24 marzo, 2026 (11:47:46) Por Monlex Abogados, en Hoteles y Alojamientos
Si ya hacen RCP, ¿puede el médico del hotel no intervenir?
En hotelería, hay escenas que duran pocos minutos y después acaban convertidas en reclamaciones, peritajes y discusiones sobre responsabilidad. Una de las más delicadas es esta. Un huésped se desploma. Un familiar, o incluso otro cliente con formación sanitaria, empieza maniobras de reanimación. Y al poco aparece el médico del hotel. La pregunta no es menor. Si ya hay alguien actuando, ¿puede ese médico quedarse al margen?
La respuesta más prudente es que no. No porque exista una regla universal que le obligue a apartar físicamente a quien empezó la RCP, sino porque el estándar profesional va en otra dirección. El Código Internacional de Ética Médica de la World Medical Association recoge el deber del médico de prestar ayuda en emergencias, teniendo en cuenta su seguridad, su competencia y la existencia de otras opciones viables de atención. Ese planteamiento no avala una actitud pasiva solo porque otro haya empezado primero.
Es más, en una parada cardiaca la asistencia no se limita a hacer compresiones. Las guías de soporte vital de la American Heart Association insisten en el reconocimiento rápido de la parada, la activación del sistema de emergencias, la RCP de calidad y el uso precoz del DEA. También recuerdan que en una situación así no basta con actuar, hay que coordinarse. Por eso, cuando llega un médico a la escena, lo normal no es que su presencia resulte irrelevante, sino que ordene la asistencia, supervise lo que se está haciendo o asuma su dirección.
En México, además, el asunto tiene un apoyo jurídico especialmente claro. La Ley General de Salud prevé sanción para el profesional, técnico o auxiliar de la atención médica que, sin causa justificada, se niegue a prestar asistencia en caso de notoria urgencia, poniendo en peligro la vida. Con ese marco, cuesta defender que un médico de hotel presente, disponible y capacitado pueda inhibirse escudándose en que un tercero ya inició las maniobras.
En República Dominicana, el respaldo aparece con claridad en el plano deontológico, pues dispone que, en casos de extrema urgencia, cualquiera que sea la especialidad o función del médico, debe prestar sus servicios a cualquier enfermo en peligro inminente, salvo supuestos excepcionales. La lectura práctica está más que clara. El médico del hotel puede coordinar, relevar si lo considera necesario o integrar a quien empezó la reanimación, pero no parece una posición prudente limitarse a mirar.
En Jamaica, aunque la formulación localizada más clara aparece en el plano ético y disciplinario, el criterio apunta en la misma dirección. El médico debe hacer del cuidado del paciente su primera preocupación y proporcionar u organizar la atención necesaria cuando corresponda.
La conclusión útil para el sector no está en discutir si el médico debe quitar de en medio al primer interviniente. Esa no es la cuestión central. La cuestión real es si puede adoptar una posición pasiva ante una urgencia vital. Y ahí la respuesta más defendible, tanto clínica como jurídicamente, es no. Si el hotel ofrece médico o servicio médico, el huésped no entiende de matices internos ni de presencias decorativas. Espera respuesta.
Desde la perspectiva del riesgo, el mayor problema no suele surgir porque el médico coopere con quien ya estaba ayudando. El problema empieza cuando el hotel anuncia asistencia médica, el médico llega a la escena y decide no intervenir. En ese momento, la discusión deja de ser solo sanitaria. Pasa a ser también jurídica y reputacional, y en un hotel eso rara vez es un asunto menor.
Joana Tremba
Abogada de MONLEX
jtremba@monlexabogados.es
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