1 septiembre, 2026 (09:30:19) Por Daniel Hernández Orquín, en Hoteles y Alojamientos
Gestión hotelera | Durabilidad y costes del textil profesional
Tres cosas que hemos aprendido después de 60 años trabajando con textiles para hostelería
El lavado incorrecto, elegir una toalla únicamente por su gramaje y fijarse demasiado en el precio de compra son tres errores que pueden incrementar silenciosamente el coste textil de un alojamiento.
Después de más de 60 años trabajando con textiles destinados a un uso profesional, hemos aprendido algo que parece evidente, pero que no siempre se tiene en cuenta: la calidad de una sábana o una toalla no debería juzgarse cuando está nueva, sino después de decenas de ciclos de servicio.
En hostelería, comprar es solamente el principio. Lavado, secado, rotación y reposición pueden terminar teniendo tanta importancia económica como el precio inicial.
Hay tres situaciones que hemos visto repetirse especialmente.
1. Una sábana puede envejecer más por cómo se lava que por cuánto se lava
Cuando notamos que una sábana se deteriora prematuramente solemos preguntar cuántos lavados ha tenido. Sin embargo, probablemente deberíamos preguntar también cómo se han realizado esos lavados.
Temperatura, productos químicos, concentración, tiempo de exposición y secado actúan conjuntamente sobre las fibras.
El efecto del cloro sobre el algodón resulta especialmente significativo. Una investigación publicada en Scientific Reports estudió tejidos para ropa de cama sometidos a lavandería industrial y tratamientos con hipoclorito. En determinadas muestras de algodón, la resistencia se redujo aproximadamente un 50 % después de diez tratamientos clorados y uno de los indicadores moleculares utilizados para medir la degradación de la celulosa descendió más de un 80 % durante esos primeros ciclos.
Estos porcentajes corresponden a unas condiciones experimentales concretas y no significan que cualquier utilización de lejía produzca exactamente ese deterioro. Pero el resultado demuestra algo importante: dos prendas que han pasado por diez lavados pueden haber envejecido de manera completamente diferente.
Tampoco existe una fórmula rigurosa que permita afirmar que cada grado adicional de temperatura reduce un determinado porcentaje de vida útil. El problema está en la combinación y repetición de temperatura, química y proceso.
La primera lección, por tanto, es sencilla: comprar un buen textil y someterlo sistemáticamente a un mantenimiento excesivamente agresivo puede ser una forma muy cara de ahorrar en lavandería.
2. Más gramaje no significa necesariamente una mejor toalla para un hotel : 400, 450, 550, 600 g/m²...
El gramaje se ha convertido en uno de los principales criterios para comparar toallas. Y es un dato importante, pero no es sinónimo automático de calidad.
Una toalla de mayor gramaje normalmente ofrece más cuerpo y puede transmitir una mayor sensación de confort. En determinados hoteles es exactamente lo que se busca.
Pero existe otra cara de la decisión.
Una sábana de baño de 100 × 150 cm y 400 g/m² representa aproximadamente 600 gramos de tejido. A 600 g/m² hablamos de aproximadamente 900 gramos.
En una dotación de 100 unidades, la diferencia teórica es pasar de unos 60 a 90 kg de textil seco.
Son 30 kg adicionales que entrarán repetidamente en el circuito de manipulación, lavado y secado.
Eso no significa que una toalla de 600 g/m² sea una mala elección. En absoluto. Significa que debería existir una razón para elegirla: categoría del establecimiento, experiencia buscada, confort, durabilidad o posicionamiento.
El error está en asumir que cuanto mayor sea el número, mejor será automáticamente la compra.
Después de muchos años trabajando con diferentes establecimientos, nuestra conclusión es otra: el gramaje adecuado no es el mayor posible, sino el que mejor equilibra confort, resistencia y operativa para cada alojamiento.
3. Quizá estamos comparando el dato equivocado: el precio
Dos toallas cuestan 5 y 7 euros. Parece evidente cuál es más barata.
Pero imaginemos que la primera proporciona 100 servicios en condiciones satisfactorias y la segunda 200.
Solamente considerando la adquisición, tendríamos:
5 € / 100 servicios = 0,05 € por servicio
7 € / 200 servicios = 0,035 € por servicio
La segunda habría costado un 40 % más al comprarla y, sin embargo, su coste de adquisición por servicio sería un 30 % inferior.
El ejemplo es deliberadamente sencillo. En la realidad habría que incorporar lavado, secado, mano de obra, energía y reposición.
Pero precisamente ahí está la cuestión.
Quizá deberíamos hablar más de “coste por servicio textil” y menos de precio por unidad.
Este concepto también funciona a la inversa: comprar una pieza excesivamente pesada o sofisticada para las necesidades reales del establecimiento puede aumentar sus costes sin proporcionar un beneficio proporcional.
Una forma diferente de entender la calidad. Después de seis décadas, desconfiamos de las respuestas universales.
No existe un gramaje perfecto para todos los hoteles. No existe una sábana perfecta para todos los alojamientos. Y el número de lavados, por sí solo, tampoco explica cuánto debería durar un producto.
La selección y el mantenimiento deberían considerarse conjuntamente.
Porque, al final, un hotel no compra simplemente sábanas y toallas: compra noches de servicio.
Y quizá la pregunta más útil no sea cuánto cuesta una pieza cuando entra en el almacén, sino cuánto habrá costado cada vez que haya prestado correctamente su función cuando finalmente salga de él.
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