22 mayo, 2026 (10:08:23) Por Alfonso Vargas-Sánchez, en Economía
Resiliencia y gestión de destinos turísticos: ¿qué hemos aprendido de las crisis?
Es, a mi juicio, un tema cada vez más relevante. Ningún periodo histórico ha estado exento de cambios e incertidumbres, pero quizás el que estamos viviendo ahora es uno de los más complejos: las nuevas tecnologías (particularmente la IA) van a revolucionar el panorama competitivo del sector; el cambio climático va a alterar el mapa de los flujos turísticos; la redefinición de la geopolítica global y los conflictos (no solo bélicos) que trae consigo condicionan, inexorablemente, una actividad económica que se fundamenta en la movilidad de personas, mercancías y capitales; etc., todo ello a la vez y aceleradamente, por lo que no hay margen para la autocomplacencia.
Por tanto, la capacidad de respuesta de las empresas y los destinos turísticos ante estas perturbaciones tan significativas e interrelacionadas constituye una prioridad y un objeto de estudio central para el futuro del sector. Su capacidad de adaptación, su flexibilidad, sus reflejos, incluso su capacidad anticipatoria, determinarán quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores. Y de forma estructural, no coyuntural, como ocurre ahora (y ha ocurrido en otros momentos) con los trasvases de turistas que huyen temporalmente de otros destinos (el espejismo de clientes "prestados" por un tiempo hasta que estos reabran o retomen sus operaciones con normalidad).
En España, el análisis de la recuperación tras la última gran crisis, la sanitaria de la covid-19, ofrece un caso de estudio de gran valor. A pesar de la paralización temporal de los flujos globales, el ritmo de recuperación de la actividad en el país permitió que en el año 2023 se superaran los indicadores registrados en el periodo prepandemia (2019), tanto en volumen de llegadas internacionales como en nivel de gasto turístico. Este comportamiento sectorial evidencia que los factores clave para restituir la confianza del visitante se fundamentan no solo en la respuesta operativa, sino también, como hemos debido aprender, en la anticipación y la prevención que deben precederla. La literatura actual coincide en que la efectividad radica en el diseño de planes de contingencia estructurales y en la implementación de sistemas de monitorización temprana para la detección precoz de alertas. Como faceta a destacar, debido a la alta sensibilidad del turista ante la información sobre seguridad (en sus varias vertientes), la gestión pública desempeña un rol esencial a través de estrategias de comunicación claras y veraces, orientadas a mitigar la incertidumbre y evitar la asimetría informativa.
Con todo, una de las derivadas ha sido la creciente dependencia de esta actividad económica, en términos de empleo, PIB…, con su contrapartida, en ocasiones, en términos de contestación social. Así, en el marco de la planificación económica a largo plazo, el debate técnico suele plantear la cuestión de si la solución ante crisis sistémicas radica en la transición hacia un modelo económico diversificado que reduzca la dependencia del turismo. Desde una perspectiva estructural, la diversificación económica no debe plantearse de forma reactiva tras una crisis desastrosa, sino como una estrategia previa orientada a consolidar, en la medida de lo posible, un tejido productivo más equilibrado. Este enfoque no puede ir en detrimento del sector turismo (donde España cuenta con ventajas comparativas y una especialización técnica envidiables), sino de la búsqueda del fortalecimiento paralelo de sectores primarios e industriales estratégicos para asegurar la soberanía económica. Las disrupciones de la crisis sanitaria y las tensiones geopolíticas y bélicas subsiguientes han puesto de manifiesto con mayor crudeza la necesidad de reducir la dependencia exterior en el suministro de bienes y servicios esenciales. No obstante, la reconfiguración de una estructura económica requiere continuidad institucional y la formulación de planes que superen los ciclos electorales, articulándose idealmente mediante acuerdos estables de carácter estatal.
Bajo esta misma lógica de gestión y equilibrio, cobra relevancia el concepto de destino turístico armonioso. Esta noción define aquellos espacios donde el desarrollo de la actividad turística se integra de manera equilibrada con las dinámicas sociales, económicas y ambientales del entorno, evitando que el crecimiento del sector genere disonancias o sature la capacidad de carga del territorio. En contextos de poscrisis, la búsqueda de esta armonía orienta la reconstrucción no solo a la recuperación del volumen de negocio, sino también a la cohesión entre la comunidad local y los visitantes a través de mecanismos de gobernanza que la hagan posible.
En relación con los desastres, modalidades como el “dark tourism” traen causa de los mismos o se ven impulsadas por ellos. Tanto a nivel internacional como nacional, esta tipología se vincula con la visita a emplazamientos de tragedias a gran escala, al igual que con prácticas consolidadas como los itinerarios culturales por cementerios históricos por su relación con figuras que han marcado una época. La validación ética de estos productos turísticos depende de su diseño conceptual: si el itinerario fomenta la preservación de la memoria colectiva y la divulgación histórica, aporta una función social de aprendizaje. Por el contrario, si la propuesta carece de contextualización y se limita a una observación superficial del hecho luctuoso, se generan conflictos éticos y externalidades negativas que podrían justificar la aplicación de limitaciones regulatorias.
La viabilidad de implementar estas tipologías para reactivar la economía local tras un desastre depende de una planificación que visibilice el esfuerzo de reconstrucción y la cohesión comunitaria. Un referente documentado en la literatura española reciente es el de la ciudad de Lorca, en la Región de Murcia, tras los movimientos sísmicos de 2011. El proceso prolongado de reconstrucción urbana, orientado hacia criterios de accesibilidad y modernización, demuestra cómo la actividad turística puede canalizar la transferencia del conocimiento técnico derivado de la crisis a visitantes y organizaciones interesadas, como la optimización de las normativas de edificación sismorresistente y la mejora de los protocolos de emergencia ante riesgos de alto impacto. La ciudad transformó la tragedia en un recurso a través de rutas pioneras de recuperación, logrando restaurar casi la totalidad de su valioso patrimonio arquitectónico y progresando en su consolidación como destino de turismo cultural y patrimonial.
Finalmente, el análisis de nuevos enfoques teóricos incorpora el concepto de turismo regenerativo. Este modelo propone una praxis que no solo minimice los impactos negativos o devuelva el entorno a su estado inicial, sino que genere un balance neto positivo en las condiciones ambientales y sociales del destino. Sin embargo, la literatura científica advierte de una superposición conceptual al aplicar este término en escenarios de catástrofe. Tras un siniestro, las acciones institucionales y comunitarias se dirigen de forma unívoca a la recuperación de las infraestructuras y el patrimonio destruido, lo que diluye la distinción práctica entre la reconstrucción convencional y la regeneración teórica.
En conclusión, la resiliencia y el avance hacia un destino turístico armonioso se determinan por la capacidad de planificación preventiva, el rigor en la gestión de los recursos existentes y la solidez técnica de las políticas de gobernanza, que impulsen la diversificación de mercados, la desconcentración geográfica y temporal de los flujos turísticos, así como la integración de las partes interesadas en los procesos decisionales (incluidas las comunidades locales, por favor (*); y con base en datos).
(*) A este respecto, convendría preguntarse si alguien ha consultado a las comunidades que ya reciben turismo, aunque sea estacionalmente, si desean recibir más y durante todo el año (llevado al extremo, una temporada alta permanente; o quizás prefieran un respiro, aunque no sea tan prolongado como el actual). Y si alguien ha consultado a las comunidades que no reciben, ni han recibido nunca, una cantidad significativa de turistas, si desean recibirlos, en qué medida lo desean y si están preparadas para ello. Expandir el turismo es un desafío, especialmente a la hora de definir el tipo de gobernanza adecuado para lograrlo. De no hacerlo bien (o sea, de forma armónica), en vez de mitigar el problema, podríamos extenderlo.
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