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Por Departamento de Comunicación RV EDIPRESS, en Distribución

Roses muestra su puerto pesquero y el espectáculo de la lonja

21 agosto, 2017 (16:12:46)

Antes de la eclosión del turismo, Roses era una localidad eminentemente marinera que tenía en la pesca su principal actividad económica. No en vano, su privilegiada ubicación geográfica –agazapada en un rincón de una espléndida bahía, una de las más bellas del mundo– marcó desde sus orígenes su simbiosis con el mar.

Su puerto pesquero, a los pies de la montaña del Puig Rom, sin dejar de ejercer su función de siempre, se ha incorporado también a la oferta turística de Roses en forma de visitas turísticas para conocer qué se pesca en sus aguas mediterráneas, qué ocurre cuando los barcos llegan al puerto y cómo funciona la venta directa a través de la lonja, un espectáculo que guarda cierto paralelismo con la bolsa por la frenética toma de decisiones a la hora de comprar la mercancía, que va desfilando sin pausa sobre una cinta mecánica ante la atenta mirada de los ávidos compradores.

Esta experiencia puede realizarse los martes y viernes del verano, a las 17.00 horas. El precio para los adultos es de 6 euros y de 3,50 euros para edades entre 6 y 17 años. Los tickets pueden adquirirse en la Oficina de Turismo, ubicada en la Avenida de Rodhe, 77-79, justo después de la majestuosa Ciudadela que da la bienvenida a la localidad.

Los primeros testimonios de Roses como puerto natural se remontan al año 218 antes de Cristo, cuando los romanos desembarcaron por vez primera en la península ibérica atraídos por sus condiciones naturales, su situación estratégica y su excelente comunicación.

Precisamente por ello, el puerto rosense, que en la Edad Media perteneció al condado de Empúries, fue escenario de numerosas batallas navales, la mayoría contra tropas francesas. De ahí que en el siglo XVI se decidiera protegerlo con un fortín militar, el Castillo de la Trinitat, convertido en otro de los patrimonios arquitectónicos de la villa y la mejor atalaya para admirar la localidad, sus dos puertos –pesquero y náutico– y su bahía.

Más contemporáneamente, durante los siglos XVIII y XIX, Roses fue uno de los puertos estratégicos en la ruta comercial de cabotaje con los vecios países de Francia e Italia.

Pero no fue hasta en siglo XX cuando, en 1902, se aprobó el primer proyecto para la realización de un puerto artificial, dotándolo de un muelle comercial. Las sucesivas mejoras del mismo han dado lugar a lo que hoy día es el puerto pesquero de Roses, tal como puede verse en estas visitas guiadas.

El retroceso del comercio marítimo y el inicio de la actividad pesquera han convertido al puerto de Roses en uno de los tres más importantes de Catalunya, tanto en volumen de capturas como en el de barcos. Unas embarcaciones vetustas pero cargadas de fotogenia que cautivan a quienes pasean por este puerto pesquero, cuando el revoloteo de las gaviotas indica que se acercan los barcos, tras una intensa jornada en el mar.