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La expresión tercera gama procede de la clasificación industrial de los alimentos en función de su grado de procesamiento y conservación. Hace referencia a los productos alimentarios que han sido sometidos a un tratamiento térmico (esterilización, pasteurización, cocción, congelación) y envasados al vacío o en atmósfera protectora, con el fin de prolongar su vida útil y facilitar su distribución y consumo.

Estos alimentos no son frescos (primera gama) ni simplemente transformados o conservados en condiciones naturales (segunda gama), sino que se presentan listos para su uso en cocina tras una manipulación mínima.

En el sector turístico, y particularmente en hostelería y restauración, la tercera gama se asocia a productos como verduras congeladas, salsas preparadas, pescados o carnes envasadas y pasteurizadas, que permiten mantener la calidad organoléptica y garantizar la seguridad alimentaria.

Su incorporación en hoteles, restaurantes y servicios de catering responde a la necesidad de optimizar tiempos de preparación, reducir mermas y asegurar la estandarización de platos, especialmente en cadenas hoteleras y colectividades con gran volumen de servicio.

Históricamente, la expansión de la tercera gama se consolidó a mediados del siglo XX con los avances en la industria de congelados y envasados, y hoy forma parte de un modelo de aprovisionamiento profesional que combina eficiencia operativa con control de costes.

Aunque a veces se le atribuye menor valor gastronómico frente a elaboraciones con producto fresco, su uso se considera estratégico en turismo por la capacidad de mantener estándares homogéneos, facilitar la logística internacional y contribuir a la seguridad alimentaria, aspectos críticos en destinos con alta rotación de visitantes.

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