1 abril, 2026 (05:20:35) Por Comunicación Acttiv, en Innovación
Datos, análisis y visión estratégica
El gran error de no escuchar al entretenimiento
El sector empieza a medir, entender y decidir con criterio el impacto real de la animación en la experiencia del huésped
El entretenimiento hotelero ya no es decorado. Es estrategia. Durante décadas, el departamento de animación de un hotel ha operado bajo una lógica silenciosa: está ahí, cumple su función, no molesta demasiado y, si todo va bien, nadie habla de él. El problema es que, en ese esquema, tampoco nadie lo escucha.
Hoy algo está cambiando. Lentamente, pero cambiando.
Las conversaciones que se producen en los despachos de dirección sobre el entretenimiento están empezando a sonar diferente. Ya no arrancan solo desde el "¿cuántos animadores necesito para esta temporada?" o el "¿qué actividades pongo esta semana?". Cada vez más, arrancan desde otro lugar: desde la pregunta de qué tipo de huésped quiero atraer, desde la inquietud por entender si lo que estoy haciendo genera impacto real, desde la ambición de hacer las cosas con más sentido.
Ese desplazamiento, aunque todavía minoritario, es significativo. Porque cuando una empresa empieza a hacerse preguntas distintas sobre un área, es porque ha cambiado la forma en que entiende esa área.
Hay una razón estructural por la que el entretenimiento ha ocupado históricamente un lugar secundario en la agenda de dirección: su impacto es profundamente emocional y, durante mucho tiempo, no ha tenido lenguaje de gestión. El revenue se mide. El coste de adquisición se mide. F&B se mide. El impacto de una velada bien ejecutada, de un animador que hace que una familia se vaya feliz, de un espectáculo que se comenta en el desayuno del día siguiente... eso, durante años, ha vivido en el territorio de la intuición.
Y lo que no se mide, cuesta priorizarlo en un comité de dirección. Pero el sector está aprendiendo que eso tiene solución. Que el entretenimiento puede y debe gestionarse con el mismo rigor analítico que cualquier otra área del hotel. Que existen indicadores capaces de capturar la demanda previsible, medir la productividad del equipo, identificar qué segmentos se están desatendiendo o detectar dónde se está invirtiendo sin retorno claro.
Cuando un establecimiento empieza a mirar su entretenimiento con datos reales y contexto sectorial se rompen algunas creencias y aparece la claridad. Y la claridad, en gestión, es oro.
El problema es que ese salto, de hacer porque siempre se ha hecho a decidir qué necesito hacer y por qué, no se produce solo. Requiere una forma distinta de mirar el departamento. Y mirar de forma distinta algo en lo que se lleva años inmerso es, por definición, difícil.
La intuición y la experiencia siguen teniendo valor, pero ya no son suficientes por sí solas. Lo que el sector necesita, cada vez más, es criterio. Certezas construidas desde el análisis, no desde la costumbre. Nadie concibe hoy gestionar el revenue sin datos. Llegará un punto (y no parece tan lejano), en el que tampoco se conciba gestionar el entretenimiento sin entender su impacto. Sin medirlo. Sin estructurarlo. Sin conectarlo con la propuesta de valor del establecimiento.
Cuando eso ocurra, el entretenimiento habrá completado una transición que ya lleva años gestando: dejará de ser algo que simplemente "hay que tener" para convertirse en una decisión que se toma con fundamento.
Y eso, para un sector tan competitivo como el turístico, no es un detalle menor.
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