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La aculturación es un proceso social y cultural que se produce cuando dos o más grupos humanos con culturas diferentes entran en contacto prolongado, lo que provoca transformaciones significativas en los sistemas de valores, creencias, costumbres, lenguas y modos de vida.

A diferencia de la simple adaptación cultural, la aculturación implica una modificación profunda que puede conllevar la pérdida parcial o total de rasgos de la cultura originaria, al mismo tiempo que se incorporan elementos de la cultura receptora o dominante.

El término fue introducido en la antropología y en la sociología en el siglo XIX y sistematizado en 1936 por el Memorándum sobre la aculturación (Redfield, Linton y Herskovits), donde se definió como “los fenómenos que resultan del contacto directo y continuo entre grupos de culturas distintas y los cambios subsiguientes en los patrones culturales originales de uno o ambos grupos”.

En el ámbito turístico, la aculturación se manifiesta de distintas maneras:

  • Comunidades receptoras: pueden ver alteradas sus tradiciones, prácticas religiosas o expresiones culturales debido a la influencia de visitantes internacionales y de la globalización de los consumos.
  • Turistas: experimentan procesos de aculturación cuando adoptan hábitos o costumbres del destino que visitan de manera prolongada, como ocurre en estancias largas o en turismo residencial.
  • Empresas y destinos: corren el riesgo de que el patrimonio inmaterial se banalice o transforme para adaptarse a la demanda turística, generando una pérdida de autenticidad.

Aunque la aculturación se asocia a menudo con pérdida cultural, también puede dar lugar a procesos de hibridación cultural, en los que emergen nuevas manifestaciones resultado de la fusión de tradiciones. En turismo, la gestión de la aculturación es clave para mantener el equilibrio entre la apertura a la diversidad y la preservación de la identidad local.

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