1 febrero, 2026 (07:57:31) Por German Porras Olalla, en Economía
Infraestructuras e imagen de país
Hoy toca preocuparse en esta tribuna por el impacto negativo que las catástrofes ferroviarias de Adamuz y Gelida están causando en el turismo español. Lo fundamental son las tragedias humanas de los 47 muertos y los numerosos heridos y el dolor de las familias y amigos, y de toda la sociedad española, de los afectados. Pero también hemos de ocuparnos de su impacto en la primera actividad económica de España. Algunos efectos han sido inmediatos, visibles en FITUR, con los pabellones de ADIF, RENFE y Andalucía (por cierto el mejor diseñado, elegante a la vez que funcional que yo recuerde) cerrados o desiertos. Así mismo con el retraimiento de los viajeros a subirse a un tren, teniendo en cuenta que el turismo no puede existir sin el transporte.
El éxito del turismo español se explica por la continua lucha por la calidad, por la excelencia de los proveedores de servicios, cuyo esfuerzo permanente le ha permitido a España escalar los primeros puestos del mundo. El ámbito de los proveedores de servicios es inclusivo y forma un todo integrado. Incluye a los proveedores privados, empresas y trabajadores (hoteleros, restauración, operadores, agencias, transporte, ocio, etc.) y a los públicos, que proporcionan las infraestructuras del transporte terrestre, aéreo y marítimo, el abastecimiento y depuración de aguas, y los servicios públicos de seguridad y sanidad, entre muchos otros.
Hasta ahora la imagen de país se ha podido construir en la excelencia de estas infraestructuras y de estos servicios, tanto públicos como privados, que constituyen nuestra oferta turística. Al diseñar nuestra promoción hemos podido apoyar la imagen de nuestro turismo en la imagen de un país eficiente, que proporciona seguridad en todos los órdenes y calidad de los servicios que ofrece a quien opta por visitar España, frente a una oferta mundial cada vez más competitiva.
Hoy, desgraciadamente, ya no es así. Algunos de los elementos que configuran nuestra oferta, en concreto algunas infraestructuras públicas han sufrido un deterioro progresivo por falta de mantenimiento, que afecta a varias áreas y que en el caso del transporte ferroviario ha desembocado en tragedias que han sido difundidas ampliamente por los medios de comunicación de nuestros mercados emisores. Sería muy conveniente tratar de medir el impacto que las catástrofes ferroviarias, tanto en la alta velocidad como en la convencional y de cercanías, está teniendo en la demanda de viajes hacia España. Seguramente los servicios de estudios y análisis de mercados de TURESPAÑA están ya abordando esta tarea. Su experiencia en la gestión de crisis es amplia y eficaz. En todo caso, es indudable que sin todavía disponer de esos datos, la imagen de país se ha visto afectada. De vanagloriarnos de tener la segunda red mundial de alta velocidad ferroviaria hemos pasado a encabezar las noticias que ponen en cuarentena lo que hasta ahora ha sido motivo de orgullo. La confianza del viajero ferroviario se ha disipado y todos nos sentimos concernidos cuando nosotros o algunos de los nuestros tiene que subirse a un tren.
La Confederación Española de Agencias de Viaje (CEAV) ha alertado de la repercusión que no sólo las recientes tragedias ferroviarias están teniendo en nuestros mercados, sino también el deterioro continuado del servicio, que obliga a renunciar a la alta velocidad así como al regular funcionamiento de la red de cercanías. Y esta falta de gestión ordinaria es un factor de agravamiento en la imagen de nuestro país. El enorme esfuerzo inversor que requiere recuperar el imprescindible nivel de mantenimiento exige no sólo recursos y decisión política sino también tiempo. Es por ello urgente que haya voluntad de revertir la situación y esperar que no se repitan nuevas catástrofes que hundirían aún más la imagen de nuestro país.
Alguien ha dicho, muy acertadamente, que el mantenimiento de las infraestructuras no ofrece oportunidad de lucimiento al político, a diferencia de las inauguraciones de nuevas obras. El mantenimiento, y en concreto la falta de él, solamente se percibe cuando algo falla. Tienen que ocurrir las catástrofes para que la sociedad se haga consciente de ello y exija a los gestores públicos que obren en consecuencia. Según informaciones recientemente publicadas somos el país de la Unión Europea que más invierte en obra nueva ferroviaria y el último en mantenimiento.
Mientras tanto los eficaces gestores de nuestra promoción turística se esforzarán por paliar los efectos negativos y esperemos, o recemos los creyentes, para que en el largo período necesario para revertir esta penosa situación de abandono, tarea que tiene que ser inmediata y enérgicamente abordada, no se repitan nuevas tragedias.
Para comentar, así como para ver ciertos contenidos de Hosteltur, inicia sesión o crea tu cuenta
Inicia sesiónEsta opinión no tiene comentarios.