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Un producto es todo bien, servicio o combinación de ambos que se elabora y ofrece en el mercado con el propósito de satisfacer una necesidad o un deseo del consumidor.

En términos económicos, un producto constituye la culminación de un proceso productivo en el que se transforman recursos naturales, humanos, tecnológicos y financieros en un bien o servicio con valor de uso y de cambio.

A nivel general, un producto es aquello que se fabrica o desarrolla de manera planificada, con un coste de producción y un precio de venta, y cuyo objetivo es responder a una demanda concreta generando beneficios económicos. Puede ser tangible (un bien físico) o intangible (un servicio), y se clasifica en productos terminados -listos para el consumo- o productos intermedios -que requieren procesos adicionales antes de ser consumidos-.

Un producto corresponde a las siguientes características:

  • Satisface una necesidad o deseo del consumidor.
  • Tiene un precio y genera un beneficio económico para quien lo produce o comercializa.
  • Requiere recursos y costes de elaboración (materias primas, mano de obra, tecnología, marketing).
  • Es planificado, pues responde a un diseño previo y a una estrategia de mercado.
  • Puede ser tangible o intangible, homogéneo (cuando se produce en serie) o heterogéneo (en el caso de servicios personalizados).
  • Tiene un ciclo de vida compuesto por cinco fases: introducción, crecimiento, madurez, declive y desaparición.

Los productos se clasifican según su duración, forma de consumo y propósito en el mercado: 

Los productos duraderos tienen una vida útil prolongada y pueden usarse repetidamente, como electrodomésticos, automóviles o joyas. En contraste, los productos no duraderos se consumen rápidamente, como alimentos, cosméticos o productos de limpieza. Dentro de estos últimos se encuentran los perecederos, que se deterioran en poco tiempo aun sin usarse, como frutas, verduras, carnes o lácteos.

Los productos habituales son los de consumo cotidiano y frecuente, adquiridos casi de forma automática, como bebidas, pan o detergentes. Los productos de urgencia responden a necesidades imprevistas y se adquieren de inmediato, como paraguas, botiquines o velas en un apagón.

Por otro lado, los productos especiales se destinan a nichos concretos y requieren un mayor esfuerzo de compra, como maquinaria industrial, equipos médicos o tecnología avanzada.

Finalmente, junto a los bienes tangibles se encuentran los servicios, productos intangibles que no pueden almacenarse y que se consumen al mismo tiempo que se prestan, como el transporte, la educación, la salud o el turismo.

En el sector turístico, el producto adquiere una dimensión particular: más que un bien físico, se traduce en experiencias y vivencias intangibles. El producto turístico es, por tanto, la suma integrada de recursos naturales y culturales, infraestructuras, servicios (alojamiento, transporte, restauración), actividades complementarias y valores simbólicos que conforman la experiencia de viaje. A diferencia de los bienes industriales, no puede almacenarse ni trasladarse, sino que se consume en el destino y de manera simultánea a su prestación.

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