Entrevista a Jordi William Carnes

Turisme de Barcelona: "La gestión turística se ha hecho más compleja"

El consorcio público-privado deberá lidiar con el propio éxito de la ciudad

Barcelona recibe anualmente 29 millones de visitantes y la mitad duermen en la capital catalana, que tiene 125.000 plazas de alojamiento regulado. Pero el impacto de la economía colaborativa ha hecho proliferar miles de pisos turísticos, muchos sin legalizar. El éxito turístico ha generado unos efectos colaterales y cierto malestar vecinal. En este entorno, Turisme de Barcelona, ente dirigido por Jordi William Carnes, se prepara para asumir nuevos retos.

¿Cuál es su diagnóstico sobre el turismo en Barcelona?

El año 2015 ha sido muy positivo en los ámbitos de crecimiento y de consolidación de mercados históricos maduros. Por diferentes factores: el cambio del euro respecto al dólar y la libra esterlina; el precio del carburante; situaciones de conflicto en alguna zona relativamente cercana...

Pero el debate sobre los impactos del turismo en Barcelona se ha intensificado...

Hay una sensibilidad por parte de la ciudad que debemos tener en cuenta. La convivencia entre los ciudadanos -bien sean residentes bien sean visitantes- es una necesidad.

No se oye a menudo la equiparación entre ciudadanos y visitantes.

Todos son ciudadanos, lo único que unos viven todo el año y a lo mejor otros vivirán aquí unos días u horas. Por otra parte, mucha gente que vino en un primer momento por un reclamo turístico después se queda a trabajar en esta ciudad. Existe un fenómeno de emprendedores que no se entendería si Barcelona no fuera una ciudad que se ha puesto de moda.

Jordi William Carnes, director de Turisme de Barcelona.Jordi William Carnes, director de Turisme de Barcelona.

En la nueva era de retos que se abren respecto a la gestión del destino ¿qué papel va jugar Turisme de Barcelona?

Hay dos niveles: por un lado somos una plataforma de promoción y también tenemos que estar atentos a las necesidades del visitante. Seríamos como un cluster de turismo, con un alma privada y un alma pública. Por ello tengo la responsabilidad de ser un interlocutor, ayudar a la ciudad en los retos que tiene.

¿Retos como por ejemplo?

Algunos están relacionados con la convivencia. Otros son cómo afrontar problemas de movilidad. O cómo generar nuevos productos que ayuden a la descentralización del turismo.

Precisamente la marca Barcelona es cada vez más usada por destinos y empresas situadas incluso a más de 50 KM. ¿Hay riesgos en este fenómeno?

Yo lo veo como una oportunidad. Hemos profundizado un acuerdo con la Diputación de Barcelona y trabajamos conjuntamente la descentralización turística, para que no todo el mundo vaya al mismo sitio. Hay nuevos atractivos que se pueden plantear en la propia ciudad, pero no será fácil que se consoliden de manera inmediata. En cambio, hay iconos que ya funcionan cerca de Barcelona en un espacio de 20 a 50 kilómetros.

Sin embargo, el turista que viene unos días quiere ver los básico...

Sí, pero yo creo que hay un dato a considerar: tenemos un porcentaje muy alto de gente que viene más de una vez. La primera vez todo el mundo irá a visitar esas referencias que están en todas las guías turísticas, pero una vez ya lo has visto tienes que ofrecer más cosas.

Esa tasa de repetición que mencionaba antes, no sé si la recordará de memoria.

40%. Normalmente es una persona que viene por un congreso o convención. Después te viene con la pareja para un fin de semana. Y después aparece con la familia. Cada vez, en diferentes formatos de alojamiento y actividades.

Parece como si el turismo urbano se estuviera sofisticando cada vez más.

Lo importante es entender las culturas de los diferentes países que nos visitan. Durante años, hemos trabajado con el público europeo y norteamericano, que quizá tendría la misma raíz cultural. Pero ahora nos entran nuevos actores: el mundo árabe, el eslavo, el asiático...

¿Y cómo se está adaptando Turisme de Barcelona?

Tradicionalmente todo nuestro trabajo había sido business to business y ahora estaríamos también empezando en el business to consumer. El mundo digital te lo posibilita y te obliga incluso. También queremos que las oficinas de información estén más modernizadas y adaptadas a esos nuevos públicos. Antes, con tres idiomas prácticamente cubrías el 100% de la demanda. Ahora hay que añadir ruso, chino... La gestión turística se ha sofisticado, se ha hecho más compleja, y requieres nuevos perfiles de profesionales.

¿Cómo están viendo el impacto de la economía colaborativa?

Las prácticas de algunas de esas empresas distan bastante del concepto original. En el fondo no dejan de ser plataformas de intermediación. Necesitamos saber cuál es la oferta real que hay en la ciudad porque por la puerta de atrás estamos cambiando todo el planeamiento urbanístico: sin ningún debate público, miles de viviendas se convierten en pisos turísticos, en actividades económicas. Se entiende que este fenómeno haya podido proliferar con la crisis, pero debemos poner unas normas o nos podemos hacer daño.

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Esta entrevista ha sido publicada en la revista HOSTELTUR de enero y se puede descargar como documento pdf a través de este enlace.

 

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