Artículo de opinión del experto economista de Arcano Partners
Tribuna de Pedro Larrasquitu (Arcano): "¿Podemos ser positivos respecto a la evolución del absentismo?"
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"El turismo español atraviesa una etapa de notable fortaleza, con máximos históricos tanto en llegadas de visitantes internacionales (+4,5% interanualmente con datos acumulados hasta julio)como en gasto (+7,9%). El crecimiento post-pandemia, denominado “efecto champagne”, la diversificación de países emisores y la consolidación de España como destino seguro han reforzado el crecimiento del sector y sus perspectivas.
Esta bonanza, sin embargo, convive con una presión acuciante sobre los costes. Al impacto inflacionario de los crecientes costes energéticos, temática que abordaremos en otra ocasión, se suma el incipiente absentismo. Según el informe Infoempleo Adecco, el 57,8% de las compañías ya lo considera un riesgo relevante, más del doble que un año antes, y lo sitúa como su segunda mayor preocupación, solo por detrás del incremento de los costes. La percepción empresarial responde a una realidad cada vez más visible: en 2025, la tasa de absentismo alcanzó un máximo histórico del 7,7% de las horas pactadas, equivalente a entre 1,6 y 1,7 millones de personas ausentes cada día.
Bajo este marco el turismo resulta especialmente perjudicado dada su elevada dependencia del trabajo presencial, la amplitud de los horarios, la estacionalidad y el reducido margen para sustituir empleados durante los periodos de máxima demanda. En base a datos de Exceltur, el gasto derivado por el absentismo equivalente al 2,6% de la facturación turística.
A continuación, analizaremos las razones que explican el aumento del absentismo, cuál será su evolución futura y si puede revertirse esta situación.
¿Por qué ha aumentado el absentismo?
La evolución del mercado laboral constituye la primera explicación. El descenso del desempleo ha reforzado la posición negociadora de los trabajadores y reducido el temor a perder el puesto de trabajo. Como señala el Banco de España, la incidencia de la incapacidad temporal tiende a ser mayor durante las fases expansivas: cuando mejora la actividad y cae el paro, las empresas encuentran más dificultades para sustituir empleados y tienden a tolerar procesos de baja más prolongados. Esta relación inversa entre desempleo y absentismo ayuda a explicar una parte relevante del incremento observado en España durante los últimos años.
A ello se suman las ineficiencias sanitarias, el envejecimiento de la población activa y el deterioro de la salud mental. Las listas de espera y los retrasos acumulados desde la pandemia prolongan numerosos procesos de incapacidad temporal: alrededor de 850.000 personas se encuentran en espera de una intervención quirúrgica, frente a unas 700.000 a finales de 2019. Paralelamente, los trabajadores de 50 años o más representan ya más del 35% del empleo, frente al 29% de 2019, lo que eleva la incidencia de enfermedades crónicas y de bajas más duraderas. La salud mental también ha ganado peso: entre 2018 y 2023, los días perdidos por estas patologías aumentaron un 88% en el régimen general, y su diagnóstico y seguimiento suelen resultar más complejos.
Los cambios regulatorios y el diseño institucional completan el diagnóstico. La derogación del despido objetivo por absentismo en determinadas circunstancias redujo las consecuencias laborales de encadenar ausencias, mientras que la digitalización de los partes médicos simplificó la tramitación de bajas breves. Además, en España la financiación y gestión de la incapacidad temporal recaen principalmente en la Seguridad Social, lo que limita la capacidad de empresas y mutuas para intervenir desde el inicio.
El absentismo seguirá aumentando, pero a un ritmo más moderado
El escenario central es que el absentismo continúe creciendo durante los próximos años, aunque previsiblemente con menor intensidad. La caída de la tasa de paro desde el 13,8% de 2019 hasta niveles próximos al 10% ha favorecido el aumento de las bajas; sin embargo, a medida que el desempleo se aproxime a su nivel estructural, estimado en torno al 9-10%, la creación de empleo perderá impulso y el mercado laboral dejará de ejercer la misma presión alcista sobre el absentismo.
Esta moderación no será suficiente para revertir por sí sola la tendencia. Persistirán las limitaciones del sistema sanitario, los retrasos acumulados, el aumento de las enfermedades crónicas, el envejecimiento de la fuerza laboral y el deterioro de la salud mental. Por ello, desde Arcano Research estimamos que la tasa de absentismo podría aumentar alrededor de 0,2 puntos porcentuales anuales sobre el total de horas trabajadas durante los próximos años. Se trataría de un ritmo inferior a los 0,4 puntos registrados durante la pandemia, pero todavía superior a los 0,1 puntos del periodo anterior. El impacto no debería traducirse en quiebras generalizadas, aunque sí presionará los costes, los márgenes y, potencialmente, los precios, especialmente en sectores intensivos en trabajo presencial como el turismo.
¿Puede revertirse esta situación?
Desde Arcano Research buscamos analizar en profundidad cómo podría abordarse y solventarse esta situación como parte de nuestro análisis. En grandes líneas consideramos que la tendencia podría moderarse de forma más significativa si se aplicasen medidas dirigidas a mejorar la gestión y la prevención de las bajas. Un mayor papel de las empresas y las mutuas en el seguimiento, diagnóstico y tratamiento permitiría intervenir antes y reducir la duración de determinados procesos. A su vez, la reincorporación progresiva también puede facilitar el retorno al trabajo tras bajas largas, aunque su diseño debe evitar duplicidades y generar incentivos claros. En paralelo, el refuerzo de la prevención, la detección temprana de riesgos y una mayor vinculación de parte de la retribución a objetivos podrían reducir las ausencias evitables y mejorar la organización del trabajo.
En definitiva, el absentismo difícilmente volverá a los niveles anteriores a la pandemia en el corto plazo, por lo que las empresas deben asumir este como un gasto más en su partida de costes. Bien es cierto que su crecimiento puede contenerse y hacerse más manejable en la medida que nos aproximamos a la tasa de paro estructural. Para el sector turístico, la clave será pasar de una gestión reactiva de las bajas a una estrategia preventiva, apoyada en una mayor coordinación con las mutuas, mejores protocolos de reincorporación y una organización laboral capaz de reducir el impacto operativo durante los periodos de máxima actividad".
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