19 marzo, 2026 (02:32:56) Por Maria Prior Córdoba, en Hoteles y Alojamientos
Transformación del modelo de negocio en turismo.
La venta inteligente, el verdadero cambio pendiente de la restauración y hotelería
La falta de sistemas estructurados de venta en equipos operativos está limitando la capacidad del sector para aumentar ingresos sin deteriorar la satisfacción del cliente.
En los últimos años, el sector de la restauración y la hotelería vive en un estado de tensión constante. No se trata de una crisis puntual, sino de un reajuste estructural impulsado por múltiples fuerzas: una competencia creciente, una guerra de precios que erosiona los márgenes, la necesidad de maximizar ingresos por ocupación y una dependencia cada vez mayor de intermediarios que capturan parte del valor en forma de comisiones. Todo ello ocurre, además, en un contexto de costes al alza que estrechan aún más la rentabilidad.
Ante este escenario, comienzan a surgir movimientos que buscan redefinir el modelo operativo tradicional. Entre ellos, destaca una tendencia clara: aprovechar mejor cada interacción con el cliente mediante una atención más orientada a la venta, sin perder de vista la satisfacción. La idea no es nueva, pero su aplicación práctica sigue siendo uno de los mayores desafíos del sector.
El equilibrio entre vender más y cuidar la experiencia del cliente es, precisamente, el núcleo del problema. Y no lo es por falta de intención, sino por la complejidad de su ejecución.
En primer lugar, aparece una barrera cultural profundamente arraigada: la resistencia del personal a “vender”. En muchos equipos, la venta se percibe como algo intrusivo o incompatible con el servicio. Para contrarrestarlo, algunas empresas introducen sistemas de retribución variable. Sin embargo, cuando estos sistemas no están bien diseñados ni sostenidos por una estructura sólida, generan efectos indeseados: por un lado, perfiles altamente orientados a resultados que priorizan el ingreso inmediato incluso a costa de la experiencia del cliente; por otro, perfiles que permanecen completamente ajenos a cualquier iniciativa comercial.
En segundo lugar, emerge una carencia menos visible pero igual de crítica: la falta de liderazgo comercial. Muchos responsables operativos no han sido formados para detectar oportunidades de venta, desarrollar a sus equipos en esta dimensión o hacer seguimiento de indicadores clave más allá de la operativa diaria. Sin esta capa de liderazgo, cualquier intento de cambio queda diluido o se ejecuta de forma inconsistente.
Y en tercer lugar, encontramos un problema estructural: la ausencia de sistemas. Todavía existen muchas empresas que operan sin un enfoque iterativo, sin métricas claras y sin procesos que permitan aprender, ajustar y escalar. En este contexto, cualquier iniciativa —por bien intencionada que sea— carece de continuidad y termina generando más fricción que valor.
Las consecuencias de implementar cambios sin una base sólida son predecibles: presión indebida sobre el cliente, deterioro de la reputación y, en última instancia, pérdida de fidelidad. Es decir, exactamente lo contrario de lo que se pretende conseguir.
Por ello, el verdadero reto del sector no reside en adoptar nuevas tendencias, sino en construir una arquitectura de negocio que las haga viables. Esto implica rediseñar procesos, profesionalizar el liderazgo, introducir sistemas de medición y, sobre todo, impulsar un cambio cultural profundo dentro de la organización.
En el horizonte inmediato, no destacarán quienes antes incorporen herramientas o discursos orientados a la venta, sino quienes sean capaces de integrar estos elementos dentro de un modelo coherente, sostenible y centrado en el cliente.
Porque, en última instancia, no se trata de vender más. Se trata de crear organizaciones capaces de generar más valor en cada interacción.
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