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Por Javier Gutierrez Rodriguez, en Economía

Frías, Oña y Poza de la Sal, un viaje a las Raíces de Castilla

24 marzo, 2018 (14:48:35)


Hay territorios que sorprenden, que cautivan el espíritu y que atrapan los sentidos. Territorios en los que cada rincón parece competir en hermosura para regalar al viajero estampas imposibles de borrar de la memoria. Territorios que han sabido aglutinar su propia y rica historia en un crisol del que emanan emociones únicas.

A caballo de las comarcas burgalesas de La Bureba y las Merindades se extienden tres municipios en los que se escribieron algunas de las páginas más importantes del pasado castellano. Tierra de desfiladeros, montañas, gargantas y rincones de una belleza natural incomparable, por sus caminos y veredas deambularon ya pueblos prerromanos, romanos y medievales que dejaron sus huellas hasta dar vida al condado de Castilla, y al posterior reino de Castilla. De ahí que la mancomunidad formada por Frías, Oña y Poza de la Sal sea llamada, con todo merecimiento, Raíces de Castilla.

LA CIUDAD DE FRÍAS

En territorio de la comarca de las Merindades, un lugar imprescindible que debes visitar es la ciudad de Frías, cuyo nombre procede de “Aguas Fridas”. La primera documentación en la que aparece reflejada la ciudad más pequeña de España corresponde al siglo IX, época de la que se conservan varios sepulcros rupestres alrededor de la parroquia de San Vicente. Mucho tiempo después, concretamente bajo el reinado de Alfonso VIII es cuando se produce su auge, convirtiéndose en centro comercial, viario y defensivo, además de concederle funciones administrativas y militares.

Como recuerdo de los acontecimientos históricos vividos por la ciudad de Frías, todos los años se llevan a cabo dos representaciones teatrales que tiene como escenario incomparable el patio de armas del castillo. El primer viernes y sábado de agosto, vecinos y veraneantes ponen en escena las obras “El Capitán” y “El Fuero de Frías”, dos hechos que marcaron la historia de la ciudad y la vida de sus habitantes y en los cuales es el pueblo el protagonista de los cambios sufridos.

En la actualidad Frías es un pequeño pero importante y bellísimo núcleo turístico de la provincia de Burgos y del territorio de Raíces de Castilla, que impregna al visitante de un exquisito sabor medieval y que cuenta con un importante patrimonio cultural y natural. El Castillo, las Casas Colgadas las puertas y el recinto amurallado y las iglesias de San Vítores y San Vicente Mártir. Sin duda alguna es el templo religioso que más llama la atención de toda la ciudad de Frías, la cual ha llegado hasta nuestro días con una mezcla de estilos, y con el recuerdo del sobresaliente pórtico románico que está en el Museo de Claustros de Nueva York. Un pequeño templo románico, la ermita de Nuestra Señora de la Hoz y los conventos de San Francisco y de Vadillo dan fe de la importancia que Frías tuvo en el pasado. Recursos turísticos que se completan con la cascada del Río Molinar, así como las que divide en dos al pueblo de Tobera y que lo convierten en uno de los parajes con más encanto de la comarca.

LA VILLA CONDAL DE OÑA

De gran importancia durante la Edad Media, tuvo mucho que ver en la formación del Reino de Castilla, como se pone de manifiesto en su amplio conjunto monumental y que le valió la concesión del título “Muy leal y valerosa villa”. Oña hunde sus raíces en remotas épocas, pero fue a mediados del siglo VIII cuando su nombre aparece en la historia como un fortificado baluarte. Es en el año 950 cuando, Fernán González, le concede sus primeros privilegios, y su nieto Sancho Gracia la eleva al rango condal y funda el Monasterio de San Salvador que pone en manos de la Infanta Trigidia.

El patrimonio monumental de Oña está encabezado por el Monasterio de San Salvador, el que fuera el monasterio más importante de Castilla. Morada de los últimos condes y de los primeros reyes castellanos, fue además foco de una intensa actividad religiosa y cultural. Fundado en el año 1011, fue una de las más ricas abadías españolas a lo largo de toda la Edad Media y Moderna. Riqueza que se vio reflejada en el desarrollo artístico, presentando diferentes estilos arquitectónicos como el románico, el gótico en el espectacular claustro, sin olvidar el arte renacentista y barroco, fruto de las diversas remodelaciones que se llevaron a cabo a lo largo de su historia.

Antes de recorrer la villa es recomendable visitar los centros de interpretación del Medievo y el de la Resina y acercarse a los valores artísticos, arquitectónicos y etnográficos de la villa. Otros lugares interesantes son la Torre e Iglesia de San Juan, la Judería y su arquitectura popular.

Pero Oña es también un importante núcleo de actividad cultural como lo demuestra la repleta agenda de citas a lo largo del año, entre la que destaca de manera sobresaliente El Cronicón de Oña, la excepcional teatralización que recrea los hechos históricos que significaron el origen de Castilla y de los que rodearon la fundación del monasterio de San Salvador, este año tendrá lugar del 10 al 14 de agosto. Y como complemento para comprender mejor algunos momentos decisivos de la villa, el próximo día 30 de marzo se podrá disfrutar de una visita teatralizada al Monasterio de San Salvador, enmarcada en 1771 y de la mano de D. Íñigo de Barreda y del abad Cosme Ximénez. Serán tres pases a las 11:30, 12:30 y 13:30 horas y podrás informarte en la Oficina de Turismo (tfno: 947 300 078) y en el mail: turismoona@yahoo.es.

El patrimonio natural también ocupa un papel importante en Oña gracias a la proximidad del Parque Natural de los Montes Obarenes y su Casa del Parque, las diferentes rutas de senderismo que se pueden realizar y el Valle de las Calderechas, auténtico vergel donde se cultivan diferentes frutos como cerezas, ciruelas, peras, manzanas y sabrosos productos de la huerta.

LA VILLA SALINERA DE POZA DE LA SAL

Esta antigua villa que un día vio nacer al universal Félix Rodríguez de la Fuente se alza a los pies de su imponente castillo, allí donde el Páramo de Masa se rinde a los encantos de la comarca de La Bureba, ofreciendo una fantástica panorámica que alcanza con la vista hasta los Montes Obarenes, Pancorbo y la Sierra de la Demanda.

Su situación estratégica y sus ricos yacimientos de sal despertaron el interés de los romanos, que la convirtieron en uno de los principales centros productores de sal mediante un proceso extractivo único en el mundo, construyeron puentes e infraestructuras de comunicación y un sistema de distribución, lo que significó la base para el fuerte desarrollo que experimentó en la Edad Media, llegando a ser un potente motor económico de Castilla.

Los designios de Poza de la Sal siempre estuvieron ligados a la explotación salinera, una actividad que ha esculpido un genuino paraje en el que el "salero" con forma de anfiteatro sigue siendo el protagonista desde la prehistoria junto con el Diapiro más perfecto de Europa.

Poza de la Sal es muy fiel a su cultura y tradición salinera, por lo que organiza La Batalla por la Sal, una visita teatralizada de la historia de la villa y su ligazón a la sal, que además incluye una visita al Centro de las Salinas y al Espacio Medioambiental de la Infancia de Félix Rodríguez de la Fuente, que tendrá lugar el jueves 29 (18:00h), el viernes 30 (12:00 h) y el sábado 31 de marzo (18:00 h) reservando en el teléfono 679 808 143.

Tal fue la importancia del lugar que el conde Diego Rodríguez Porcelos construyo el castillo en el s. IX para su defensa. Desde su privilegiada situación controlaba por el oeste la entrada a la villa y a La Bureba desde el páramo, y también tenía el control de todo el territorio salinero. Su función eminentemente defensiva se puso de manifiesto en la Guerra de Independencia con la conocida como “Acción de Poza”. Por orden de Carlos I, sirvió de prisión de los embajadores pertenecientes a la Liga Clementina, así como de Ricardo Cuper, Procurador de los corsarios ingleses que asaltaron y tomaron la nao “Espíritu de Gracia”, en Belem, cerca de Lisboa.

Pero Poza de la Sal guarda más sorpresas. Llama poderosamente la atención el trazado medieval del casco urbano, en el que las calles dibujan un laberinto serpenteante protegidas por el recinto amurallado y por la silueta del castillo.

Así mismo es destacable la arquitectura tradicional que conjuga la piedra y la mampostería, la madera y el ladrillo y escudos nobiliarios que cuelgan como mudos testigos de un importante pasado. Dentro de los monumentos más representativos, además del castillo, es imprescindible admirar la que fuera la Casa de Administración de las Reales Salinas del s. XVIII y la iglesia de San Cosme y San Damián que, dentro de su arquitectura gótica del s. XIII custodia un interesante retablo plateresco. No menos interesante es la plaza porticada, en la que se viene celebrando el mercado semanal desde el año 1351.

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