15 julio, 2026 (01:27:56) Por Byld Corporate Venture Builder, en Innovación
España vende destino, pero apenas exporta innovación turística
España ocupa una posición privilegiada en el mapa turístico mundial al ser el segundo destino, a nivel global, por llegadas internacionales. Por ello el turismo constituye uno de los principales motores de nuestra economía, sin embargo, se está produciendo una paradoja que debería analizarse, y es que el liderazgo en volumen no se está traduciendo automáticamente en liderazgo tecnológico ni en innovación, a pesar de ser este uno de los sectores que más se está transformando.
Durante años hemos hablado de esa transformación digital como una promesa de futuro. Hoy, sin embargo, la innovación y la tecnología ya forman parte de la experiencia cotidiana del viajero, y así la forma de planificar un viaje ha cambiado más en los últimos dos años que en las dos décadas anteriores. Una parte creciente de los consumidores ya no comienza su proceso de compra consultando una agencia o navegando por diferentes páginas web, sino conversando con asistentes de inteligencia artificial capaces de proponer itinerarios, comparar precios en tiempo real y adaptar recomendaciones a sus preferencias personales.
Este cambio está redefiniendo las reglas del sector turístico a una velocidad sin precedentes. La inteligencia artificial, el análisis masivo de datos, la personalización avanzada o la automatización de procesos ya no son herramientas reservadas a grandes compañías tecnológicas; son elementos que están transformando toda la cadena de valor del turismo.
Sin embargo, cuando observamos el ecosistema innovador español, aparecen algunas señales que invitan a la reflexión. Madrid y Barcelona se han consolidado como polos turísticos de referencia, pero todavía están lejos de los grandes centros europeos de innovación. Ciudades como París o Londres juegan en otra dimensión, mientras que incluso ecosistemas más pequeños, como Lisboa o Tallin, muestran una capacidad de generación de startups especializadas que debería hacernos reflexionar.
La cuestión no es menor. Resulta difícil entender que uno de los mayores mercados turísticos del mundo no esté liderando también la creación de las tecnologías o empresas que definirán el futuro del sector. En demasiadas ocasiones seguimos siendo importadores de innovación desarrollada en otros países. Utilizamos plataformas, soluciones y herramientas concebidas en Estados Unidos, Israel o los países nórdicos, cuando precisamente deberíamos contar con una posición privilegiada para desarrollar y exportar nuestras propias soluciones.
El potencial existe. El ecosistema emprendedor español continúa creciendo y ya supera las 5.000 startups activas. Además, contamos con espacios de referencia internacional que están contribuyendo a impulsar la innovación turística. FITUR ha reforzado significativamente su apuesta por la tecnología, convirtiéndose cada vez más en un punto de encuentro para startups, inversores y empresas. Del mismo modo, el Tourism Innovation Summit de Sevilla se ha consolidado como un foro internacional donde administraciones públicas, empresas y emprendedores pueden compartir conocimiento y generar oportunidades de colaboración.
Pero disponer de foros y espacios de encuentro no es suficiente. El verdadero reto consiste en transformar esa visibilidad en proyectos concretos, inversión sostenida y empresas capaces de competir a escala internacional.
Existe además una debilidad estructural que limita el alcance de nuestro ecosistema innovador: la internacionalización. Apenas una pequeña parte de las startups españolas desarrolla actividad fuera de nuestras fronteras. Esta realidad reduce su capacidad de crecimiento y, sobre todo, limita la influencia global de las soluciones que desarrollan.
Precisamente en el turismo deberíamos aspirar a lo contrario. Pocos países cuentan con un laboratorio de pruebas tan amplio y diverso como España. La experiencia acumulada por nuestras empresas, nuestros destinos y nuestros profesionales debería convertirse en una ventaja competitiva para diseñar, testar y exportar innovación turística al resto del mundo.
Para lograrlo será necesario reforzar la inversión en I+D, fomentar una colaboración más estrecha entre universidades y empresas y apostar por la internacionalización desde las fases más tempranas del desarrollo empresarial. También será fundamental consolidar modelos de colaboración público-privada que permitan acelerar la transferencia de conocimiento y la adopción de nuevas tecnologías.
Pero el futuro del turismo no consiste en añadir más opciones a un mercado saturado, sino en resolver fricciones reales. Y en este contexto, el Corporate Venture Building emerge como una herramienta estratégica capaz de combinar el talento emprendedor con la capacidad, el conocimiento sectorial y la escala de las grandes corporaciones. Se trata de unir la innovación y la fortaleza empresarial para crear, desde España, las startups que transformarán las ineficiencias actuales en soluciones escalables, competitivas y con un impacto tangible en el futuro del sector turístico.
España ya ha demostrado que puede ser una potencia turística. El desafío de la próxima década es demostrar que también puede convertirse en una potencia de innovación turística. Porque liderar la llegada de viajeros es importante, pero liderar las tecnologías que transformarán la forma de viajar será lo que determine quién marca el rumbo del sector en el futuro.
Julia de Pedro, socia y directora de operaciones en Byld
Maria Olías Jarava, Asesora Ejecutiva sector Travel & Turismo
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