La reactivación de la guerra en Oriente Medio ha frenado la recuperación que el transporte aéreo internacional empezaba a consolidar tras las graves disrupciones experimentadas desde marzo y hasta el inicio de la tregua. La nueva escalada no ha provocado un cierre completo de la red, pero sí ha estrechado los corredores disponibles entre Europa y Asia, multiplicado las cancelaciones de vuelos preventivas y devuelto la incertidumbre a los principales hubs del Golfo, estratégicos para el tráfico turístico mundial.
El principal cambio operativo llegó con las nuevas advertencias de EASA. La agencia europea recomienda no volar sobre Irán, Irak, Líbano y Jordania, y ha extendido su evaluación de alto riesgo a Bahréin, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y parte del Golfo de Omán. El peligro procede de misiles, drones, interceptaciones, defensas antiaéreas y posibles errores de identificación de aeronaves civiles durante episodios de actividad militar intensa en toda la región.
Presión sobre espacio aéreo y hubs
La ampliación del perímetro de riesgo afecta directamente a Dubái, Doha y Abu Dabi, tres nodos fundamentales para los viajes entre Europa, Asia, África oriental, el océano Índico y Australasia. Aunque los aeropuertos y las aerolíneas locales mantienen una parte importante de sus operaciones, las restricciones aplicadas a operadores extranjeros reducen vuelos, alternativas de conexión y capacidad para recolocar pasajeros cuando una rotación se cancela, se desvía o cambia de horario.
Las compañías aéreas han respondido con estrategias distintas, pero todas condicionadas por la volatilidad del espacio aéreo. British Airways mantiene medidas extraordinarias para viajes a Abu Dabi, Amán, Bahréin, Doha, Dubái, Tel Aviv, Yeda y Riad. Lufthansa Group prolongó suspensiones en varios destinos regionales, mientras Air France redistribuyó capacidad hacia Asia. Iberia, por su parte, mantiene cancelados sus vuelos con Tel Aviv y ha aplicado medidas de flexibilidad para los pasajeros afectados en Doha.
El combustible de aviación europeo se encareció un 26% en apenas dos semanas, según los datos recopilados por Eurocontrol
Los datos de Eurocontrol muestran hasta qué punto la reactivación del conflicto ha enfriado la mejoría. Entre el 13 y el 19 de julio, el tráfico entre Europa y Oriente Medio aumentó únicamente un 1% respecto a la semana anterior y permaneció un 3% por debajo de 2025. Dos semanas antes, después del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, los vuelos habían crecido un 13% semanal y superaban ya los niveles previos.
El aeropuerto de Doha, en Qatar, es uno de los hubs afectados por la reactivación del conflicto en Oriente Medio. Fuente: AdobeStock
El deterioro no solo se refleja en el número de operaciones. Cada desvío obliga a consumir más combustible, ajustar turnos de tripulaciones y reducir la utilización diaria de los aviones. Eurocontrol situó el queroseno de aviación europeo en 3,66 dólares por galón el 17 de julio, un 26% más que dos semanas antes. En plena temporada alta, ese incremento presiona márgenes y dificulta absorber los costes sin trasladarlos a tarifas.
La previsión de beneficios cae casi a la mitad
IATA ya había rebajado drásticamente sus previsiones antes de la última escalada de julio. La asociación estima que las aerolíneas obtendrán en 2026 un beneficio neto conjunto de 23.000 millones de dólares, frente a los 41.000 millones calculados anteriormente. Para Oriente Medio anticipa pérdidas de 4.300 millones, debido a menor demanda, cancelaciones, reducción de capacidad, pérdida de pasajeros en conexión y un fuerte aumento de los gastos operativos durante el presente ejercicio.
El intento de bloqueo de Bab el Mandeb puede tensionar nuevamente el petróleo y aumentar la actividad militar junto a corredores aéreos alternativos
A la inestabilidad aérea se suma ahora el intento de bloqueo del mar Rojo anunciado por los hutíes contra el tráfico vinculado a Arabia Saudí. La amenaza se concentra en el estrecho de Bab el Mandeb, pero las consecuencias de lo que sucede en el mar alcanzan a la aviación: puede elevar nuevamente el petróleo, alterar suministros de combustible y extender la actividad de misiles, drones y defensas aéreas hacia corredores utilizados por vuelos que tratan de evitar Irán, Irak y el Golfo.
Ante esta situación, Europa resulta especialmente vulnerable porque dispone de pocas alternativas eficientes para conectar con Asia. El espacio aéreo ruso continúa fuera del alcance de numerosas compañías, Ucrania permanece cerrada y los corredores meridionales atraviesan zonas próximas a Yemen y Arabia Saudí. Volar más al norte o al sur aumenta distancias y costes. Además, la menor oferta de las compañías europeas refuerza temporalmente a operadores asiáticos o del Golfo capaces de mantener itinerarios distintos.
España afronta cancelaciones hacia Tel Aviv, incidencias en Doha y una menor estabilidad en las conexiones de largo radio mediante los hubs del Golfo
Para España, el impacto directo se concentra en las conexiones con Israel y Qatar, pero el efecto comercial es más amplio. Madrid y Barcelona alimentan servicios hacia Asia, África oriental, Maldivas, Mauricio y Australia mediante Doha, Dubái y Abu Dabi. Las incidencias en esos hubs pueden provocar cambios de día, escalas adicionales o pérdida de enlaces. Iberia ofrece reembolsos o modificaciones cuando cancela Doha y mantiene suspendida Tel Aviv hasta octubre.
Adaptación a costa de la eficiencia
Por tanto, el escenario actual apunta a una recuperación más lenta y desigual, no a una paralización total. La aviación seguirá adaptándose mediante rutas alternativas, ajustes de capacidad y políticas flexibles, pero la red será menos eficiente y más cara mientras persistan los ataques. Para el turismo europeo y español, la principal amenaza es la pérdida de previsibilidad: vender largo radio exige ahora más margen, seguimiento operativo y capacidad para reaccionar ante cancelaciones repentinas.
Para comentar, así como para ver ciertos contenidos de Hosteltur, inicia sesión o crea tu cuenta
Inicia sesiónEsta noticia no tiene comentarios.