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En contabilidad, un activo se entiende como el conjunto de recursos económicos presentes, controlados por una empresa o entidad, que se espera generen beneficios económicos futuros de forma directa o indirecta.

Constituyen la expresión cuantificable del patrimonio de la organización y se registran en el balance general dentro de la parte izquierda, reflejando tanto su valor como su naturaleza.

Los activos pueden ser tangibles, cuando se materializan en bienes físicos (inmuebles, maquinaria, inventarios), o intangibles, cuando corresponden a derechos, conocimientos o valores inmateriales (marcas, patentes, software, fondo de comercio).

Asimismo, se clasifican en corrientes o de corto plazo, destinados a convertirse en efectivo, consumirse o venderse en el ciclo operativo normal (efectivo, cuentas por cobrar, existencias), y no corrientes o de largo plazo, cuya permanencia supera un ejercicio económico (propiedades, inversiones financieras permanentes, activos intangibles de vida útil prolongada).

En el ámbito turístico, la noción de activo adquiere una especial relevancia al incluir no solo la infraestructura hotelera, las flotas de transporte o las instalaciones recreativas, sino también los activos intangibles que conforman la identidad y el valor de la marca destino: reputación, know-how, contratos de gestión o licencias de explotación.

Esta perspectiva patrimonial resulta esencial para la planificación estratégica, la valoración de empresas turísticas y la toma de decisiones de inversión.

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