Isla de calor urbana: por qué las ciudades se convierten en hornos durante las olas de calor
Publicada 01/08/26
Añadir HOSTELTUR en GoogleEspaña afronta un nuevo episodio de temperaturas extremas con valores que pueden alcanzar entre 40 y 42 ºC en diferentes áreas del interior, el valle del Ebro, el tercio oriental y el cuadrante suroeste. El episodio, iniciado a finales de julio de 2026, vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que multiplica el impacto del calor en los principales destinos urbanos: la isla de calor.
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La acumulación de asfalto, hormigón y edificios, unida a la escasez de vegetación y a la generación de calor procedente del tráfico y la climatización, hace que los centros urbanos permanezcan más calientes que las zonas rurales próximas. Aunque la diferencia se aprecia especialmente por la noche, cuando las superficies construidas liberan lentamente la energía almacenada durante el día. Se trata de un problema que afecta a residentes y trabajadores, pero también a los visitantes, y nos plantea nuevos desafíos para el turismo urbano.
Las altas temperaturas condicionan las visitas culturales, reducen el uso del espacio público durante las horas centrales y obligan a destinos, hoteles y organizadores de actividades a adaptar horarios, recorridos y servicios
Hace unos días, el Gobierno presentó una Red de Refugios Climáticos integrada inicialmente por más de 180 espacios de la Administración General del Estado, operativos cada año entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre. Un mapa estatal que reúne ya más de 1.100 espacios identificados, entre instalaciones interiores y exteriores, donde podemos encontrar desde archivos, ayuntamientos, parques, centros sociales, universidades, hasta centros comerciales.
"Nos interpela una realidad incontestable, estamos ante el mayor reto de nuestra era: la emergencia climática. Una emergencia que la ciencia nos confirma que se acelera, con fenómenos extremos cada vez más frecuentes, intensos y duraderos", ha afirmado la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.
El mapa del MITECO contabilizaba, en el momento de su consulta, 1.121 refugios, de los cuales 899 eran interiores y 210 exteriores. La cifra puede variar a medida que se incorporen nuevos centros
Para el turismo, estos espacios pueden convertirse en un nuevo componente de la información al visitante. Las oficinas de turismo, los establecimientos hoteleros y las empresas de actividades pueden incorporarlos a sus recomendaciones, especialmente para personas mayores, familias con niños, viajeros con enfermedades crónicas o visitantes poco habituados a temperaturas extremas.
La puesta en marcha de estos espacios accesibles para proteger a la población frente al calor invita a mirar más de cerca qué ocurre realmente en las ciudades durante los episodios extremos. Cada verano vuelve a circular en redes sociales algún vídeo grabado en la Plaza Mayor de Madrid que muestra una diferencia llamativa: mientras la temperatura oficial del aire en el centro de la capital puede situarse entre los 33 y los 40°C, el pavimento y otras superficies expuestas al sol pueden alcanzar valores cercanos a los 63,5°C.
La falta de sombra, la acumulación de radiación y la capacidad del granito y otros materiales urbanos para absorber y liberar calor convierten estos espacios en puntos especialmente hostiles durante las horas centrales del día. Esa brecha entre la temperatura ambiente y la que soportan las superficies ayuda a entender por qué conviene ahondar en la llamada isla de calor urbana.
¿Qué es una isla de calor urbana?
La isla de calor urbana es la diferencia de temperatura que se produce entre una ciudad y las áreas menos urbanizadas de su entorno, es decir, no significa necesariamente que toda la ciudad mantenga la misma temperatura, ya que el efecto puede variar de una calle a otra en función de la sombra, la anchura de las vías, la presencia de árboles, la orientación de los edificios o la circulación del aire.
La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) utiliza factores como el grado de impermeabilización del suelo, la cobertura vegetal, el uso del terreno, la altitud y el calor generado por las actividades humanas para estudiar la intensidad de este fenómeno en las ciudades europeas.
Durante el día, el asfalto, las fachadas y las cubiertas absorben radiación solar, pero cuando cae la noche, esos materiales continúan desprendiendo calor, mientras que las zonas rurales o con mayor vegetación se enfrían con más rapidez. Por eso, la isla térmica suele resultar especialmente problemática durante las noches tropicales o tórridas.
El organismo humano dispone de menos tiempo para recuperarse de la exposición térmica del día, aumenta el uso del aire acondicionado y se incrementa la presión sobre los servicios sanitarios y energéticos. Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que las olas de calor pueden sobrecargar los sistemas sanitarios, eléctricos, de transporte y suministro de agua, y que sus efectos se agravan en los entornos urbanos debido a la isla de calor.
¿Por qué hace más calor en el centro de las ciudades?
La temperatura urbana responde a una combinación de factores, y uno de los principales es la sustitución del suelo natural por superficies impermeables, como calzadas, plazas pavimentadas, edificios y aparcamientos.
Entre los elementos que más influyen, encontramos:
- Asfalto y hormigón: absorben una parte importante de la radiación y liberan el calor de forma progresiva.
- Escasez de árboles: reduce la sombra y la evapotranspiración, el proceso mediante el cual la vegetación contribuye a refrigerar el ambiente.
- Edificios muy próximos: pueden impedir la ventilación y formar cañones urbanos en los que queda atrapado el aire caliente.
- Tráfico y climatización: los motores, las instalaciones industriales y los aparatos de aire acondicionado expulsan calor al exterior.
- Falta de suelo permeable: limita la presencia de humedad y reduce el enfriamiento asociado a la evaporación.
- Diseño de las calles: la orientación, altura y anchura de los edificios determina la entrada de sol y la circulación del viento.
La contaminación atmosférica influye en el balance radiativo y en la calidad del aire, aunque no debe presentarse como una explicación única o automática de la isla de calor, ya que el fenómeno depende fundamentalmente de las características físicas y funcionales de cada tejido urbano.
¿Cuántos grados puede sumar la isla de calor?
No existe una cifra única aplicable a todas las ciudades, como hemos comentado, la diferencia depende del momento del día, la estación, la meteorología y la forma urbana. En situaciones favorables, el centro de una ciudad puede registrar varios grados más que la periferia o el entorno rural.
Aunque encontramos diferencias más intensas que suelen aparecer en noches despejadas y con poco viento, ya que la ventilación ayuda a dispersar el calor acumulado, mientras que el aire estancado favorece su permanencia cerca de la superficie.
También es importante distinguir entre la temperatura del aire y la temperatura de las superficies, en otras palabras, un pavimento expuesto al sol puede alcanzar valores muy superiores a los que marca una estación meteorológica, aumentando la radiación que recibe un peatón y empeorando su sensación térmica.
¿Qué ciudades sufren más?
Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Málaga y Palma figuran entre las ciudades españolas donde el calor urbano adquiere una especial relevancia por su tamaño, densidad, clima o actividad turística. Sin embargo, no es riguroso establecer una clasificación absoluta sin emplear una metodología homogénea y datos comparables del mismo periodo.
En Madrid, la extensión urbana y la distancia respecto al mar favorecen contrastes térmicos entre el centro, los grandes parques, los municipios periféricos y los espacios rurales. Por su parte, Barcelona, Valencia, Málaga y Palma, la influencia marítima puede moderar las máximas en algunas zonas, pero la humedad y la persistencia de temperaturas nocturnas elevadas pueden incrementar el estrés térmico.
En Sevilla, el calor propio del valle del Guadalquivir se combina con áreas densamente edificadas y calles expuestas a una elevada radiación. La arquitectura tradicional, con patios, sombra, fuentes y calles estrechas, demuestra que la adaptación térmica forma parte desde hace siglos del diseño urbano mediterráneo.
Tampoco se distribuye de manera uniforme; los barrios con menos arbolado, viviendas peor aisladas, escasez de espacios públicos refrigerados y mayor exposición al tráfico presentan una vulnerabilidad superior
Las olas de calor devuelven el problema a la actualidad
La isla de calor no provoca una ola de calor ni origina por sí sola un incendio, pero puede intensificar sus efectos en las ciudades. Durante el episodio de finales de julio de 2026, con temperaturas superiores a 35ºC en amplias zonas y máximas de entre 40 y 42ºC en áreas del interior, la acumulación de calor en calles y edificios prolonga el estrés térmico, especialmente durante la noche.
Al mismo tiempo, las altas temperaturas, la baja humedad y el viento elevan el riesgo de propagación de los incendios forestales, otro de los grandes focos de preocupación este verano en España. El fuego necesita una fuente de ignición y su evolución depende también de la vegetación, la orografía, la gestión del territorio y la capacidad de extinción, pero las condiciones meteorológicas extremas pueden favorecer que avance con mayor rapidez y resulte más difícil de controlar.
¿Cómo pueden enfriarse las ciudades?
No existe una única medida capaz de eliminar la isla de calor urbana, por lo que las estrategias más eficaces combinan planificación, vegetación, agua, rehabilitación de edificios y protección de la salud. Aunque una de las intervenciones más visibles es el aumento del arbolado, ya que los árboles proporcionan sombra y ayudan a enfriar el aire mediante la evapotranspiración. Sin embargo, su plantación debe planificarse teniendo en cuenta la disponibilidad de agua, la especie elegida, el espacio para las raíces y su adaptación al entorno urbano. Sin mantenimiento, el efecto de estas actuaciones se reduce y puede generar nuevos problemas.
También resulta clave actuar sobre los materiales que cubren calles, plazas y edificios. Los pavimentos claros o de alta reflectancia absorben menos energía que las superficies oscuras, mientras que las cubiertas verdes y las fachadas vegetales pueden mejorar el aislamiento y reducir la acumulación de calor. Estas soluciones, no obstante, requieren estudios previos, mantenimiento y una adaptación a las características estructurales de cada inmueble.
El diseño urbano puede contribuir igualmente a mejorar la ventilación y a crear recorridos más habitables durante los meses cálidos. La orientación de las calles, la apertura de corredores de aire y la incorporación de toldos, pérgolas, soportales o cubiertas temporales permiten reducir la exposición directa al sol en plazas, colegios, zonas comerciales y paradas de transporte.
El agua y los suelos permeables también desempeñan un papel relevante: las fuentes, las láminas de agua y los sistemas de drenaje urbano sostenible pueden favorecer el enfriamiento, siempre que su uso se ajuste a la disponibilidad hídrica. Al mismo tiempo, recuperar superficies permeables facilita la infiltración de la lluvia y reduce la temperatura que alcanzan los pavimentos.
A estas medidas se suma la rehabilitación de viviendas, hoteles y otros edificios, que al mejorar el aislamiento, incorporar protecciones solares, facilitar la ventilación nocturna y utilizar sistemas eficientes de climatización permite reducir el consumo energético y elevar el confort interior. En los alojamientos turísticos, estas actuaciones influyen además en los costes operativos y en la experiencia del cliente durante los episodios de calor extremo.
Protégete del calor durante un viaje urbano
Durante una ola de calor, conviene adaptar los horarios y la planificación del viaje para reducir la exposición en las horas más adversas. Las visitas al aire libre pueden concentrarse a primera hora de la mañana o al final de la tarde, mientras que los momentos centrales del día deberían reservarse para espacios interiores, zonas climatizadas o lugares con sombra. Mantener una hidratación frecuente y evitar la actividad física intensa también ayuda a reducir el riesgo de agotamiento térmico.
Estas precauciones deben extremarse en el caso de niños, personas mayores, embarazadas y viajeros con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales, así como entre quienes trabajan o pasan muchas horas al aire libre.
Antes de salir, resulta recomendable consultar los avisos oficiales e identificar refugios climáticos, centros culturales, bibliotecas, museos o establecimientos en los que sea posible descansar y recuperar una temperatura corporal adecuada.
No basta, además, con fijarse únicamente en la máxima prevista, hemos aprendido que debemos revisar también la humedad, el viento, la radiación solar y la ausencia de enfriamiento nocturno pueden empeorar la sensación térmica y prolongar los efectos del calor.
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