan el Ayuntamiento, reconocible por su torre con reloj, y varios edificios militares que con el paso del tiempo han adquirido usos civiles.

El municipio mantiene así una estructura urbana organizada en torno a esta gran explanada, donde las calles rectas y los antiguos cuarteles recuerdan el origen militar de Georgetown

Uno de esos edificios alberga el Museo Histórico Militar de Menorca, cuyas salas recorren la historia defensiva de la isla y reúnen piezas, documentos, planos y maquetas relacionados con las diferentes ocupaciones y conflictos vividos en Menorca.

El museo ayuda a entender por qué un territorio de dimensiones relativamente reducidas llegó a concentrar tantas fortificaciones. Su puerto, su posición en las rutas mediterráneas y el interés de británicos, franceses y españoles convirtieron la isla en una pieza estratégica durante buena parte del siglo XVIII.

Y a unos pocos minutos de la plaza, las calles descienden hacia Calesfonts, el antiguo muelle de pescadores que concentra la vertiente más mediterránea del municipio.

Es Castell, el pueblo de Menorca con alma británica donde el día comienza frente al Mediterráneo
Vista de Calesfonts. Fuente: Edipress.

Las pequeñas cuevas excavadas junto al puerto, utilizadas tradicionalmente para guardar embarcaciones y aparejos, se han transformado en tiendas, talleres y locales de restauración. Frente a ellas se suceden terrazas donde probar pescado, productos menorquines y recetas vinculadas al mar.

Los tradicionales llaüts menorquines forman parte del paisaje junto a barcos de recreo y pequeñas embarcaciones de pesca. Estas barcas de madera, adaptadas durante generaciones a la navegación insular, recuerdan la estrecha relación de Menorca con el mar.

Al caer la tarde, la luz se refleja sobre las barcas y las fachadas mientras el paseo comienza a llenarse. Es uno de esos lugares donde no hace falta buscar un monumento concreto, sino más bien, el principal atractivo consiste en caminar junto al agua, sentarse en una terraza y observar cómo cambia el puerto cuando desaparece el sol.

Muy cerca de Calesfonts se encuentra Cala Corb, una pequeña ensenada de ambiente más tranquilo y vinculada a la vida local, donde se esconde uno de los rincones más singulares del municipio, Es Cau, un establecimiento instalado en una cueva sobre el acantilado y conocido por sus veladas de verano con canciones tradicionales menorquinas.

Más allá del casco urbano y de las fortificaciones, el entorno de Es Castell puede recorrerse a través de caminos rurales delimitados por paredes de piedra seca. Estas construcciones, levantadas sin argamasa, forman parte del paisaje cultural de Menorca y reflejan una manera tradicional de ordenar el territorio.

Recorrer estos senderos a pie o en bicicleta permite descubrir campos, calas y rincones menos transitados, y también ofrecen una imagen distinta de la isla, alejada de las playas más conocidas y vinculada a una relación cotidiana con la tierra y el mar.

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