Edición España. Ex secretario general de la OMT 1997-2009

Frangialli: "No sabemos si la OMT cumple con objetivos que no están claros"

La institución está ahora "pagando el precio de su falta de ambición y creatividad". "No representa correctamente la realidad del turismo de hoy en el mundo industrializado", asegura 6 noviembre, 2021

Francesco Frangialli (Francia) fue secretario general de la OMT entre 1997 y 2009, siendo reelegido a lo largo de cuatro mandatos. En esta entrevista sobre el presente y el futuro de la institución, la única agencia de Naciones Unidas que tiene su sede en España, se muestra crítico con una gestión poco eficaz, sin objetivos claros, que ha convertido a la organización en un fin en sí misma y sin protagonismo ni influencia real cuando el turismo se ha convertido en una industria global que se enfrenta a retos también globales. Frangialli no considera que la OMT haya acertado en fijarse unos objetivos reales ante la crisis ocasionada por la COVID-19, desaprovechando así una gran oportunidad para ser útil a la industria. No cree adecuado que España presente a su candidato en la Asamblea General, por el hecho de tener la sede de la organización -al revés de lo que opina Taleb Rifai en esta entrevista a HOSTELTUR-, pero considera que España debería implicarse más en el desarrollo de la institución y no ve imposible, aunque sí difícil, dada la gestión actual, volver a interesar a algunos de los grandes países industrializados que han salido de la OMT. "La OMT se está convirtiendo, poco a poco, en una coalición de países del Tercer Mundo, y ha sido incapaz de revertir esta tendencia", reflexiona en esta entrevista.

¿Cuáles diría que son actualmente los objetivos de la OMT?

Me pregunto cuáles son los objetivos actuales de la Organización. La imposibilidad de que un observador externo y de buena fe se haga una fotografía clara sobre las prioridades actuales de la institución puede que sea la preocupación principal sobre la OMT y su futuro. El actual programa de trabajo parece confuso y no suficientemente selectivo. Es esencial para el éxito de cualquier organización internacional que aquellos que la gestionan definan claramente hacia dónde quieren ir, y así poder compartir esa visión con las principales partes interesadas. Así, la visión colectiva se traduce a un número limitado de objetivos y actividades.

Durante un periodo de dos décadas, empezando en 1990 la OMT se asignó a sí misma, de acuerdo con las misiones contempladas en los Estatutos, un número limitado de metas fundamentales, a un ritmo de aproximadamente un nuevo objetivo cada dos o tres años. Esta estrategia planificada tenía como objetivo movilizar las energías de los países miembros.

¿Cuáles fueron algunos de esos logros?

Esta estrategia empezó en 1991 con la Cuenta Satélite del Turismo, ya que un conocimiento preciso y una capacidad de medición de la importancia económica del turismo es la clave de todo. Luego, tras la Cumbre de la Tierra en Río en 1992 por parte de Naciones Unidas, vino el reto de la sostenibilidad, seguido unos años más tarde por la adopción del Código Global de Ética para el Turismo, respaldado por la Asamblea General de Naciones Unidas. En 2002, en Johanesburgo, surgió la ambición de aliviar la pobreza turística en el mundo, a través de un nuevo modelo de turismo, más equilibrado, igualitario, responsable y sostenible. Las prioridades de la OMT cambiaron y se enfocaron más hacia los países menos desarrollados.

Este movimiento nos acercó a la familia de Naciones Unidas y sobre esta base, la OMT se convirtió en una agencia especializada de pleno derecho de la ONU en 2004. Desde 2003 estaba en marcha nuestro compromiso para reducir la contribución del turismo al calentamiento global, mitigar ese impacto y facilitar la adaptación de la industria de los viajes al cambio de las temperaturas.

La mayor parte del trabajo que se ha hecho queda reflejado en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados como parte de la Agenda 2030 de Naciones Unidas en 2015

Los objetivos que no fueron

¿Considera que la OMT cumple, hoy, con lo que se espera de ella, con sus metas?

¿Cómo podemos saberlo si, como he dicho, sus prioridades no están claras? Después de 2010, su Dirección no ha propuesto ni a la Organización ni a sus miembros nuevos objetivos. Parece que se ha convertido en un fin en sí misma, la comunicación reemplazó a la acción y se descuidó el necesario trabajo técnico. La institución está ahora pagando el precio de su falta de ambición y creatividad.

En las actuales circunstancias excepcionales, cuando el turismo internacional se ha estancado a causa de la pandemia de COVID, la OMT debería, desde el inicio de la crisis, haber concentrado sus esfuerzos en tres objetivos:

1. Medir el impacto económico de la crisis, especialmente la destrucción de puestos de trabajo para facilitar la recuperación en una etapa posterior. Esto se intentó más o meos por parte de la actual Dirección de la organización, pero el trabajo más interesante sobre este tema vino de otras fuentes: el propio secretariado de Naciones Unidas, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), el Banco Mundial, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

2. Cooperar con el Secretariado de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (como se hizo en 2002-2003 cuando el turismo afrontaba el impacto de la epidemia de SARS), y la OACI (Organización de Aviación Internacional), para poner en marcha un pase sanitario global que permitiera reasumir de forma rápida y segura los viajes internacionales, igual que hizo la Unión Europea para sus viajes regionales.

3. Emprender un estudio multidisciplinar en profundidad sobre el nuevo modelo turístico que inevitablemente surgirá de esta crisis sin precedentes.

¿Es la OMT, actualmente, lo que podría llegar a ser?

Por supuesto que no. La debilidades son inmensas y no pueden escapar a la atención de ningún observador. La institución no está siendo suficientemente global: en los pasado 10 años, la OMT ha aumentado ligeramente su número de miembros, pero al mismo tiempo, ha perdido muchos apoyos entre los países de la OCDE, especialmente en el norte de Europa, Norteamérica y el Pacífico, tres áreas relevantes para el turismo mundial. La OMT se está convirtiendo, poco a poco, en una coalición de países del Tercer Mundo, y ha sido incapaz de revertir esta tendencia. ¿Cuál es el interés en atraer a un nuevo miembro sin potencial turístico y que nunca pagará su contribución?

La OMT no representa correctamente la realidad del turismo de hoy en el mundo industrializado. La imagen que da de la realidad está distorsionada. La consecuencia de ello es la falta de atractivo en la imagen que da y la falta de eficacia en la acción, aunque no siempre ha sido así

Cuando fue creada a mitad de los 70 la organización podía permitirse representar fundamentalmente a las administraciones nacionales de turismo de los países tradicionalmente importantes en turismo, incluyendo en ese momento los estados comunistas, con economías centralizadas. Este esquema ya no funciona: las administraciones centrales involucradas en el turismo se han debilidado mucho, y en ocasiones han desaparecido del todo. Descentralización y privatización están a la orden del día. ¿Cómo puedes estar interesado en cooperar con otros países, bilateralmente o, todavía más complicado, multilateralmente, cuando no estás comprometido en la gestión y el desarrollo del turismo internamente?

¿Y qué podría hacer?

Deben inventarse nuevas formas de cooperación con estos importantes países, que siguen siendo los principales actores del turismo mundial hoy en día. Es necesaria una mayor participación de las autoridades locales y del sector privado, destinados a convertirse en los canales privilegiados de comunicación entre la OMT y sus miembros. La presencia vital del sector privado -actualmente asegurado de forma insuficiente a través de un comité de miembros afiliados esquelético-, debería ser urgentemente revificada.

Pero realmente no se ha intentado nada parecido, ni siquiera ha sido concebido, en el pasado reciente. En lugar de centrarse en la cuestión sin sentido de un posible traslado de la sede de la OMT, este tema debería ocupar un lugar central en los debates de la próxima Asamblea General.

¿Podría llegar a ser relevante la OMT para la industria turística? ¿Cómo?

Para responder a esta pregunta es necesario echar un vistado a los recientes cambios en el mundo del turismo. Los tres mayores cambios ocurridos en los últimos 30 años son claros: el turismo se ha convertido en un fenómeno de masas, con 1.500 millones de llegadas internacionales en 2019; se ha convertido en un fenómeno global: cada rincón del mundo, incluso el Antártico, es ahora visitado; y el turismo está hoy fuertemente interrelacionado a los otros fenómenos globales que la humanidad debe soportar y abordar: el calentamiento global y la degradación medioambiental, la pérdida de biodiversidad, la reducción de los recursos hídricos y la desertificación, los conflictos entre religiones y culturas, la falta de educación básica, el crimen internacional, las epidemias...

Cuando la OMT se estaba creando, hace casi medio siglo, Robert Lonati y otros padres fundadores podían, de alguna manera, considerar el turismo simplemente por sí mismo, como una industria de rápido crecimiento donde la oferta debe coincidir con la demanda, con consumidores específicos, los turistas y los visitantes de un día, sus empresas y sus trabajadores, sus recursos de financiación, con las autoridades públicas monitoreando el sistema. A través de la cooperación instituyeron entre ellos, los países miembros pudieron comparar y mejorar sus políticas de marketing y promoción, los instrumentos que estaban en sus manos, como las estadísticas y los programas de capacitación, y sus estrategias de desarrollo. Pudieron, con el apoyo financiero del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, llevar a cabo un significante volumen de actividades de cooperación técnica en beneficio de los países en vías de desarrollo, una misión fundamental consagrada en los Estatutos de la OMT en 1975.

¿Y entonces?

Hoy, este enfoque sigue siendo válido, pero es demasiado reduccionista; debe ser ampliado a las cuestiones globales y fundamentales mencionadas más arriba. Más que nunca, el turismo demuestra cuál su verdadera naturaleza: una actividad transversal, como ha confirmado la actual pandemia, llamando la atención hacia los vínculos entre los viajes por un lado, y las limitaciones de salud y los problemas de seguridad, por otro.

Explorando las complejas interrelaciones entre el turismo y los viajes y otras cuesiones globales, como las migraciones internacionales, la pobreza, la salud, la educación, el clima, el suministro de agua, la biodiversidad... ahí es donde, como una rama de la familia de Naciones Unidas, el papel de la OMT es relevante. La OMT es el único foro donde estos temas, que son demasiado grandes y complejos para ser manejados en los contextos locales y nacionales, pueden ser explorados y discutidos.

Los grandes ausentes

¿Debería ser una prioridad intentar que entren como miembros de la OMT los países que hoy están fuera y que son importantes en turismo: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, los países nórdicos…? ¿Cómo afecta a la credibilidad de la organización el hecho de que no estén estos países industrializados?

Por los motivos comentados más arriba, no es algo fácil de resolver; pero aún así, parece posible avanzar con un poco de energía, inteligencia y, diría, imaginación.

España, como país anfitrión de la organización, debería involucrarse en ayudar a explorar las vías hacia una mejor manera de concebir y estructurar la membresía de la institución, respetando estrictamente su naturaleza intergubernamental. Fue un honor para mí contar con el apoyo del Gobierno de España en el ECOSOC (Consejo Económico y Social de NU) y en la Asamblea General de Naciones Unidas cuando se llevó a cabo la histórica conversión de la institución en una agencia especializada de la ONU. Cuando la vieja OMT se convirtió en la nueva OMT.

Llevar a bordo a los grandes países que ahora están ausentes será complicado pero no es imposible. Cuando salí de la OMT, el Reino Unido, Canadá, Australia, Lituania, Letonia y Noruega, se habían incorporado o reincorporado a la OMT, conseguimos atraerlas de nuevo. Nueva Zelanda se había comprometido a hacerlo, y el secretario de Comercio de los Estados Unidos había recomendado al presidente hacer lo mismo. Pero desafortunadamente, todo esto se ha perdido. Con estos países no puedes simplemente basarte en la comunicación y los eventos sociales, los eslóganes y las buenas palabras. Quieren recibir un retorno técnico y financiero por su inversión, para justificar la contribución que están pagando.

¿Es lógico que cada país miembro tenga un voto, o deberían tener votos proporcionales según su aportación económica?

"Un país, un voto" es un principio básico en las organizaciones intergubernamentales que pertenecen al ámbito de las Naciones Unidas. Esta norma no puede cambiarse. Pero en cualquier caso, esta cuestión no es relevante realmente, ya que la mayor parte de las decisiones que se toman en los órganos de la OMT lo son por consenso. Hay muchas maneras de garantizar que los principales países miembros reciben un trato de acuerdo a su importancia en la vida de la organización y su papel en el turismo mundial. Cuando yo era secretario general, introducimos un cambio en los Estatutos, dando al país enfitrión, España, un asiento permanente en el Consejo Ejecutivo. Con el mismo espíritu, el árabe y el chino fueron añadidos como idiomas oficiales de la organización, para conseguir que los países interesados se sintieran más comprometidos con la institución.

La "T" de Transporte

¿Debería la OMT extenderse al Transporte? ¿Eso ayudaría de alguna manera?

No estoy seguro de que fuera una buena idea. Por supuesto, el vínculo entre el transporte y el turismo es esencial. Si lo hubiésemos olvidado, la actual crisis, donde el transporte aéreo, los cruceros y el turismo han sufrido por igual, nos lo habría recordado!

Pero la OMT es parte de la familia de las Naciones Unidas, donde existen otras dos organizaciones encargadas del sector del transporte: la OACI, basada en Montreal, para la aviación civil, y la Organización Marítima Internacional (IMO), basada en Londres, para el transporte marítimo. No tendría sentido entrar en un conflicto improductivo con esas dos agencias! El sector del transporte terrestre no está cubierto de la misma manera, pero, aún así, hay organizaciones profesionales y una red de acuerdos bilaterales y multilaterales en política de transportes dentro de la Unión Europea. Es mejor cooperar que competir con estas instituciones, muchas de ellas son más fuertes que nosotros!

¿Qué requisitos considera que son importantes para un secretario general? ¿Cuál sería su perfil ideal ¿Debería España promocionar a su propio candidato a la Secretaría General de la OMT? De responder afirmativamente, ¿por qué? ¿Alguna idea de candidato ideal?

Habiendo sido yo mismo secretario general, prefiero no referirme a cuál sería el mejor perfil para ocupar ese cargo!

Solamente sugeriré que no creo que fuera una iniciativa adecuada que España presentara un candidato. Aunque hay algunas excepciones, como por ejemplo la UNESCO, basada en París, con un director general francés, los miembros de las organizaciones internacionales usualmente no aprecian que el mismo país tenga ambos, la sede y la Secretaría General. España lo intentó hace 24 años, pero fracasó. El país anfitrión que juega un papel de veteranía y liderazgo en el mundo del turismo, tiene otras formas de extender su influcencia dentro de la OMT, tanto en interés de la organización como en su propio provecho.

Avatar redactor Esther Mascaró Puntí Redactora Jefe

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