28 julio, 2026 (01:12:57) Por Aurelie Sandler, en Economía
Coolcations, ¿moda o síntoma de un nuevo modelo turístico?
Durante décadas, la industria turística ha funcionado sobre una lógica aparentemente inmutable, al menos en España. Para la mayoría, el verano significa sol, playa y concentrar millones de viajeros en los mismos destinos y durante las mismas semanas del año. Estemodelo que ha impulsado el crecimiento del sector en este país pero que ahora, tras añosde explotar la misma fórmula, también ha dado lugar a algunos de los grandes desafíos quehoy afronta el turismo: masificación, presión sobre los recursos naturales, estacionalidad extrema y una creciente desconexión entre la actividad turística y la capacidad real deacogida de muchos territorios. Cambiar el concepto hacia unas vacaciones en climasfrescos puede ser lo que necesitamos para relanzar el sector.
Cada vez se habla más de ellas, las coolcations o vacaciones ‘frescas’. Se trata de un concepto, quizá no tan nuevo (aunque antes muy minoritario) que, lejos de ser anecdótico, puede marcar el inicio de un cambio de paradigma. Cada vez más se eligen paravacacionar en verano destinos con temperaturas más suaves. Una razón es obvia: las olas de calor cada vez más intensas, pero lo cierto es que reducir el fenómeno únicamente a una cuestión climática sería quedarse en la superficie. Porque no solo está cambiando el destinoelegido. Está cambiando la manera en que las personas entienden el viaje.
Desde el sector -agentes, plataformas de reservas, industria hotelera- llevamos años observando cómo los viajeros están mostrando más interés por lugares menos saturados,con mayor contacto con la naturaleza y experiencias más auténticas. Las altas temperaturas han acelerado esa transformación, pero no la han provocado. La demanda de estos destinos más frescos responde también a una búsqueda de tranquilidad, espacio y calidad de la experiencia, valores que cada vez pesan más en la decisión de compra.
Y los datos reflejan claramente esta evolución. Aunque Noruega continúa siendo uno de los grandes referentes de las coolcations, el crecimiento más destacado se está produciendo en destinos menos evidentes como Laponia, Dinamarca, Suiza, Austria o incluso Kirguistány la Patagonia. El viajero ya no busca únicamente escapar del calor; busca descubrir territorios diferentes, menos transitados y capaces de ofrecer un contacto más directo con elentorno.
Este cambio tiene implicaciones que van mucho más allá del marketing turístico. Supone una oportunidad para redistribuir la demanda hacia regiones que históricamente hanpermanecido al margen de los grandes flujos internacionales y aliviar, al mismo tiempo, lapresión que soportan algunos de los destinos más visitados de Europa. Porque el verdaderoproblema del turismo europeo nunca ha sido el número de viajeros, sino su concentración.
De la masificación al slow travelling
Hablamos de sobreturismo como si fuera una consecuencia inevitable del éxito de determinados destinos, pero es un fenómeno que, en realidad, responde a un modelo queconcentra la demanda en muy pocos lugares y durante un periodo extremadamente reducido del calendario. Y ya conocemos las consecuencias: infraestructuras sometidas auna enorme presión, deterioro ambiental, dificultades para la población local y una experiencia cada vez menos satisfactoria para el propio visitante.
Las coolcations ofrecen una alternativa precisamente porque introducen diversidad, tantogeográfica como temporal. No solo cambian el mapa de los viajes; también modifican elcalendario. Cada vez más viajeros adelantan sus vacaciones a junio o las retrasan a septiembre, meses que permiten disfrutar de temperaturas más agradables, menorafluencia y una relación mucho más equilibrada con el destino.
Esta desestacionalización constituye uno de los grandes retos —y también una de lasmayores oportunidades— para el turismo europeo. Distribuir mejor los flujos significamejorar la rentabilidad para las economías locales durante un periodo más amplio, reducirlos picos de presión sobre los servicios públicos y generar un impacto económico más estable.
Sin embargo, el auge de las coolcations también obliga al sector a afrontar una cuestión incómoda: la sostenibilidad del sector. Y es que, buscar temperaturas más suaves desplazándose miles de kilómetros en avión puede aumentar las emisiones de carbono ycontribuir, precisamente, al calentamiento global que impulsa este cambio de comportamiento.
No existe una solución sencilla para esta paradoja, pero sí una dirección clara. La sostenibilidad no consiste en dejar de viajar, sino en viajar mejor. Eso implica fomentar desplazamientos en tren cuando sean viables, favorecer estancias más largas, priorizar destinos cercanos, diversificar la oferta y construir itinerarios que aporten valor económico aterritorios que necesitan visitantes en lugar de concentrar aún más la demanda allí donde ya resulta excesiva.
Como sector, también debemos asumir nuestra responsabilidad. Las plataformas de viaje,las agencias y los operadores no solo respondemos a la demanda; también contribuimos acrearla. Los destinos que recomendamos, las imágenes que mostramos y las experienciasque ponemos en valor influyen directamente en la forma de viajar de millones de personas.
Por eso creemos que el futuro del turismo pasa por ampliar el imaginario del viajero. Mostrarque el verano también puede disfrutarse en la montaña, entre bosques y lagos, recorriendoEuropa en tren o descubriendo destinos que permanecen fuera de los grandes circuitos internacionales. No se trata de sustituir unos lugares por otros, sino de construir un turismo mejor distribuido, más resiliente y más beneficioso para todos los actores implicados.
El éxito del turismo del futuro no dependerá únicamente del número de visitantes que reciba un destino, sino de su capacidad para generar valor de forma equilibrada, respetando los límites del territorio y ofreciendo experiencias de mayor calidad.
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