4 septiembre, 2026 (01:10:33) Por Juan Ramón García Glez, en Innovación
Todos los caminos llevan a Extremadura
El viaje que tienes que hacer una vez en la vida
De la Hispania romana al mundo que nació en 1492, cuatro paradas para recorrer siglos de historia.
Hay viajes que se eligen por el paisaje, otros por la gastronomía y otros porque detrás de cada lugar hay una historia que merece ser contada. Extremadura tiene algo especialmente interesante: en pocos kilómetros permite recorrer algunos de los momentos que han marcado la historia de España.
Mérida, Badajoz, Cáceres y Guadalupe forman un recorrido que atraviesa distintas épocas y permite entender cómo este territorio ha ido cambiando durante siglos. No hace falta inventar un relato turístico. El relato ya existe.
MÉRIDA
El recorrido comienza en Mérida, fundada en el año 25 a. C. por orden del emperador Augusto con el nombre de Augusta Emerita. Se convirtió en capital de la provincia romana de Lusitania y en una de las ciudades más importantes de la Hispania romana.
Su legado permanece en una concentración monumental excepcional. El teatro y el anfiteatro, el circo, el puente sobre el Guadiana, los acueductos y el templo de Diana permiten comprender sobre el terreno la dimensión que llegó a alcanzar aquella ciudad. También la Alcazaba, levantada posteriormente sobre parte del antiguo recinto romano, recuerda que la historia de Mérida continuó mucho después del Imperio.
Pero si hay algo que diferencia a Mérida es la posibilidad de recorrer una antigua ciudad romana prácticamente a escala real. Las infraestructuras hidráulicas, los espacios de espectáculos y los restos de las antiguas viviendas permiten entender cómo estaba organizada una de las grandes ciudades de la Hispania romana.
El Conjunto Arqueológico de Mérida fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1993 y constituye uno de los ejemplos más completos de una antigua capital provincial romana.
Mérida fue una de las grandes ciudades de la Hispania romana y todavía hoy permite recorrer sus huellas sobre el terreno. Es un comienzo difícil de mejorar para un viaje que pretende atravesar siglos de historia.
BADAJOZ
Desde Mérida, el viaje nos lleva varios siglos adelante, hasta el nacimiento de Badajoz como ciudad musulmana.
Badajoz nació como ciudad musulmana en el siglo IX, vinculada a Ibn Marwan. La ciudad fue fundada en 875 y, pocos años después, comenzaron a levantarse sus primeras murallas.
Durante el siglo XI se convirtió en capital de la taifa de Badajoz y alcanzó una notable importancia política en Al-Ándalus. De aquel pasado permanece especialmente la Alcazaba, cuya construcción comenzó con Ibn Marwan y cuya configuración actual está muy vinculada a las reformas almohades del siglo XII. En su interior se encuentra la Torre de Espantaperros, una de las grandes señas de identidad de la ciudad.
Pero Badajoz tiene una particularidad que explica buena parte de su patrimonio: su condición de ciudad fronteriza. Su posición frente a Portugal hizo que durante siglos la defensa fuera determinante en su crecimiento. A la muralla medieval se añadió, a partir del siglo XVII, un amplio sistema de fortificación abaluartada, del que todavía se conservan numerosos elementos.
El recorrido por la ciudad permite encontrar también otros espacios que cuentan esa evolución, como la Plaza Alta y la Plaza de San José, situadas junto a la Alcazaba, o la Puerta de Palmas, construida en el siglo XVI y convertida en uno de los monumentos más representativos de Badajoz.
Badajoz aporta así al recorrido algo diferente: una ciudad musulmana que, por su posición estratégica junto a Portugal, terminó convirtiéndose también en una de las grandes ciudades fortificadas de la frontera.
CÁCERES
El siguiente punto es Cáceres, donde el relato se vuelve todavía más complejo.
Su Ciudad Vieja conserva, dentro de un recinto amurallado de unos 1.174 metros, huellas de diferentes épocas y culturas. El origen de la ciudad se remonta a la Antigüedad, con presencia romana, pero sobre ese pasado se fueron superponiendo las etapas islámica, judía y cristiana. El resultado es uno de los conjuntos urbanos históricos mejor conservados de Europa, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986.
En 1229, Alfonso IX conquistó la ciudad, que pasó a formar parte del reino de León. A partir de entonces comenzó otra etapa que acabaría configurando buena parte de la ciudad monumental que conocemos hoy.
Caminar por el casco histórico permite encontrar esa mezcla en muy pocos metros. La Concatedral de Santa María, el Palacio de los Golfines de Abajo, la Casa de las Veletas, la Torre de Bujaco o el Arco de la Estrella forman parte de un conjunto en el que las calles y las plazas tienen tanto protagonismo como los propios edificios.
En el interior del Palacio de las Veletas se conserva un antiguo aljibe almohade de cinco naves, construido entre los siglos XI y XII, cuyas columnas reutilizan elementos procedentes de construcciones romanas. Es uno de los espacios que mejor resume lo que hace diferente a Cáceres: varias etapas históricas superpuestas en un mismo lugar.
Su valor está en poder recorrer un conjunto histórico completo, descubrir sus palacios y plazas y reconocer sobre el terreno las diferentes culturas que dejaron su huella en la ciudad.
GUADALUPE
Guadalupe es el punto en el que este recorrido llega a 1492, pero su historia empieza mucho antes.
La villa creció alrededor del monasterio de Santa María de Guadalupe, cuya fundación se sitúa en 1337. El monasterio terminó convirtiéndose en un importante centro religioso, cultural y de peregrinación, vinculado a la Corona de Castilla.
En 1492 los Reyes Católicos estuvieron en Guadalupe después de la conquista de Granada. Ese mismo año el monasterio quedó relacionado con Cristóbal Colón, que acudió allí para solicitar financiación para su proyecto de llegar a las Indias.
La relación con América continuó después. El 29 de julio de 1496 fueron bautizados en Guadalupe dos indígenas llevados por Colón tras su segundo viaje. El hecho quedó recogido en el libro de bautismos del monasterio.
Hoy, Guadalupe conserva mucho más que el monasterio. Sus calles, soportales, casas tradicionales, la antigua judería y diferentes edificios históricos forman un conjunto que mantiene buena parte de la estructura medieval de la villa. El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es Patrimonio Mundial desde 1993 y el conjunto histórico-artístico de la localidad está protegido desde 1943.
Guadalupe forma además parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España desde 2017, una distinción que pone en valor el conjunto urbano y su patrimonio.
CUATRO LUGARES, UN SOLO RELATO
Mérida, Badajoz, Cáceres y Guadalupe pueden promocionarse como cuatro destinos diferentes, pero también pueden formar parte de un mismo producto turístico.
El visitante que recorre los cuatro lugares pasa de la Hispania romana a Al-Ándalus, encuentra después la convivencia de diferentes culturas en una ciudad medieval y termina en un enclave relacionado con uno de los grandes cambios históricos de finales del siglo XV.
Ahí existe una oportunidad para el turismo de interior: dejar de presentar determinados recursos de manera aislada y construir itinerarios capaces de conectar patrimonio, territorio y relato.
Porque muchas veces no necesitamos crear nuevos atractivos. Necesitamos aprender a conectar mejor los que ya tenemos.
Y estas cuatro ciudades son solo un ejemplo. Extremadura es mucho más que Mérida, Badajoz, Cáceres y Guadalupe. Es naturaleza, gastronomía, pueblos, cultura, patrimonio y paisaje. Hay muchos otros lugares capaces de formar parte de un relato turístico común.
Estas cuatro paradas permiten plantear algo más ambicioso que una sucesión de visitas: un viaje con sentido. Y quizá ahí esté una de las claves para seguir posicionando el turismo de interior: conseguir que el visitante no piense únicamente en lugares que visitar, sino en una historia que merece la pena recorrer.
Todos los caminos llevan a Extremadura.
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