¿Qué es la alta velocidad?
La expresión alta velocidad hace referencia, en términos generales, a aquellos sistemas de transporte capaces de alcanzar velocidades significativamente superiores a las convencionales dentro de su categoría.
En el ámbito ferroviario, el concepto se consolidó a partir de la década de 1960 con el lanzamiento del Shinkansen en Japón, considerado el primer tren de alta velocidad del mundo. Posteriormente, Europa adoptó el término para designar a los trenes capaces de superar los 250 km/h en líneas diseñadas específicamente para ello, o más de 200 km/h en trazados adaptados, según la normativa de la Unión Europea y de la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC).
En turismo, la alta velocidad ferroviaria constituye un factor estratégico de competitividad, ya que reduce los tiempos de viaje entre ciudades y regiones, favorece la intermodalidad con aeropuertos y estaciones de autobús, y contribuye a la sostenibilidad mediante menores emisiones de CO₂ por pasajero-kilómetro frente al transporte aéreo o por carretera.
El desarrollo de líneas de alta velocidad (LAV) ha transformado la configuración de destinos turísticos, ampliando los radios de influencia de las capitales y potenciando las escapadas de corta y media distancia. En España, la red AVE (Alta Velocidad Española) es uno de los referentes mundiales por extensión y cobertura territorial.
Aunque su uso más extendido se vincula al tren, la noción de alta velocidad también se aplica en otros contextos de transporte, como la aviación comercial (vuelos supersónicos) o la navegación marítima, si bien en estos casos el término no tiene una regulación tan estandarizada.
En todos los casos, implica una mejora de la eficiencia en la movilidad y una repercusión directa en la conectividad turística, el desarrollo regional y la competitividad de destinos urbanos y periféricos.