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Gani27/11/2010 13:11:00

No hay que crear donde ya hay.

Hace dos años, motivado por recuerdos nostalgicos de la infancia me fuí a Badajoz con mi Custom.

Buscando parajes y rincones conocidos me fuí a Valdelacalzada y Puebla de la Calzada.
Encontré algo parecido a lo que recordaba de mi niñez, esforzandome al maximo en retrotraer escenas del pasado, poniendo toda mi capacidad de concentración para escenificar anteriores situaciones me daba cuenta de que faltaba algo.

No sabía exactamente que era lo que hechaba de menos.

Sí las calles, plazas y rincones estaban, aunque bastante deterioradas.
El tiempo había pasado por ellas y se notaba un abandono propio de pueblos donde la gente no se interesa demasiado por mantener su entorno en perfectas condiciones.

Tampoco era solamente cosa de políticos, alcaldes o no sé qué ministerios; se notaba un conformismo en todo lo que rodeaba la convivencia entre sus gentes, con sus sitios de encuentro, plazas de la Iglesia y del Ayuntamiento, calles, etc. no ruinosos, sino como abandonados.

Me tomé una cerveza en el bar de la Plaza y me fuí de Valdelacalzada rumbo a Badajoz.

Al regreso enfilé otra ruta que no recordaba.
A pocos Km del pueblo ví como un caserío, un pueblo pequeño del que no recuerdo el nombre. Me metí por la carreterilla que llevaba a la población y antes de llegar ví un cruce y un cartel que decía algo así...

Camino agrícola prohíbido el paso.
Comunidad de Regantes del Guadiana.

Como siempre si veia algo prohibido es que no estaba muy transitado, por lo tanto sorpresas.

Me metí con la moto por la carretera, estrecha, bien asfaltada,
a los dos o tres kilómetros me di cuenta que había encontrado lo que me faltaba de mis recuerdos.

A la derecha de la carretera, mas bien camino, discurría un canal de mas de tres metros de anchura lleno de agua, a la izquierda, durante todo el camino, daban sombra los chopos, los alamos, la brisa movía las hojas de estos arboles tan graciosos y agradecidos. De cuando en cuando el canto de algun jilgero, gorrión. no sé, no soy experto en ornitología.

Paré la moto, al bajarme me ví de niño en esos mismos canales, mas pequeños, bañandome con los amigos a la salida del colegio. las alamedas, de tan pobladas que estaban, dificultaban nuestro corretear entre los arboles.

Los pajaros se contaban por miles, sobre todo en tiempos de siembra.

Como un simplon, las lagrimas salieron a raudales, no podía contener el llanto.
En ese momento reconfirmé lo que ya sabía...

Somos lo que hacemos y como nos comportamos, pero tambien lo que hemos vivido.

¡ AY !... Extremadura, lo de tu nombre es solo un disfraz para ocultar tanta belleza.

Que poco te merecen los que te gobiernan...

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