¿Dónde tomar tapas en Madrid?
Ir de tapas en Madrid -también llamado tapeo o tapear- es un ritual social que abre la conversación y abre el apetito a base de pequeños bocados servidos junto a la bebida.
Sobre el origen de la tapa conviven dos relatos: la disposición del rey Alfonso X “el Sabio” para acompañar el alcohol con comida sólida y la costumbre de tapar el vaso con pan para protegerlo del polvo y los insectos.
Sea cual sea la historia, hoy la tapa madrileña va desde aceitunas, patatas tipo chips o frutos secos hasta propuestas cuidadas que rozan la alta cocina. Para orientarse en el tapeo madrileño, conviene diferenciar la tapa de las raciones o medias raciones (de pago), ideales para compartir.
Entre las tapas más representativas de Madrid destacan las patatas bravas, los callos, los soldaditos de Pavía (bacalao rebozado con pimiento rojo), los calamares -en bocata o en ración- y los caracoles guisados a fuego lento, emblemas de una tradición castiza que se mantiene viva en tabernas y barras.
Pero, como capital abierta y diversa, Madrid ha convertido en propios otros clásicos del recetario español que, aunque nacieron en distintas regiones, hoy forman parte esencial de su escena de tapeo: la tortilla de patatas, las croquetas, los quesos curados, el embutido ibérico o incluso los torreznos, presentes en su día a día gastronómico con la misma naturalidad que las especialidades locales.
Para beber, en Madrid mandan la caña bien tirada, el vino servido en copa o en chato y el vermú de grifo que marca el ritmo de los aperitivos más castizos.
Tapear en Madrid no es una lista de direcciones, sino un modo de abrir el apetito a base de pequeños bocados que cuentan historias: del vermú al jerez, de la cazuela de callos a la gilda, del crujir de unas bravas al pan untado de una tortilla perfecta. Solo queda elegir barrio… y dejarse llevar de barra en barra. Aquí van algunas propuestas gastronómicas:
El recorrido clásico por el centro permite entender por qué tapear aquí es cultura. Casa Labra (desde 1860) sigue marcando estilo con sus soldaditos de Pavía y croquetas; Bodega La Ardosa (desde1892) alterna tortilla y oreja con mariscos en conserva; La Casa del Abuelo (1906) es sinónimo de gambas y langostinos.
En Lhardy, las barquetas de hojaldre y las croquetas acompañan su consomé; en El Anciano Rey de los Vinos suenan el vermú y las aceitunas de Camporreal junto al Palacio Real; Bodegas Ricla reivindica encurtidos y callos; la Taberna de Antonio Sánchez —la más antigua, desde 1787 — borda el rabo de toro.
La Venencia es templo de jereces con mojama y quesos; La Oreja de Oro honra su nombre a la plancha; en Taberna de la Dolores la caña perfecta pide gilda; Los Caracoles y Casa Amadeo perpetúan los caracoles de recetario tradicional.
Más allá de los iconos, cada zona de tapeo ofrece su sello, en el entorno de Sol–Plaza Mayor–Santa Ana, direcciones como Casa Paco, Cervecería Sol Mayor, Taberna La Daniela, Taberneros, Casa Revuelta, Bar Postas o Arrabal Madrid concentran barra viva y ritmo de centro.
Al norte de Gran Vía (Chueca–Malasaña–Conde Duque) conviven históricos y modernos —de El Tigre y Stop Madrid a Celso y Manolo o El Cangrejero— con vermuterías y colmados actualizados.
En La Latina (Cava Baja y aledaños) triunfan los callos de La Chata y los guiños creativos de La Musa, mientras Las Letras combina clásicos como Casa Manolo, Cervecería Cervantes o Cervecería Alemana con barras de producto como Taberna La Elisa o Los Gatos.
Los barrios elegantes también invitan a ir de tapas. En Retiro–Ibiza (Doctor Castelo, Menorca, Ibiza), el nivel sube con Marcano, La Raquetista, Taberna Pedraza, La Castela, La Catapa, Laredo, Kulto o Taberna & Media.
En el barrio Salamanca, Jurucha, Hevia, Los Timbales o La Giralda mantienen el estilo. Y si se busca el Madrid de barra, Chamberí tiene nombre propio: Ponzano -Fide, El Doble, Los Arcos, El Escudo- y alrededores, con ensaladillas, boquerones en vinagre y mariscos en conserva que invitan a tapear sin prisa.
Consejo final para quien empieza a ir de tapas: no confundas el aperitivo gratuito (aceitunas, cacahuetes o un pequeño bocado que llega con tu caña) con la tapa o la ración que se pide expresamente y se cobra. En ambos casos, el objetivo es el mismo: abrir el apetito y disfrutar de Madrid a pequeños sorbos… y a pequeños bocados.
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