10 julio, 2026 (07:21:09) Por Alfonso Vargas-Sánchez, en Economía
La infravaloración laboral de los graduados universitarios en turismo es reversible
El punto de partida
Su infravaloración es lo que cabe inferir de los resultados globales del U-Ranking 2026, en el que, entre otros aspectos, se analiza la inserción laboral de los universitarios, ofreciendo un ranking “que ordena 111 campos de estudio -en los que se agrupan cerca de 4.400 grados- según los resultados obtenidos por los graduados universitarios en España”. Según se explicita en su sitio web: “La clasificación se elabora teniendo en cuenta el acceso al empleo, el nivel de cualificación del puesto de trabajo y los ingresos percibidos 4 años después de graduarse”. Más concretamente, estos son los indicadores:
*Tasa de afiliación media: Porcentaje de graduados universitarios con residencia habitual en España afiliados a la Seguridad Social y en alta laboral respecto al total de graduados.
*Ajuste por nivel de estudios: Porcentaje de graduados afiliados a la Seguridad Social en un grupo de cotización que requiere estudios universitarios. Se considera nivel universitario, los grupos de cotización relacionados con el nivel de formación superior (ingenieros, licenciados, alta dirección, diplomados e ingenieros técnicos).
*Base media de cotización: Base media de cotización anual de los graduados que trabajan por cuenta ajena con contrato a tiempo completo.
El ranking global se calcula mediante la agregación de estos tres indicadores, siguiendo un procedimiento transparente en el que cada uno tiene el mismo peso. En esta edición, se han utilizado los últimos datos oficiales sobre la afiliación a la Seguridad Social de los graduados en el año académico 2019-20, habiendo monitorizado su inserción laboral durante los cuatro años siguientes a su egreso, es decir, desde 2021 hasta 2024. Debe hacerse notar que los datos se refieren a la población que está afiliada a la Seguridad Social, de manera que tanto los graduados que ejercen su profesión como autónomos o los que están afiliados a una mutualidad de su colegio profesional, así como los que trabajan en un país extranjero (y por tanto no están afiliados a la Seguridad Social en España), están excluidos.
Según dichos resultados (que pueden consultarse en https://www.u-ranking.es/insercion-SUE), estos estudios son los últimos de la fila, tanto globalmente como en lo que se refiere a su ajuste por nivel de estudios. En los otros dos indicadores también están a la cola, sobre todo en lo que respecta a la base media de cotización. O sea, son muy pocos quienes trabajan en un puesto acorde con su titulación (los más subempleados) y son de los que menos ganan (de los más subremunerados): muy llamativo.
Si para relativizar aún más estos datos los comparamos con los de otros estudios del área de Economía y Empresa (Economía, Administración de Empresas, Marketing, Finanzas y Contabilidad), en la que se incluyen, tampoco encontramos diferencias en su favor.
Pese a ser el principal motor de la economía española, con casi un 13% de contribución al PIB y al empleo total (como ningún otro sector), el panorama que reflejan estos datos es paupérrimo.
Por un lado, la subocupación. Aunque el mercado laboral turístico español es muy dinámico y ofrece empleo con rapidez (incluso puede haber escasez de mano de obra, como suelen expresar los empleadores), la gran mayoría de los puestos de trabajo que el sector ofrece son de carácter operativo y no requieren estudios universitarios. Además, es muy frecuente que muchos graduados universitarios inicien su andadura profesional en puestos operativos (recepción, atención al cliente, reservas…), encontrándose en vías de promoción.
Por otro lado, y ligado con el anterior, está la “subremuneración”, reflejada en la base media de cotización: estos graduados son de los que menos ganan. El sector turístico en España arrastra históricamente una estructura salarial media notablemente inferior a la de sectores intensivos en tecnología o capital (medicina e ingenierías varias lideran la tabla). Así, al promediar los sueldos de los egresados a los cuatro años de terminar el grado, los salarios de los respectivos convenios colectivos quedan muy por debajo de los vinculados a otros estudios.
Asimismo, la atomización y la falta de barreras de entrada también influyen. A diferencia de las profesiones reguladas, para gestionar un hotel, una agencia de viajes o un destino turístico, la ley no exige estar colegiado ni poseer el Grado en Turismo o en Gestión Hotelera. Esto fragmenta el mercado laboral, haciendo que estos graduados tengan que competir por los mismos puestos con perfiles procedentes de la Formación Profesional (FP) o de otras disciplinas genéricas (ADE, Marketing, etc.), lo que diluye el valor específico de los referidos grados en los primeros años de inserción laboral.
Además, la fuga de talento siempre existe. Los graduados con alta cualificación en turismo/gestión hotelera a menudo desarrollan sus carreras en corporaciones internacionales fuera de España, haciéndolos invisibles para estos rankings.
En suma, la relevancia económica del sector no es sinónimo de calidad del empleo en las etapas iniciales. El turismo es un motor de volumen (crea millones de empleos), pero históricamente no lo ha sido de valor en términos de cotización media para los recién graduados.
Hacia dónde vamos
Sin embargo, lo antedicho no es una "condena" perpetua, sino revisable. De hecho, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) tiene el potencial de sacudir los cimientos del sector y, precisamente, de alterar los factores que hoy hunden a estos estudios en los rankings de inserción.
Para la formación universitaria en Turismo y Gestión Hotelera, la IA no es solo una herramienta tecnológica; es un catalizador que puede obligar al sector a transitar desde un modelo intensivo en mano de obra operativa a uno intensivo en conocimiento y estrategia.
Así, con la automatización de las tareas más mecánicas (como la gestión de reservas estandarizadas, el check-in/check-out, la respuesta a preguntas frecuentes de huéspedes, la facturación básica), que irán siendo absorbidas por sistemas de IA generativa y conversacional, los egresados universitarios se verán redirigidos hacia puestos enfocados a la conceptualización, la analítica de datos y la gestión de proyectos, lo que reducirá el subempleo.
En esta línea, la IA está creando, dentro del sector, nuevos perfiles profesionales que requieren una alta cualificación y, por ende, ofrecen mejores condiciones salariales (y, en consecuencia, mayores bases de cotización). Dos ejemplos son el “Revenue Management” avanzado y el “arquitecto” de experiencias hiperpersonalizadas, que nos permiten visualizar no sólo la necesidad de contar con profesionales con las necesarias competencias tecnológicas (o “hard”), sino con un conocimiento profundo de las dinámicas propias del turismo para tomar las mejores decisiones.
Obvio es decir que esta evolución (o revolución) tiene que venir acompañada de una transformación radical de los planes de estudio, incluyendo la puesta en valor de las llamadas “soft skills”: el pensamiento crítico, la empatía, la dirección de equipos multiculturales, la gestión de crisis complejas, etc.
El gran riesgo es que si las facultades correspondientes no reaccionan rápido y bien (lo cual incluye los posgrados y la sintonía permanente con el tejido empresarial), incorporando estas competencias tecnológicas y no tecnológicas (humanas y de gestión), las posiciones directivas y analíticas mejor pagadas del sector (las que crean los algoritmos turísticos o gestionan el “big data” de los destinos inteligentes) terminarán siendo colonizadas por graduados en Ingeniería Informática, Matemáticas, ADE…
La IA abre una ventana de oportunidad estratégica, en el sentido de que puede ser la palanca que eleve el valor percibido de los estudios vinculados al turismo, transformándolos en grados con alta cualificación tecnológica y humana, alejándolos definitivamente de las últimas posiciones de las métricas laborales. La situación que hemos heredado se puede y debe revertir.
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