Viajes al Polo Sur
Turismo en la Antártida: récord de visitantes ¿Pero a qué precio?
Más de 125.000 personas visitaron el continente blanco durante el último verano austral, el doble que hace cinco años, en medio de crecientes advertencias sobre su impacto ambiental y la falta de una regulación internacional vinculante
Publicada 04/05/25

Con cerca de 125.000 visitantes por temporada —más del doble que hace apenas cinco años—, el turismo en la Antártida continúa en expansión. El último verano austral, que acaba de concluir, volvió a marcar un récord de llegadas sin que exista aún una regulación vinculante que limite el impacto de esta actividad en uno de los territorios más vírgenes del planeta. Cada temporada, alrededor de 80 cruceros antárticos recalan en sus costas. Aunque se aplican medidas para reducir su huella ambiental, diversos estudios advierten de que estas expediciones alteran el comportamiento de la fauna, aceleran el deshielo, favorecen la llegada de especies invasoras y contaminan las aguas polares.

“El mayor problema que tiene el turismo en la Antártida es que está aumentando y no hay una gestión integral establecida, lo que debería resolverse urgentemente”, asegura la directora de la ONG Coalición Antártica y del Océano Austral (ASOC), Claire Christian, quien advierte que “si queremos seguir considerando el turismo una actividad legítima, tiene que estar mejor regulado”.
Desde su creación en 1961, los firmantes del Tratado Antártico, instaurado para otorgar gobernanza al continente y suscrito actualmente por 58 países, han aprobado más de 50 resoluciones relativas al turismo, pero la gran mayoría de ellas son “directrices voluntarias o recomendaciones” que, además, deben esperar a ser adoptadas por los sistemas legislativos nacionales, explica la investigadora Chantal Lazen, del Programa de Estudios Antárticos de la Universidad de Chile.
De momento, las agencias de viajes pasan por evaluaciones ambientales domésticas y, voluntariamente, se inscriben a la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO), cuyos requerimientos son más estrictos, pero, una vez en la Antártida, la actividad turística está autorregulada y depende, en definitiva, de la “conciencia” de los operadores.
“Hasta hoy en día el control es que todos nos miramos entre nosotros y nos fijamos en que el otro no haga nada, pero no existe policía”, describe el guía Santiago Imberti en la ciudad de Punta Arenas, en el extremo austral chileno y puerta de entrada al continente blanco.
80 cruceros al año
El turismo en el continente helado sigue siendo, como cuando empezó en la década de 1950, principalmente marítimo. Alrededor de 80 buques arriban a la costa antártica cada temporada, con entre 12 y 3.150 pasajeros a bordo, la mayoría de ellos estadounidenses, indica la IAATO.
Según las recomendaciones, solo desembarcan los cruceros con menos de 500 turistas y lo hacen en puntos seleccionados de la península.
Bajo el lema “no se puede cuidar lo que no se conoce”, la mayoría de expediciones promueven un “turismo distinto, de reflexión, aprendizaje y sensibilización”, dice el director de la Fundación Antártica 21, Edgardo Vega, que asegura que estas actividades se rigen por “altos estándares de sostenibilidad y responsabilidad social”.

Impactos del turismo en el ecosistema de la Antártida
Pese a las medidas tomadas para mitigar su impacto en el ecosistema polar, numerosos estudios han demostrado que el turismo altera el comportamiento de la fauna y contribuye al derretimiento del hielo, a la introducción de especies invasoras y la contaminación del agua.
Como respuesta a la creciente demanda, además, algunos operadores se ven con la “necesidad de romper o presionar un poco las reglas” para “entregar mejores experiencias”, señala Imberti.
Sin embargo, según Vega “sería una ilusión creer que por restringir la actividad humana en Antártica vamos a evitar todas las consecuencias que la vida está teniendo” porque “esos cambios ocurren principalmente por lo que hacemos como sociedad en el resto del planeta”.

Se necesita una nueva regulación vinculante
En 2023, los miembros del Tratado Antártico acordaron agrupar y completar las resoluciones aprobadas hasta el momento con el objetivo de implementar una regulación “comprensiva, unitaria y vinculante”, explica Chantal Lazen.
Expertos y operadores coinciden en que dicho protocolo deberá ser elaborado en base a estudios científicos, muchos de los cuales se realizan desde los mismos cruceros turísticos, que acogen a investigadores para que puedan costear sus viajes.
El mayor desafío que enfrenta el desarrollo de esta regulación, revela Lazen, son los “problemas políticos y económicos” que surgen en las reuniones del Tratado Antártico, cuyas decisiones están sujetas al “complejo” consenso entre “estados con tradiciones jurídicas, sistemas políticos e intereses muy distintos”.
“Al firmar el Tratado, estos países asumieron la responsabilidad de gobernar y proteger la Antártida. Puede que sea difícil regularlo, pero el turismo es uno de los principales impactos en su ecosistema”, recuerda la directora de ASOC, quien concluye: “es una buena noticia que estén hablando sobre esto, pero necesitamos que realmente actúen y que lo hagan ya”.
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