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¿Qué significan las siglas IoT?

IoT son las siglas en inglés de Internet of Things, traducido al español como internet de las cosas. El concepto hace referencia a una red de objetos físicos conectados a internet capaces de recopilar, enviar, recibir y procesar datos mediante sensores, software y sistemas de comunicación. El valor del IoT reside en conectar datos, dispositivos y servicios para ofrecer respuestas más rápidas, eficientes y adaptadas al contexto.

Estos objetos pueden ser dispositivos domésticos, maquinaria industrial, vehículos, cerraduras, cámaras, termostatos, pulseras inteligentes, etiquetas RFID, electrodomésticos, sistemas de iluminación o equipamientos instalados en hoteles, aeropuertos, estaciones, destinos turísticos y espacios públicos.

El IoT permite que elementos que antes funcionaban de forma aislada se integren en sistemas digitales capaces de medir lo que ocurre en tiempo real y actuar en consecuencia. Un sensor, por ejemplo, puede detectar temperatura, movimiento, consumo energético, ocupación, humedad, ubicación, presión, ruido o estado de funcionamiento.

Esa información se envía después a una plataforma para automatizar procesos, generar alertas, optimizar recursos o mejorar la experiencia del usuario.

En hoteles, puede utilizarse para regular la climatización de las habitaciones, controlar el consumo energético, automatizar accesos mediante cerraduras inteligentes, detectar averías, gestionar la iluminación, monitorizar la ocupación de espacios comunes, optimizar la limpieza, reforzar la seguridad o personalizar la estancia del huésped.

En aeropuertos y estaciones, puede ayudar a gestionar flujos de pasajeros, equipajes, mantenimiento predictivo, señalización, control de accesos y tiempos de espera.

En los destinos turísticos, el IoT está vinculado al concepto de destino turístico inteligente. Sensores instalados en playas, calles, museos, aparcamientos, monumentos o espacios naturales permiten medir aforos, movilidad, calidad ambiental, ruido, residuos, consumo de agua o presión turística.

Estos datos facilitan la toma de decisiones sobre gestión de flujos, capacidad de carga, sostenibilidad, seguridad, movilidad urbana y planificación turística.

También tiene impacto directo en la experiencia del viajero: dispositivos conectados, wearables, aplicaciones móviles, beacons, pulseras RFID o sistemas de geolocalización pueden facilitar pagos, accesos, recomendaciones personalizadas, traducción, asistencia en ruta, control de equipajes, check-in automatizado o experiencias inmersivas en museos, parques temáticos y eventos.

Desde el punto de vista empresarial, el IoT permite mejorar la eficiencia operativa, reducir costes, anticipar incidencias y obtener información útil para la toma de decisiones. En un hotel, por ejemplo, un sistema conectado puede detectar que una habitación está vacía y reducir automáticamente el consumo energético. En una instalación turística, puede avisar de una avería antes de que afecte al cliente. Y en un destino, puede indicar cuándo un espacio está saturado y conviene redirigir visitantes hacia otras zonas.

Sus principales retos están relacionados con la ciberseguridad, la privacidad, la interoperabilidad entre dispositivos, la inversión tecnológica, el mantenimiento, la gestión de datos y la dependencia de una conectividad estable. En turismo, su implantación debe equilibrar eficiencia, personalización y respeto a la privacidad tanto del viajero como de la población residente.

Su utilidad no está solo en instalar dispositivos inteligentes, sino en convertir los datos generados por esos dispositivos en mejores decisiones, servicios más eficientes y experiencias turísticas más seguras, sostenibles y personalizadas.

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