Ocho de cada diez viajeros encuentran barreras de accesibilidad en sus vacaciones

Publicada 05/08/26 15:11h

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Una escalera sin alternativa, una puerta demasiado pesada o un ascensor en el que no cabe una silla de ruedas pueden convertir el comienzo de las vacaciones en el final del viaje. Ocho de cada diez españoles aseguran haber encontrado barreras de accesibilidad durante sus desplazamientos o en los destinos turísticos, mientras que un 16% de las personas con movilidad reducida llega a descartar sus vacaciones por estas dificultades.

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Los datos proceden del informe "Viajar con movilidad reducida", elaborado por la Fundación Mutua de Propietarios a partir de 2.300 encuestas. El estudio pone de relieve una contradicción: las barreras son visibles para la mayoría de la población, pero el 79% considera que la sociedad no comprende realmente las dificultades que afrontan quienes tienen problemas de movilidad.

El informe califica con una puntuación de 5,5 sobre 10 la accesibilidad de la oferta turística en España

Más allá de la calificación, el informe señala una consecuencia directa para el sector: las barreras arquitectónicas condicionan la posibilidad de viajar de 2,4 millones de personas con movilidad reducida en España.

El 16% renuncia a viajar por las barreras

La decisión de reservar un alojamiento o elegir un destino no depende únicamente del precio, la conectividad o los atractivos turísticos. Para una persona con movilidad reducida, también exige comprobar la anchura de las puertas, la existencia de escalones, las dimensiones del ascensor, la accesibilidad del baño o la posibilidad de desplazarse de forma autónoma por las instalaciones.

Cuando estas garantías no existen, o la información disponible no permite confirmarlas, el viaje puede quedar descartado. Y según el informe, el 16% de las personas con movilidad reducida renuncia a irse de vacaciones debido a los problemas de accesibilidad.

Esta diferencia evidencia que una barrera que puede pasar inadvertida para una parte de los huéspedes se convierte en un elemento determinante para otros.

Un pequeño desnivel, una rampa con demasiada pendiente o una recepción sin mostrador adaptado pueden limitar la autonomía del viajero, incluso cuando el establecimiento se presenta como accesible

El descontento no se limita a quienes necesitan directamente estas adaptaciones, ya que el 83% del conjunto de la población considera insuficiente la oferta de turismo accesible en España, mientras que el porcentaje se sitúa en el 76% entre las personas con movilidad reducida.

Esta aparente diferencia no implica que los usuarios afectados perciban menos barreras, si no que las identifican con más frecuencia y que sus consecuencias son mayores, pero también pueden valorar la oferta desde su experiencia directa con establecimientos o servicios que sí han incorporado soluciones accesibles. El resultado revela, en cualquier caso, que la accesibilidad continúa lejos de estar integrada de manera homogénea en toda la cadena del viaje.

COCEMFE (Federación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica) define el turismo accesible como aquel que tiene en cuenta la diversidad social y permite utilizar los servicios en igualdad de condiciones.

Los hoteles ofrecen más garantías

Los hoteles y hostales son los alojamientos que generan una mayor percepción de accesibilidad entre los encuestados, con una puntuación de 3,59 sobre 4. Y a continuación aparecen los apartamentos turísticos, con 2,4 puntos. La valoración desciende en las casas rurales y los albergues, que reciben 2,05 puntos, y alcanza su nivel más bajo en los campings y bungalows, con 1,9.

Las diferencias pueden estar relacionadas con las características de los edificios, su antigüedad, la dispersión de las instalaciones o la complejidad de adaptar determinados entornos.

“Cada escalera, ascensor pequeño o puerta pesada pueden implicar que las vacaciones dejen de ser un momento de disfrute para convertirse en una constante carrera de obstáculos”, advierte Cristina Pallàs, directora de la Fundación Mutua de Propietarios.

Las ciudades se perciben como los destinos más accesibles

Los destinos urbanos son considerados los más accesibles, con una diferencia amplia respecto a otros espacios turísticos. La concentración de transporte público, alojamientos, servicios sanitarios y equipamientos puede facilitar el desplazamiento, aunque la valoración vuelve a cambiar cuando responden los viajeros directamente afectados.

Las personas con movilidad reducida puntúan la accesibilidad de los destinos urbanos con 3,8 sobre 5, frente al 4,1 concedido por quienes no tienen estas limitaciones.

En el extremo contrario se encuentran los destinos de naturaleza, que reciben una valoración de 2,1 puntos por parte de las personas con movilidad reducida y de 1,9 entre el resto de los encuestados.

La menor puntuación refleja la dificultad de garantizar itinerarios continuos en playas, senderos, áreas rurales o espacios protegidos. Aun así, diferentes destinos están incorporando rutas adaptadas, sistemas de guiado y recursos específicos.

La información también forma parte de la accesibilidad

La accesibilidad no depende únicamente de la adaptación física de las instalaciones, también debe estar presente durante todo el proceso de reserva, desde el momento en que el viajero busca información hasta su llegada al destino. Para tomar una decisión con garantías, necesita conocer con precisión las condiciones de acceso, la existencia de desniveles, las dimensiones de los ascensores, las características de los baños y la disponibilidad de transportes y servicios adaptados.

Expresiones genéricas como “alojamiento adaptado” o “acceso para personas con movilidad reducida” pueden resultar insuficientes cuando no se acompañan de medidas concretas, fotografías o detalles sobre cada instalación. Una habitación accesible, por ejemplo, no garantiza por sí sola que el resto del establecimiento pueda utilizarse de manera autónoma.

El informe refleja que la accesibilidad continúa siendo un factor determinante a la hora de decidir si se realiza un viaje, qué alojamiento se reserva y qué destino se elige.

Para las empresas turísticas, mejorarla exige intervenir en las instalaciones, pero también revisar la información que proporcionan al cliente y evitar que las condiciones encontradas a la llegada difieran de las anunciadas. Para el viajero, disponer de datos claros y verificables aporta mayor seguridad y facilita la planificación de las vacaciones.

En un mercado que busca ampliar las temporadas, diversificar la demanda y mejorar la experiencia, eliminar una puerta pesada o explicar correctamente las condiciones de acceso deja de ser un simple detalle técnico. Puede marcar la diferencia entre captar una reserva o excluir no solo a un viajero, sino también a sus acompañantes.

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