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Edición España. La entrevista de Carmen Porras

"Se está produciendo un proceso de desarraigo de la industria turística"

Iván Murray, profesor de Geografía en la Universidad de las Islas Baleares (UIB), afirma que la entrada masiva de los fondos de inversión ha impulsado "una transformación brutal del paisaje corporativo turístico" 25 abril, 2021 Premium
  • "La pandemia ha penetrado de manera más profunda en las sociedades más turistificadas, como la española, sobre todo en los archipiélagos"
  • "Desde la crisis de 2008, el capital turístico ha sufrido una sacudida espectacular, con una entrada muy agresiva de fondos de inversión"
  • "Eso de viajar low cost tiene los días contados porque el petróleo, queramos o no, se está agotando"

El turismo es un sector fundamental para la economía española, pero no tiene el mismo peso "en términos de redistribuidor del bienestar colectivo", asegura Iván Murray, profesor de Geografía en la Universidad de las Islas Baleares (UIB). Sostiene que "el turismo per se no es ni bueno ni malo", pero está convencido de que la entrada masiva de los fondos de inversión en el sector está impulsando una precarización en el ámbito socio-laboral y un incremento del deterioro ambiental. Murray ha publicado recientemente “#TourismPostCOVID19. Turistificación confinada”, un ensayo con un enfoque crítico sobre esta actividad, junto a Ernest Cañada, director del centro de investigación Alba Sud.

Un año después de la irrupción de la pandemia en España, publican el libro “Turistificación confinada”. ¿Qué ha supuesto para el sector esta grave situación?

La motivación que ha habido en este libro venía de trabajos previos en los que señalábamos que la deriva de la economía española, y también a nivel mundial, hacia una creciente intensificación de las dinámicas turísticas estaba profundizando un modelo social con mayores vulnerabilidades, y el estallido de la pandemia ha actuado a modo de lente de aumento, amplificando todas esas tensiones. El estallido de la pandemia ha penetrado de manera más profunda en las sociedades más turistificadas, como la española, sobre todo en los archipiélagos, donde la crisis es mucho más profunda que en el resto del Estado.

Cuando señala que la pandemia ha amplificado las tensiones, ¿a qué se refiere?

Tensiones de muchas características porque se estaba llevando a cabo un proceso de creciente mercantilización, a través de los procesos turísticos, de la vida social. Se ha hecho muy patente en los espacios urbanos, pero también en espacios naturales protegidos alrededor del mundo. En relación a las tensiones de tipo socio-laboral ha habido una escalada progresiva hacia escenarios de mayor precariedad, culminando en formas de producción y explotación como pueden ser las dark kitchen [un modelo de negocio que se basa en la elaboración de alimentos exclusivamente para la venta a domicilio] y el modelo de la economía Uber, que está capitaneada por grandes fondos de inversión, asociados a las corporaciones de plataforma.

¿Qué pasos debería dar el turismo para intentar superar estas tensiones?

Cuando hablamos de turismo, en abstracto, no sé si ayudamos mucho a su comprensión y análisis y, por tanto, a la búsqueda de pautas que sean transformadoras para la mejora de la sociedad, en términos de justicia socio-ecológica. El turismo ha sufrido profundas transformaciones a lo largo de su historia. Desde el estallido de la crisis de 2008, el capital turístico ha sufrido una sacudida espectacular, con una entrada bastante agresiva de fondos de inversión, que se han ido posicionando en la propiedad de buena parte del capital turístico, o la irrupción de las plataformas. Todo esto ha conllevado una transformación brutal del paisaje corporativo turístico. A través de estas lógicas, que son las mismas que han imperado en el resto del capitalismo, se han ido agudizando las dinámicas de precarización y exclusión social, con un aumento constante del deterioro ambiental.

Estamos viendo cómo han desembarcado y están intentando desembarcar, con mucha más virulencia, fondos de inversión. Se está llevando a cabo un proceso de desarraigo de la industria turística, ya que las compañías pasan a ser propiedad de esos fondos, que en el momento en el que las cosas no van bien huyen con unos riesgos bastante bajos

Ese es el riesgo al que nos enfrentamos. El turismo que se ha ido configurando en los últimos tiempos cada vez reporta menos a la sociedad, aunque todavía tenga un peso importante en el Producto Interior Bruto, pero no lo tiene en términos de redistribuidor del bienestar colectivo.

Iván Murray cree que "se puede pensar de otra forma la organización social de la producción turística".

Durante este año de pandemia, con frecuencia se ha hablado de cambiar el modelo turístico. ¿Qué propondría?

Como un sistema de producción o una actividad más, deberíamos pensar que en el turismo podríamos plantearnos una transformación que vaya más allá de los grandes grupos, como se plantea, por ejemplo, en el mundo de la agricultura, al margen del control de los grandes grupos, controlada socialmente y producida por la gente para autoabastecerse y tener unos alimentos de calidad que sirvan, además, para proteger el entorno también.

En estos momentos de pandemia, desde nuestro punto de vista, algo que se ha echado en falta ha sido una mayor orientación de las políticas públicas, bajo una serie de condicionalidades para orientar en cierta medida una transformación del turismo en España

En el libro tenéis una visión bastante crítica del turismo. ¿Podría destacar algo positivo de esta actividad?

El turismo per se no es ni bueno ni malo, simplemente que en España y en algunos espacios a nivel planetario supone un avance del camino que van a seguir las dinámicas más agresivas del capital en términos generales. Somos críticos en ese sentido. Se puede pensar de otra forma la organización social de la producción turística.

¿Cómo se puede lograr ese cambio?

Más controlada socialmente a través de una mayor implicación de los Estados y de organizaciones sociales diferentes a las empresas capitalistas. Tenemos múltiples ejemplos que funcionan muy bien a nivel mundial, dinámicas que estaban bastante consolidadas en los años 60 y 70, hasta los 80. Se trataría de revertir ese proceso, que ha ido generando una mayor desigualdad y mayores problemas de tipo socio-ecológico a nivel planetario.

¿Los años del llamado desarrollismo son un buen ejemplo?

Visto en perspectiva, es curioso que lo que llamamos desarrollismo básicamente lo que tenía era un régimen autoritario detrás, pero si miramos lo que han sido los procesos, con datos en la mano, en tiempos de democracia y paz, las dinámicas han sido más bestias, incluso en términos de edificación y transformación urbana del litoral en cuanto a uso intensivo de energía, contaminación… Estamos asentados plenamente en un desarrollismo brutal. Ahora le ponemos otros nombres, pero no ha cambiado mucho después de tantos años de hablar de que nuestras sociedades deberían ser más amigables con el planeta.

¿Cómo cree que será la anhelada recuperación del sector? ¿Con la pandemia deberíamos haber aprendido algo a tener en cuenta en la reactivación del turismo?

Aprendemos hasta donde queremos aprender y habrá colectivos que aprendan y otros que no y lo que sí podemos ver es que habrá muchas presiones para retomar la agenda allí donde se había dejado. Es decir, volver a la normalidad, que era lo que nosotros llamábamos anormalidad antes de la pandemia.

Además, teniendo en cuenta los análisis de diferentes académicos, esta pandemia es un aviso de los tiempos que vendrán en el siglo XXI. Un siglo que deberá analizarse y entenderse con lentes diferentes a las del siglo XX porque hay un cambio climático brutal en marcha, las pandemias asociadas a ese cambio climático y el agotamiento de muchos recursos naturales, entre ellos el petróleo, están a la vuelta de la esquina. Aunque se restablezcan los flujos turísticos, es muy probable que este siglo XXI esté protagonizado por muchas disrupciones como la que hemos vivido ahora.

Eso de viajar low cost tiene los días contados porque el petróleo, queramos o no, se está agotando. Son elementos de incertidumbre que hay que poner encima de la mesa. La mejor estrategia, lo más inteligente como sociedad, es ir preparándose para este escenario del siglo XXI que, queramos o no, nos va a tocar vivir

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