6 abril, 2026 (12:34:29) Por Pedro Castro, en Transportes
IAG no compró TAP; decidió competir con ella
Se oye por ahí, con ese reflejo casi instintivo en Portugal de ver en Madrid una amenaza de conquista, que la salida del grupo IAG del proceso de reprivatización parcial de TAP Air Portugal ha alejado definitivamente el fantasma del traslado del “hub” de Lisboa a Madrid. Conviene empezar por aclarar una aparente paradoja: ese fantasma existe y, al mismo tiempo, nunca ha existido en esta puja de IAG por TAP. Para cualquier pasajero que quiera volar desde Oporto o Faro a destinos sin conexión directa, como Washington o Fortaleza, hacer escala en algún punto es inevitable. Que esa escala sea en Lisboa, Madrid o París es, sencillamente, una cuestión de elección. Lo mismo ocurre para quien quiere viajar desde Lisboa a Bogotá, Ciudad de México, Buenos Aires o Tokio: destinos sin vuelo directo desde acá y en que Madrid es solo una opción más entre muchos “hubs” posibles.
Sin embargo, Madrid, sea por proximidad, lógica operativa o enorme capacidad aérea desde Portugal, está especialmente bien posicionada como punto de conexión para los portugueses. Y, al mismo tiempo, España funciona como un gran destino final para pasajeros de largo radio de TAP que hacen escala en Lisboa antes de continuar hacia los múltiples destinos que la compañía opera en España.
El interés de IAG en TAP nunca fue seguir siendo uno más entre varios “hubs” posibles para el tráfico hacia y desde Portugal que ya ocurre hoy; el objetivo era convertirse en la mejor opción de conectividad, tanto en vuelos directos como indirectos. En un grupo aéreo internacional con múltiples aerolíneas y “hubs”, la lógica no es “cerrar Lisboa y sólo tener Madrid”. Eso es charla con amigos, no estrategia de aviación. Los “hubs” de un grupo aéreoo se especializan, se complementan y se alimentan mutuamente.
La decisión de IAG de retirarse de la puja por TAP en esta fase no vinculante no significa que Madrid haya renunciado a Lisboa. Significa exactamente lo contrario: Madrid ha decidido competir y competir muy en serio con Lisboa. Y aquí está el detalle que parece haber pasado desapercibido para algunos analistas lusos: al acceder al “data room” de la privatización a principios de este año, IAG tuvo acceso a lo más sensible que puede existir en una aerolínea: datos operativos, rentabilidad por rutas, estructuras de costes, rendimiento comercial y debilidades ocultas tras comunicados optimistas.
En definitiva, una radiografía completa de lo que el negocio de TAP. Si IAG no quiere comprar TAP, ahora sabe perfectamente qué partes merece la pena atacar… y cómo hacerlo; y ya ha empezado, especialmente en el mercado brasileño, donde Iberia está aumentando de forma significativa su operación. No es casualidad: Iberia dispone de todo lo necesario para competir con TAP en igualdad o incluso con ventaja: un “hub” sólido en Madrid, una flota flexible y un grupo accionarial sin condicionantes políticos ni electorales.
Mientras tanto, TAP – con o sin nuevo accionista minoritario – seguirá atrapada en procesos largos, sujetos a calendarios políticos, informes sucesivos y decisiones de autoridades de competencia que comparten una característica: no tienen prisa, pero siempre imponen condiciones. Dichas condiciones se traducen en cesiones de activos, rutas o “slots” en nombre de un equilibrio competitivo que, irónicamente, puede acabar beneficiando a quien se quedó fuera del proceso: IAG. Basta para eso observar lo que pasa con los vuelos transatlánticos en Portugal: el grupo IAG, a través de su socio American Airlines, cuenta con un solo vuelo diario entre Lisboa y Filadelfia, pero con una mayor concentración o refuerzo de la posición dominante de TAP junto a otro grupo, no será difícil anticipar el argumento regulatorio de que hay que “equilibrar” el mercado y ahí estará American Airlines lista para crecer.
Mientras unos siguen debatiendo TAP en abstracto, IAG ya está preparando la competencia en concreto. Sin anuncios, sin ruido y sin necesidad de aprobación de los gobiernos. Y, sobre todo, sin estar atado a un proceso que, entre intenciones no vinculantes, valoraciones sucesivas y decisiones aplazadas, corre el riesgo de anestesiar a todos…excepto a quien está fuera de todo eso. Cuando un grupo con la dimensión, la experiencia y la frialdad estratégica de IAG analiza TAP desde dentro, cierra la carpeta y se retira en esta fase, no es porque haya perdido el interés. Es porque, con toda la información sobre la mesa, ha hecho números y ha tomado una decisión: en lugar de comprar, vamos a competir. No es una retirada, es tan solamente un cambio de estrategia. Con respecto a los lusos que no querían a Madrid dentro, pues ahora tendrán que acostumbrarse a tenerla enfrente…y, créanme, eso suele salir bastante más caro.
Para comentar, así como para ver ciertos contenidos de Hosteltur, inicia sesión o crea tu cuenta
Inicia sesiónEsta opinión no tiene comentarios.