10 mayo, 2026 (05:05:40) Por Germán Porras Olalla, en Economía
Geopolítica y turismo
En primer término una aclaración previa. A primera vista puede parecer peculiar que Hosteltur publique una opinión laudatoria de una iniciativa propia. Por ello quiero aclarar que soy un simple colaborador esporádico ajeno a esta casa y, a la vez, desinteresado, ya que mis contribuciones se publican en la Comunidad.
Hecha esta aclaración, quiero felicitar muy efusivamente a Hosteltur, y a Manuel Molina, por la atención que han prestado en la XXI edición del Foro a la relación entre geopolítica y turismo, a la que ha dedicado dos sesiones con magníficas ponencias. Quizás este entusiasmo por la atención prestada a este tema refleje una frustración personal. En mi etapa como Secretario de la Mesa del Turismo de España intenté más de una vez que este asunto se abordara en las Asambleas que la Mesa celebra periódicamente. Si no fue posible no se debió a la falta de apoyo interno. El entonces Presidente, Abel Matutes, dada su trayectoria no sólo empresarial sino también como antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de España, y miembro de la Comisión de la Unión Europea, era plenamente consciente de la importancia que las amenazas geopolíticas suponen para la actividad turística. Si la iniciativa no llegó a cuajar fue debido a la falta de respuesta de las instancias político-administrativas a las que acudimos para que nos proporcionaran una voz autorizada en esta materia. En la etapa actual de la Mesa se celebro una muy interesante aportación del antiguo Director del periódico ABC y actualmente al frente del programa informativo de la Tarde de Cope, que sin estar exclusivamente centrado en la geopolítica abordó recientes situaciones específicas en las que los conflicto internacionales impactaron en el turismo.
En situaciones normales la actividad turística ha estado centrada en temas críticos propios que afectan a su desarrollo: conectividad, rentabilidad, sostenibilidad, competitividad, precios, calidad. Cuando el panorama internacional se complica es cuando se hace evidente que los componentes exógenos como los geopolíticos impactan de manera directa en el turismo. Sin retrotraernos a situaciones históricas como los conflictos de Oriente Medio y su repercusión en el abastecimiento del crudo, en la actualidad vemos como el ataque de Rusia a Ucrania y el sistema de sanciones europeas a la agresora ha implicado que las líneas aéreas europeas han tenido que modificar sus rutas mientras que las asiáticas han podido continuar utilizando el espacio aéreo rusa. El tráfico, de mercancías, de negocios y turístico, no se ha detenido pero la competitividad de las compañías aéreas europeas se ha visto dañada.
El conflicto actual en Oriente Medio afecta de manera múltiple al turismo. En primer término, el turismo ha desaparecido en los países directa o indirectamente implicados, y ha disminuido en los próximos al área del conflicto. Ha agravado, también, el problema de las rutas aéreas, que se han visto obligadas a evitar el espacio aéreo implicado. Y, desde luego más importante, afecta al suministro de combustible aéreo, no ya sólo en el precio, sino lo que es más trascendental, a la seguridad de la disponibilidad de queroseno. Numerosas instituciones políticas, como la Comisión Europea, han señalado este riesgo. Hay líneas aéreas que ya han anunciado que podrían verse obligadas a interrumpir su actividad por la falta de suministro, o, al menos, a reducirla cancelando aquellos trayectos que son menos rentables, debido al aumento del precio del combustible. Incluso puede haber compañías aéreas que no puedan ser viables una vez que se agote el período, variable para cada compañía, para el que hayan podido garantizarse un precio fijo. Es cierto que el mercado está reaccionando con gran flexibilidad buscando y encontrando fuentes alternativas tanto de crudo como de queroseno. España está en una situación menos comprometida ya que el 80% de sus necesidades de queroseno están cubiertas por la producción de las refinerías nacionales, alguna de las cuales incluso, como Repsol, ha anunciado que va a incrementar un 25% su producción de fuel de aviación.
En paralelo con este impacto inmediato del conflicto está el de su repercusión en la economía mundial y, consiguientemente, en la capacidad de gasto de las sociedades de los países emisores de turismo, y en su predisposición a consumir turismo en una coyuntura en la que es inevitable que crezcan los precios y la inflación. Todo ello con independencia de la oportunidad que toda crisis ofrece y que en este caso concreto se materializaría al percibir que España es un destino seguro. Pero éste es un consuelo precario y coyuntural.
En las ponencias del Foro Hosteltur dedicadas a este tema se expusieron los posibles escenarios a los que podía evolucionar el conflicto. No voy a recogerlos aquí ya que han sido objeto de un comprensivo artículo de Xavier Canalís en la revista
Lo que me parece importante destacar es que la geopolítica, por fin, se ha reconocido como un asunto trascendental para la evolución del turismo y, por tanto, exige una atención y un seguimiento mucho mas dedicado que el se ha venido concediendo hasta ahora. Ello permitirá al sector turístico estar mejor preparado para afrontar estas situaciones de crisis y pueda seguir ofreciendo respuestas eficaces para superarlas con el mínimo daño posible, siguiendo la estela de éxito que ha marcado su historia.
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